Querida Lucha
#sentipensares
Esta acuarela se vuelve así oración de la mañana: no solo imagen, sino palabra contemplada
Querida Lucha:
En la misa en memoria de Santo Tomás de Aquino te tuve presente como teóloga feminista, y esta mañana, al volver en oración a lo vivido, caí en la cuenta de que el Señor me llevaba a pintar esta acuarela.
La obra se inspira en el pasaje de Lucas:
“Había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.” (Lc 13,11-13)
“La de rojo eres tú, y las mujeres que vienen detrás en procesión son todas aquellas que, motivadas por tu lucha, también son llamadas a perder esa joroba.”
Su mensaje tocó profundamente mi corazón, compartiéndome lo que para él nace de la contemplación orante del Evangelio y de la experiencia espiritual que lo habita como sacerdote y artista.
Como nos enseña Simone Weil, la atención plena es oración. En esa misma clave, el sacerdote Paulo Medina acoge la Palabra viva del Evangelio y se deja compenetrar por ella hasta volverse disponibilidad interior. En esa apertura mística, su vida se vuelve instrumento del Dios trinitario que lo habita, y es desde esa hondura donde sus manos trazan el lienzo.
La imagen muestra a mujeres avanzando en procesión, encorvadas. Esa postura no es solo corporal: es símbolo del peso del sometimiento cultural del patriarcado y de las cargas invisibles acumuladas en la historia. Pero la composición no se detiene en la herida: hay un movimiento, una línea de ascenso, una dirección hacia la luz.
En este horizonte de lectura, el gesto de Paulo no se limita a la representación estética, sino que se abre también a una palabra de reconocimiento y sentido. En la parte posterior de la obra me comparte: “Lucha recibe este pequeño homenaje a tu trabajo en favor de la gente sin voz, a la que has defendido en muchas ocasiones. Gracias por enseñarnos el valor de un cristianismo práctico y valiente. Con mi cariño y admiración. Paulo.”
Esta inscripción no solo acompaña la obra: la interpreta desde dentro, como memoria viva de una praxis de fe encarnada en la historia.
Jesús aparece como centro de esa dinámica espiritual: no solo como figura, sino como presencia que llama, toca e irrumpe con la palabra que libera. La escena entera se vuelve tránsito: de la opresión a la dignidad, de la curvatura impuesta al enderezamiento de la vida.
Los tonos terrosos de la obra evocan la condición humana; los colores de las vestiduras, aunque sobrios, sugieren diversidad de experiencias y memorias ancestrales.
En su lectura espiritual, Paulo reconoce que la sanación no es solo física, sino profundamente existencial: la mujer se endereza y glorifica a Dios porque recupera su dignidad. Este gesto se expande hacia todas las mujeres representadas en la procesión: no como masa anónima, sino como historia compartida de liberación.
Paulo, en sus pinturas, nos muestra un alma mística y generosa: alguien que no pinta solo escenas, sino que interpreta el Evangelio como vida encarnada. En su obra, la Ruah se hace presente en cada lienzo, nos interpela y nos conduce a develar el misterio que habita en las parábolas.
Recibo su pintura con profunda humildad , alegría y gratitud. La interpreto desde un horizonte comunitario y feminista de la historia: una historia de mujeres en camino que nos sostenemos en sororidad, que nos cuidamos, que coadyuvamos en la creación de lo humano y nos liberamos juntas, tejiendo dignidad unas con otras.
Esta acuarela se vuelve así oración de la mañana: no solo imagen, sino palabra contemplada; no solo arte, sino Evangelio que sigue aconteciendo.
Y en esa certeza se abre la promesa que atraviesa todo el relato: el Evangelio sigue pasando. Y cuando pasa, toca la espalda encorvada de la historia y susurra, con fuerza antigua y nueva:
Levántate. Enderézate. Vive.
Paulo Medina