Sostener la vida desde los derechos humanos: una lectura feminista de Mateo 13, 24–43

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Leer estas parábolas desde el feminismo implica afirmar que sostener la vida —como propone el Evangelio— exige condiciones de justicia: acceso a la palabra, a la participación, a la dignidad y a la igualdad

Lectio Divina Feminista ciclo A 2026  (4)
Lectio Divina Feminista ciclo A 2026 (4)
María Andrea González Benassini
15 jul 2026 - 08:00

Te invito a buscar un sitio cómodo y tranquilo donde puedas saborear esta Lectio Divina Feminista. Si la tienes impresa lleva algunos colores para subrayar. Si la tienes digital, podrás trabajar con el editor para marcar con color y escribir en el texto.

I. LECTIO

24 Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.

25 Mientras todos dormían, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo y se fue.

26 Cuando brotó y maduró el trigo nuevo, apareció también la cizaña.

27 Los obreros del dueño fueron a verlo y le dijeron: «Señor, ¿acaso no sembraste buena semilla en tu campo? Si es así, ¿de dónde viene la cizaña?»

28 Él les dijo: «Algún enemigo ha hecho esto». Y los obreros dijeron: «¿Quieres que vayamos y lo quitemos?».

29 Pero él dijo: «No, porque al arrancar la cizaña podrías arrancar también el trigo.

30 Dejen que crezcan ambas hasta la cosecha; y en el tiempo de la cosecha diré a los segadores: Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, luego recojan el trigo y guárdenlo en mi granero.

31 Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo.

32 Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece se convierte en el arbusto más grande y llega a ser un árbol, de modo que las aves del cielo pueden venir y refugiarse en sus ramas.

33 Les contó otra parábola: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y mezcló con tres medidas de harina, hasta que fermentó por completo».

34 En todo esto, Jesús habló a las multitudes en parábolas; de hecho, nunca les hablaba sino en parábolas.

35 Esto fue para que se cumpliera lo dicho por el profeta: Os hablaré en parábolas, os revelaré lo que ha estado oculto desde la fundación del mundo.

36 Luego, dejando a la multitud, entró en la casa; y sus discípulos se acercaron a él y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

37 Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre.

38 El campo es el mundo; la buena semilla son los súbditos del reino; la cizaña, los súbditos del Maligno;

39 El enemigo que la sembró, el diablo; la cosecha es el fin del mundo; los segadores son los ángeles.

40 Pues bien, así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, así será al final de los tiempos.

41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y ellos recogerán de su reino a todos los que causan caída y a todos los que hacen el mal,

42 y échalos al horno de fuego, donde habrá llanto y crujir de dientes.

43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!

II. Meditatio

Para iniciar este segundo paso, marca con color las palabras o frases que más resuenen dentro de ti y después trata de responder a las preguntas que a continuación te presento, teniendo presente que, una lectura feminista no cambia el texto, pero sí el punto de vista: pregunta quién habla, quién es puesta/o de modelo, quién queda fuera, qué relaciones de poder aparecen y qué tipo de vida se está defendiendo.

1. Desde la experiencia personal

¿En qué momentos de tu vida has sentido que eras “trigo” o “cizaña” según la mirada de otros?

¿Qué partes de ti has tenido que ocultar para ser aceptada/o en tu comunidad?

¿Dónde has experimentado que la vida crece en medio de lo que parecía confuso o contradictorio?

2. Sobre la mezcla y la diversidad

¿Por qué nos cuesta aceptar que la vida esté “mezclada”?

¿Qué pasa cuando intentamos “arrancar” lo que consideramos incorrecto?

3. Sobre poder, derecho y exclusión

¿A quiénes se ha intentado excluir en nombre de la pureza, la verdad o la fe?

4. Sobre lo cotidiano y lo invisible

¿Qué cosas pequeñas han transformado tu vida sin que lo notaras al inicio?

¿Qué espacios “invisibles” (cuidado, hogar, comunidad) sostienen la vida hoy?

5. Para una lectura más profunda

¿Qué imagen de Dios aparece en estas parábolas: control o cuidado?

¿Qué tipo de comunidad se sugiere: pura o diversa?

