Pastoral de la compasión y la esperanza
#LectioDivinaFeminista
¿Qué cuerpos “agobiados e indefensos” reconocemos hoy en nuestras comunidades? (mujeres, niñeces, adultas/os mayores, trabajadoras/es precarizadas/os y más).
La lectura de este domingo se pinta de verde, simbolizando la esperanza, enfocada en la vida y misión de Jesús y el crecimiento del Reino de Dios.
Preparación
Buscamos un lugar tranquilo donde podamos orar la Palabra de Dios sin interrupciones; tenemos nuestra Biblia a mano y quizá una vela aromática o un arreglo floral para crear un espacio acogedor e íntimo.
Te rogamos, Espíritu Santo, Ruah divina, que abras hoy nuestros ojos para reconocer tu presencia viva en medio de los tiempos. Dios de la vida, que te conmueves en tus entrañas ante el dolor, abre nuestros sentidos para ver, sentir y actuar con justicia; que lleguemos a ser pastoras y pastores de cada hermana y hermano en necesidad, con un corazón como el tuyo.
- Lectura. ¿Qué dice el texto? Mateo 9:36-10:15 PDT
Leemos lenta y atentamente la perícopa:
36 Cuando Jesús veía a todos los que lo seguían, sentía compasión por ellos, pues estaban agobiados e indefensos. Eran como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces Jesús les dijo a sus seguidores:
—La cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. 38 Por eso, pidan al Señor dueño de la cosecha que envíe trabajadores para recogerla.
Jesús elige y envía a sus apóstoles
10 Jesús llamó a sus doce seguidores y les dio el poder de expulsar los espíritus malignos y de sanar toda clase de enfermedades. 2 Estos son los nombres de los doce apóstoles:
Simón (también llamado Pedro),
su hermano Andrés,
Santiago hijo de Zebedeo,
su hermano Juan,
3 Felipe,
Bartolomé,
Tomás,
Mateo el cobrador de impuestos,
Santiago, hijo de Alfeo,
Tadeo,
4 Simón el zelote[a],
Judas Iscariote (que también le entregó).
5 Jesús envió a los doce y les dio estas instrucciones: «No vayan a la gente que no es judía y tampoco a ningún pueblo donde vivan los samaritanos. 6 En vez de eso, vayan a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 7 Vayan allá y díganles: “El reino de Dios está cerca”. 8 Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, sanen a los leprosos y expulsen demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, así que también den gratuitamente. 9 No lleven nada de dinero consigo: ni oro, ni plata, ni cobre. 10 No lleven provisiones para el camino, ni ropa para cambiarse, ni otro par de sandalias, ni un bastón, porque los que trabajan merecen recibir su sustento.
11 »Cuando entren a una ciudad o a un pueblo, busquen a alguien que sea digno de confianza y quédense en su casa hasta que ustedes se vayan. 12 Cuando entren a esa casa, digan: “La paz sea con ustedes”. 13 Si esa familia les da la bienvenida, entonces ellos son dignos de su bendición de paz y esa bendición se quedará con ellos. Pero si la gente de allí no les da la bienvenida, entonces llévense consigo la bendición de paz que les desearon, porque no la merecen. 14 Si en una casa o pueblo no les dan la bienvenida ni los escuchan, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies.[b] 15 Les digo la verdad: en el día del juicio le irá mejor a Sodoma y Gomorra que a la gente de ese pueblo.
- Meditación. ¿Qué nos dice el texto a nosotras/os?
Al meditar, dejamos que el mensaje del texto toque nuestro corazón y dialogue con nuestra realidad concreta.
Observamos algunas claves:
Verbos de Jesús: ver – compadecerse – llamar – enviar.
Imágenes: ovejas sin pastor / mies abundante.
Acciones de la misión: sanar, liberar, anunciar, dar gratis.
Desde nuestra perspectiva y hermenéutica feminista, podemos preguntarnos sobre algunas cuestiones específicas:
¿Qué cuerpos “agobiados e indefensos” reconocemos hoy en nuestras comunidades? (mujeres, niñeces, adultas/os mayores, trabajadoras/es precarizadas/os y más).
¿Quiénes aparecen nombrados como “enviados” y quiénes siguen quedando fuera en este tiempo? ¿Qué trabajos de cuidado y sanación —históricamente femeninos— no son reconocidos como misión?
Hagamos un alto aquí y recordemos a las mujeres y los varones de nuestra comunidad que ya están “sanando y liberando” aunque no tengan título.
Considerando a la lista de los Doce como dato histórico y hecho natural de su tiempo, pensemos en las actuales formas ¡restrictivas!, de envío en nuestras iglesias, ¿se trata de obediencia a las Escrituras, imposición cultural o mezquindad espiritual?
- Oración. ¿Qué le respondemos a Dios?
Dios nuestro,
tú que tienes compasión infinita y entrañable,
enséñanos a ver como tú ves.
Danos corazones de carne como prometiste
para poder hacer la obra de amor que preparaste de antemano para cada una y cada uno de nosotros.
Rogamos a Ti, que no haces acepción de personas,
que nombres y envíes también a quienes hemos sido silenciadas/os por la tradición o intereses egoístas.
Que mediante gestos pastorales de cuidado y ternura
llevemos nuevas esperanzas a quienes sufren el agobio y la indefensión que produce la injusticia.
Haz de nuestras manos un canal de sanación
y de nuestras palabras, anuncio de la vida digna y plena que Tú ofreces.
En el Nombre de Jesús oramos.
Amén.
- Contemplación: ¿Qué nos da a conocer esta lectura?
En silencio interior, descansamos en la presencia de Dios, disfrutando de la comunión con Él.
Le contemplamos mientras reflexionamos sobre la sabiduría que nos transmite el pasaje leído.
Sentimos que su mirada amorosa se posa en nosotras y nosotros como lo hacía sobre aquellas personas que le seguían.
Al percibir su compasión por nuestras necesidades también experimentamos la virtud que emana de su divinidad y que todo lo transforma: nos sana, fortalece, convierte y da un propósito nuevo a nuestra existencia.
- Compromiso: ¿Qué podemos hacer?
Podríamos concretar un paso pequeño, verificable y comunitario para la semana:
Sanar: acompañar a alguna persona que se encuentre atravesando un tiempo de enfermedad o sobrecargada de problemas; tal vez, organizar una red de cuidados entre voluntarias/os.
Liberar: identificar y confrontar una práctica injusta en nuestros ámbitos laborales, eclesiales o barriales.
Anunciar: generar un espacio de escucha/lectura bíblica de pasajes en los que se manifieste el obrar liberador de Dios a favor personas vulnerables. Reconfigurar la misión: reconocer explícitamente como “ministerio” tareas de cuidado invisibilizadas.
Pongamos por escrito nuestro compromiso y compartámoslo con nuestra comunidad.
Silvia Rodríguez de Chiappero
ORCID 0009-0008-3955-5384