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Mensaje del Papa para la Cuaresma 2026

Soy Rahab

Sentipensares 2026

¿Jehová, me escuchas? Soy Rahab. Tal vez no quieras saber de mí, pues soy prostituta. Pero he sabido que eres poderoso y les has dado victorias importantes a los que te siguen. Parece que todo aquel que se interpone en el camino de tu pueblo, es derrotado.

 Te digo, aquí en Caná, muchos me desprecian y hay algunos que aun haciéndolo vienen a mí. Sé que lo hacen porque después de dejar su semilla ya sea en mí o los hay que lo hacen hasta fuera de mí, cuando me pagan lo hacen aventando el pago o escupiendo al hacerlo.

           Alguna vez fui amada, y era cuando jugar con mi hermanita la preferida y las otras y aun con mis hermanos varones, todos éramos pequeños. En ese entonces, mi mamá me daba besos y algunas veces hasta mi papá me llegó a llamar "Dulce como la miel". Crecí teniendo continuamente hambre, a veces solo alcanzaba para que comieran mi papá y mis hermanos varones un puñado de trigo cocido con un poco de sal, mientras nosotras las mujeres nos echábamos a la boca tan solo un puñito de sal. Eso nos ocasionaba retortijones y mucha sed, que al saciarla parecía como si el hambre se hubiera espantado, pero apenas pasaba un rato, el hambre volvía pero ya acompañada, con dolor o con muchas idas al baño. Por eso llegó un momento en que mi mamá ya no nos obligaba a mi hermana y a mí a comerla. ¿Sabes, mi hermanita murió, dicen que fue mal de ojo, porque Moloch, al dios que le gustan los sacrificios de niños la quería para sí, pero yo sé que fue de hambre.

 Ese día cuando la vi tendida sobre la estera, supe que ya no se levantaría y me enojé mucho con Mot, dios de la muerte y del desierto. ¿Para qué quería reclamar a una niña flaca y hambrienta, por qué quiso que la enterraran en sus arenas candentes? Ahí estaría sola y llorosa, y ni mi mamá ni yo podríamos acompañarla y consolarla. Por eso cuando murió, me prometí que no moriría ni alguno de los míos por hambruna. Por lo que ayudaba a cualquier vecina en los quehaceres de la casa, aunque me pagaban con tan solo unos mendrugos de pan, pero me acostumbré a comer poco y a compartir con los míos. Aunque claro para no morirme, comía algo diario. Sabía que cuando vinieran las sangres mi papá me daría en matrimonio, sería una boca menos por la cual ocuparse, pero aún antes que eso pasara, supe que tenía que conseguir dinero y aunque era prohibido preguntar aún entre nosotras mujeres, hubo una vieja que me dijo que si un hombre que no fuera mi esposo me tocaba y me quitaba el velo sería una impura, pero tendría dinero.

 Como no quería morirme de hambre, pues tomé la determinación de ser una de ellas. El primero con el que estuve fue impresionante, babeaba y me manoseaba toda, tenía cubierto el rostro y no permití que me quitara el trapo que parecía que me iba a asfixiar, ni siquiera supe bien qué pasó aunque pensé que me iba a morir aplastada dolorosamente. Lo único es que estaba feliz cuando se dio cuenta de que era virgen. Pero al quitarse de encima de mí, oí como me llamaba "inmunda", dejando caer unas monedas sobre mí, mientras me escupía. Estaba tan aterrada que no me di cuenta de que estaba sangrando y muy adolorida de ahí. Hasta creía que me habían venido las sangres, esa maldición que muchas de mi pueblo le tienen miedo, pues saben que entonces ya pasan a ser de otro hombre. La mayoría no quiere hablar de qué pasa con ellas cuando son esposas, pero no creo que sea algo muy diferente, pues siguen estando flacas y muchas que están gordas es porque tienen tantas lombrices, que hasta a veces se les sales cuando van caminando; y tanto unas como otras siguen hambrientas. Aunque las hay que quedan preñadas y a esas les va peor, muchas aún jóvenes se mueren estando de parto junto a sus criaturas. Dejando a uno o a varios niños pequeños, esperando a no morirse de hambre, por lo que el padre contrae nuevas nupcias lo más rápido posible, esperando sea madre de sus huérfanos, pero está al igual que la muerta es tan joven que apenas se le notan los pechos, aunque es forzada a hacerse cargo de los chiquillos.

