María, la voz encarnada de la Ruah
#PentecostésFeminista
... y que ella, acompañaría con amor y sabiduría de mujer, a una nueva iglesia de la misma forma que acompañó al pequeño Jesús en sus primeros pasos
Lo primero que se me viene a la mente al ver esta imagen es la escuela de Athenas. Donde en un solo cuadro aparecen las mentes más brillantes de la antigua Grecia y al centro, los padres de la filosofía: Platón y Aristóteles. En esa escena aparecen en pequeños grupos o en solitario otros filósofos precursores de muchas de las ciencias actuales y ninguno de ellos comparte miradas entre sí, que no sea fuera de su círculo o contexto, incluso el centro parece desapercibido. Pero volvamos a la pintura de Anthonie Blocklandt, apenas unos años más que Sanzio, pero se mantiene el estilo renacentista de la época. Atrás aparecen las tinieblas y de pronto, desde lo alto, el Espíritu Santo simbolizado como la paloma blanca, irrumpe con la luz, inunda todo hacia adelante, al frente de los discípulos, les ilumina el rostro y le da claridad. Todos voltean a verlo, la mayoría con una mirada que demuestra el sufrimiento previo, la sorpresa que es la luz después de una oscuridad profunda. Todos, excepto María, que, al centro, mantiene una postura piadosa, con las manos unidas y una figura más resplandeciente que los demás. El mensaje de Anthonie podría ser que María no voltea a ver al espíritu y observa al espectador porque ella proyecta al Espíritu. No hay impresión, no hay esa mueca de alivio, sino una invitación al acercamiento.
Quizá no existe la sorpresa en María, porque el Espíritu ya le habitaba y pareciera que la venida del Paráclito a ella le da una certeza, más que un asombro, es como si ella ya hubiera convivido con esa certeza en el fondo de su corazón. La vida para María no debió ser fácil, el entregar a su hijo primogénito al mundo y que éste haya actuado hasta el martirio con él, debe ser lo más desgarrador que una madre podría pasar. Pero el Espíritu le acompañó y le dio esa consolación y sabiduría de que el final no estaba escrito y que ella, acompañaría con amor y sabiduría de mujer, a una nueva iglesia de la misma forma que acompañó al pequeño Jesús en sus primeros pasos.
Imagen: Pentecostés. Anthonie Bloklandt van Montfoort - Heilige Geest. Public domain