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HASTA NO VERTE, HIJO MÍO

#pentecostésfeminista

Sostenida por su fuerza femenina y la que le dio la Ruah, junto a otras MUJERES,

Martha Eugenia
✅ 7. Philippe de Champaigne. La Pentecôte, huile sur toile, Paris, Église du Val de Grâce. Public Domain. jpg.

¡Te han matado al hijo, lo sabes y tu corazón está roto! Pero quieres traerlo a casa para tener por lo menos un lugar donde irlo a llorar.

Has aprendido como madre una actividad más, la de cavar. Sin importar las manos sangrantes y ampolladas, mientras tu corazón palpita acelerado porque otras junto a ti, han encontrado pequeños huesos que no saben de quién o de qué, pero todas con la mirada ansiosa esperando sea de alguien salido de sus entrañas, no hace muchos años.

Oyes los jadeos por el esfuerzo realizado, y de vez en vez sollozos o palabras altisonantes que se quiebran por ahogos. Has aprendido en esos años de búsqueda que, aunque nadie te abrace bajo la inclemencia de la naturaleza, todos los que están lo hacen como un corazón que late al unísono. Nadie es indiferente, pero necesitan de la fortaleza grupal para concluir, sino el trabajo, por lo menos el día con algún resultado. Hallazgo de restos humanos anhelados, o de animales o lo más frustrante, nada.

No importa cuál sea, tienes que seguir, quizá, tal vez después de tres años, te toque regresar a casa con lo que queda de él o lo que los perros, o coyotes dejaron. Busca, palea, palea, busca, aunque las manos abrazadas con dolor al mango de la pala, encallecidas, jamás se adapten y las astillas de la madera te puncen. Pero jamás con tanta intensidad como el dolor que ha acampado en tu corazón, desde la misma noche en que no volvió.

 Ahora no es tiempo de llorar, aunque no has dejado de hacerlo con lágrimas secas desde que imprimiste copias de la hoja que te dio el ministerio público con el sello de “se busca, desaparecido”.

 Sabes muy bien que confiaba en ti y que esperaría que lo buscaras incansablemente, hasta acunado si no en tus brazos, sí en tu corazón, dándole un sentido a su asesinato, para que pudieras parar de llorar y contagiaras a muchas y otros más de que su vida tuvo un sentido. Siendo tu boca y el recuerdo el memorial por el cual lo vivido no solo se conociese si no tuviera significado.

 Un poco más de dos milenios atrás a otra mujer, María, también le asesinaron a su hijo. Le fue arrebatado impunemente, y los dos sabiendo que era el hijo de la Altísima/del Altísimo, no opuso resistencia porque sabía que solo a través de su muerte, muchos, tanto en ese tiempo como hasta el fin del mundo entenderían que su donación en el mensaje predicado por tres años, tenía sentido salvífico, para todo aquel que lo aceptara.

 A ella al igual que tú, al saber de su arresto desde esa noche, no pudo volver a estar cerca de Él. Todos los besos y las ternuras que solo una mamá sabe dar, fueron truncados con dolor infinito cuando comprendió que por más que lo deseara, su Hijo estaba siendo ultrajado hasta llevarlo a tener una muerte de cruz. Sí, la misma muerte que solo se les daba a los malditos de su pueblo. Si, los mismos que habían recibido de sus manos y boca un mensaje de esperanza, lo dejaron solo, por miedo. Sí, la misma con que se mancillaría para siempre su cuerpo desnudo, expuesto a las burlas de todos los que lo rodeaban.

También, María sabiendo que era una injusticia, pero que pagaba el precio por tener la valentía de denunciar a las autoridades corruptas, por predicar la Buena Nueva, mensaje de inclusión, esperanza, amor y sentido en la vida, para todo aquel que lo quisiera acoger. Quizá María, aunque buscó su cuerpo, nunca lo encontró. Pero, aun con el corazón desgarrado, con lágrimas en el rostro como MUJER valiente, inteligente y perseverante como tú, supo que el mensaje de su Hijo, necesitaba seguirse difundiendo y recordando una vez más. Así que recordando la manera en que fue concebido, sostenida por su fuerza femenina y la que le dio la Ruah, junto a otras MUJERES, al igual que tú, fueron portadoras de la Buena Nueva, aprendida y trasmitida por su Hijo.

 Y para ello no cejo al igual que tú en seguirse reuniendo con las mujeres valientes seguidoras de su Hijo, y con los hombres que en vida de su Hijo habían declarado que lo seguirían sin importar lo que viniera, pero que apenas supieron de su detención, temerosos se escondieron y hasta hubo uno, que lo negó. Pero casi forzados por la fuerza de las MUJERES que, a pesar de los hechos y el dolor, continuaron reuniéndose para rememorar el mensaje esperanzador que habían aprendido de Jesús, y en algún momento la Ruah divina promesa del Hijo, viniendo a ellas y a ellos se albergó en su corazón y fortaleciéndolos los instó, para continuar siendo apóstolas y apóstoles del Maestro, para que fueran con los que les rodeaban y promovieran la Buena Nueva aprendida y vivida con Jesús.

La muerte no ha vencido, el dolor no ha tumbado permanentemente, las lágrimas cuando emerjan llevan esperanza y certeza de justicia. ¡Aun con dolor de madre, pero con la fuerza de tu ser femenino, inundada, sostenida por la Ruah Divina, viviendo en continuo tu Pentecostés!

Martha Eugenia,

Mujer Mariposa.

Philippe de Champaigne. La Pentecôte, huile sur toile, Paris, Église du Val de Grâce. Public Domain

https://commons.wikimedia.org/wiki/Paintings_of_Pentecost?utm_source=chatgpt.com

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