 Te digo Jehová, realmente es aterrador, hay muerte en casi todas las alternativas. No sé, qué será más doloroso, morirte de hambre o aplastada dolorosamente debajo de un hombre aunque sea tu esposo, o de parto. Soy joven y no quiero vivir oprimida como muchas, aunque eso signifique hacer cosas temerarias. ¿Por qué las mujeres tenemos que aceptar lo que los hombres dicen y no es escuchada nuestra voz?

           Me confío a ti, Jehová, Dios de los judíos, porque he tomado una decisión que puede ocasionarme la muerte y aunque conozco a algunos influyentes, no creo que me pudieran salvar la vida. Pero de Ti he oído grandes cosas y como no soy de tu pueblo, pues quizá me escuches y no provoque tu ira. Ya que a mis dioses cananeos por supuesto que no puedo confiarles mis pensamientos, hasta ahora solo me han castigado por la gran mentira que dije y lo que hice para ser una prostituta de culto (qedesha) de Astarté y Baal.

 Allá en mi aldea estuve con varios hombres, aunque todos viejos y en cada vez, temía que me fueran a matar, pues así son las costumbres aunque algunas veces solo me manoseaban. Sin embargo, cuando le daba a mi madre el dinero para que comiéramos, ella parecía que echaba lumbre por los ojos mientras sus manos ávidas tomaban las insignificantes monedas que le tendía; pero que significaban comida en la mesa. Nunca le dijo a mi padre y como este salía seguido por varios días a trabajar en otras aldeas cercanas, pues no se daba cuenta de que ya no pasábamos tanta hambre. Pero cuando fui creciendo y mis pechos como botones de crocus se iban mostrando, y eso significaba que las sangres vendrían pronto, mi madre me dijo: —si te vienen las sangres es muy probable que te maten. Así que ahora te digo: vete a Jericó y busca ser una qedesha.

Apenas iba a cumplir catorce años y mi papá cada vez me veía con más detenimiento, creo buscaba con quien casarme y tal vez también pensaba en lo que le darían de dote con lo que podría apaciguar el hambre a su familia por un tiempo, en especial a mis dos hermanos varones, que necesitaban estar fuertes para que pudieran caminar las largas distancias acompañándolo en sus esfuerzos por conseguir trabajo.

 Así que sin la bendición de mis padres, salí a hurtadillas de mi aldea, sabiendo que tal vez nunca volvería a verlos y que dejaba un oprobio para mi familia. En la caravana que me uní trabajé como esclava teniendo que defenderme de los hombres que querían aprovecharse de mí. Después de casi morir en el desierto y con ironía pensar que tal vez mi destino era sucumbir así, llegué a Jericó. Era imponente, tanta gente, tantas casas, tanta hambre que tenía y nadie que me diera algo. Aunque al pasar por unos puestos de comida, un hombre me miró y me dijo: Muchacha estúpida, y me arrojó un trozo de pan, era lo primero en varios días que comía, y me obligué a comerlo miga a miga. Entonces, vi pasar una silla con cortinas, cargada por cuatro hombres fuertes, y oí que alguien cerca de mí susurraba es una qedesha del templo y que allí por lo menos tenían que comer. Sin saber a qué se refería, lo único que me importó era que no pasaban hambre. Así que preguntando llegué hasta el templo, una construcción impresionante, que durante unos años fue mi refugio, en lo que construía una reputación.

