RESCATADA
#sentipensaresblog
En el viento que me envolvía, te percibí.
Sin saber aún, que eras tú, Ruah divina.
Tambaleante.
Apenas si me sostenía. Caí.
Entonces el viento trajo hasta mí una voz: Te amo. Escuché sorprendida.
Aún rebelde de rodillas, pregunté: ¿Quién eres tú que dices que me amas?
Pues mi ser buscaba y mis ojos velados estaban.
Pero paciente permaneciste esperando a que te mirara.
Y ya casi sin fuerza,
sin poder levantar la mirada,
un viento reparador no dejó que mi cara mordiera el polvo reanimando mi ser,
por lo que apenas pude alzando la mirada,
encontrarme con la tuya.
¡Y te vi, por fin te sentí!
Estabas en el firmamento,
sosteniendo a la luna brillante,
dabas fulgor a cada estrella,
aun en la oscuridad resplandecías.
En el viento que me envolvía, te percibí.
Sin saber aún, que eras tú, Ruah divina.
Mientras mi interior se vitalizaba,
sentí como si me arrullaras maternalmente en tu regazo
en tanto me susurrabas: “Con amor eterno te he amado.”
Esperaba por ti. Descansa. No te aflijas. Te amo.
Y mis lágrimas recorriendo mi rostro,
iban limpiando la arena del desierto de mi vida.
Soy Imma, Abba.
Siente mi amparo,
te sostengo,
estás en mi regazo.
Tu voz protectora me indicaba,
escucha mi Palabra, síguela.
Te doy mi Ruah, ella te abriga,
te fortalece,
te da lo que necesitas para vivir.
Somos uno y tríada divina.
Somos el alfa y omega de la vida.
Somos tus creadores.
Tienes nuestro aliento divino,
nuestro amor en ti anida
eres preciada a nuestros ojos.
Permanecemos en ti.
Sólo tienes que conocernos,
confiar y dejarte guiar.
Somos el alfa y el omega de la vida.
Somos como el alfarero
que amasándote en misericordia estamos
en constante remodelación cuando lo requieres.
Mi Palabra es la guía del Buen Pastor
que da la vida por sus ovejas,
mientras ellas escuchen su voz.
Y mi Ruah divina,
suave y potente,
acariciándote te envuelve.
Mientras fortalece tu ser
y te anima a continuar,
en nuestro caminar juntos.
Nosotros amándote,
tú hazlo también,
primero, para contigo misma Mujer,
y luego para y hacia los demás.
Sé samaritana como la del pozo,
sé la mujer de en medio como la adúltera,
sé discípula como María,
sé apóstola como la de Magdala,
sé atrevida como la hemorroísa,
sé perseverante como la cananea,
sé compasiva como la que ungió con sus lágrimas,
sé sensible como la de Naín,
sé emprendedora como Marta,
sé valiente como mi madre,
Sé tú, Martha Eugenia nuestra amada.
Martha Eugenia,
Mujer Mariposa.