 Estando ahí, a los pocos días, mientras me alimentaba de la basura del mercado, tuve la fortuna de ser vista por una de esas prostitutas cultuales, que teniéndome lástima me tomó a su servicio. Para ello me tuve que bañar toda con agua fría, era mi primera vez, y al ser una experiencia tan agradable, me prometí hacerlo continuamente, así que estuve dispuesta a todo con tal y volver a repetir ese deleite especial. Ya tenía unos meses sirviendo a esa mujer, cuando me vinieron las sangres, me asusté ante las carcajadas de mi ama. Sin embargo, me preguntó que si quería ser una qedesha, y le contesté que sí con tal y seguir a su lado ahí.

 Entonces muy sería me dijo, me iré pronto de aquí, he construido mi reputación y estaré a las afueras de la ciudad. Elige si partes conmigo en dos días o te quedas aquí.

 Así que en calidad de sirvienta me fui con ella por tres años más, nos establecimos en las orillas de la ciudad, la casa colindaba con la muralla y así seguía recibiendo solo a las visitas masculinas que ella permitía. Pero una noche me dijo: —Es tiempo que pagues mi generosidad, y lo harás como una qedesha, así que mañana servirás en el templo. Al escuchar aquello no pude más que caer a sus pies llorando y decirle que ya no era virgen. Su carcajada me asustó, y me dijo que lo intuía. Al otro día, antes de salir ordenó que me bañaran con agua tibia y perfumada, me vistieran con una túnica suave al tacto y peinaran, estaba irreconocible. Entonces antes de salir al templo, me entregaron una cajita que me advirtió cuidara con esmero y me indicaría después qué hacer con ella. En el templo, hubo intercambios de miradas y monedas, y me ordenó que me introdujera el contenido de la cajita que era una masa sanguinolenta antes de que me desnudara el hombre que llegaría; para que cuando entrara en mí, junto con mis sonidos fingidos de dolor pareciera que desfloraba a una virgen. Me indicó que tenía que ser muy convincente dando muestras de mi inocencia. Así empezó mi estancia en el templo...

 Pasó el tiempo, y mi belleza floreció... Mi protectora tuvo que hacerse a un lado porque aprendí de ella los trucos necesarios para subsistir. Pero nunca dejé de agradecerle y cuando ya estaba enferma y vieja, hasta la cuidé días enteros, perdiendo mi oportunidad de ganar, por estar a su lado. Cuando murió me dejó su herencia, su casa y su clientela. Y de eso vivo ahora, pero nunca me olvidé de los míos y cuando pude los mandé traer a todos de mi aldea, a mis padres ancianos y a mis hermanas y hermanos con sus familias, te he contado todo esto porque espero que me escuches, sé que sacaste a los judíos de la esclavitud de Egipto y secaste el mar para que escaparan y eso me asombra, qué tipo de Dios eres que tienes compasión. Por qué no permitiste que perecieran en el desierto, por qué sometiste a Sehón y a Og, los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán. ¿Cómo es que llegaron hasta acá, Jericó? Nuestro rey está temeroso, tanto así que no sabe qué hacer tanto como nosotros, el pueblo. Sabemos que estamos a tu merced. Dicen los del templo que nuestros dioses están en silencio y los asesores del rey no dan una respuesta que lo satisfaga.

 Jehová solo he oído hablar de ti, de las proezas que te preceden, por eso, salvaguardé a los espías de tu pueblo a costa de mi seguridad, pactando con ellos que me protegerían tanto como a los de la casa de mi padre cuando tomen la ciudad, pero sé que ellos lo podrán hacer si Tú se los ordenas. Me han dado una cuerda grana para colgar en mi puerta y al verla sepan que todos y todo lo que esté dentro de esta casa sea respetado con vida por tus siervos al ser tomada mi ciudad.  

           Así que, clamo a ti ¡Oh Jehová, Dios poderoso y misericordioso, toma en cuenta mis acciones, estoy a tu dádiva, por favor escucha mi súplica. Ve con misericordia mi hogar. ¡Soy Rahab, la prostituta, quien de rodillas implora tu favor!

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