Ahora te invito a leer pausadamente la siguiente reflexión:

Las parábolas de Mateo 13,24–43 han sido leídas durante siglos como relatos sobre el bien y el mal, la paciencia divina y el juicio final. Sin embargo, cuando se abordan desde una perspectiva feminista, dejan de ser únicamente enseñanzas morales o escatológicas y se convierten en una profunda interpelación a las estructuras que organizan la vida, el poder y la exclusión. En lugar de centrarse en clasificar quién es trigo y quién es cizaña, esta lectura se detiene en aquello que sostiene la vida en medio de la complejidad: la mezcla, el cuidado, la inclusión, los derechos y la transformación silenciosa.

La parábola del trigo y la cizaña presenta un campo donde lo bueno y lo que amenaza su crecimiento conviven. La reacción inmediata de los trabajadores —arrancar la cizaña— refleja una lógica profundamente arraigada en muchas estructuras humanas: la necesidad de controlar, separar y purificar. Sin embargo, la respuesta del dueño introduce una ruptura inesperada: no se debe arrancar, porque en ese intento puede perderse también el trigo.

 Aquí emerge una clave fundamental para la lectura feminista. A lo largo de la historia, las instituciones —incluida la Iglesia— han operado bajo esa lógica de “arrancar lo que creen y juzgan como indebido”, y en ese proceso han excluido sistemáticamente a quienes no encajaban en el orden establecido: mujeres, cuerpos diversos, voces incómodas. La parábola, leída desde esta experiencia, no legitima la exclusión, sino que advierte sobre su peligro. Defender la vida implica aceptar su complejidad y renunciar a la obsesión por la supuesta pureza desde la mirada jerárquica y patriarcal.

En este sentido, la mezcla no es un problema a resolver, sino el lugar mismo donde la vida ocurre. La coexistencia del trigo y la cizaña cuestiona las estructuras jerárquicas que clasifican y ordenan el mundo desde categorías rígidas. Con la ayuda de las hermenéuticas crítico-feministas de la liberación propuestas por la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza (1), podemos reconocer en la mezcla una resistencia a las lógicas patriarcales que buscan definir quién pertenece y quién no, quién tiene voz y quién debe permanecer en silencio. La vida, en su forma más real, no es homogénea ni perfectamente ordenada; es diversa, contradictoria y, precisamente por eso, fecunda.

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A esta imagen del campo se suma la parábola del grano de mostaza, que introduce otra dimensión: lo pequeño que crece hasta convertirse en refugio. Desde una lectura teológica feminista, esta imagen adquiere una fuerza particular. Aquello que ha sido considerado insignificante —las experiencias, saberes y prácticas de las mujeres— contiene una potencia transformadora que no siempre ha sido reconocida. El Reino de Dios no se impone desde el poder visible, sino que germina en los márgenes, en lo cotidiano, en lo que se ha clasificado como femenino, privado, insignificante, natural.

Esta intuición se vuelve explícita en la parábola de la levadura, donde una mujer es protagonista. Su acción, sencilla y doméstica, transforma toda la masa desde dentro. Aquí no hay espectáculo ni imposición, sino un proceso silencioso que cambia la realidad en su totalidad. La lectura feminista reconoce en esta imagen una reivindicación de los espacios históricamente asociados a lo femenino, muchas veces desvalorizados por no pertenecer al ámbito público o institucional. Sin embargo, es precisamente en esos espacios donde la vida se sostiene, se cuida y se transforma. La levadura no elimina la masa ni la divide; se mezcla con ella y la hace crecer. Esta lógica de transformación desde dentro contrasta con las dinámicas de poder que buscan imponerse desde arriba y desde fuera.

Las parábolas del tesoro escondido y la perla preciosa profundizan en esta misma línea. Lo valioso no siempre está a la vista; a menudo permanece oculto, esperando ser descubierto. Desde una mirada feminista, esta imagen invita a reconocer todo aquello que ha sido invisibilizado: las voces de las mujeres, sus experiencias de fe, sus estudios, escritos, reflexiones y sus formas de comprender y habitar el mundo. El Reino no está únicamente en lo evidente o en lo oficialmente reconocido, sino también en aquello que ha sido silenciado o marginado.

En este punto, la reflexión no puede desvincularse de la realidad histórica y actual de los derechos humanos de las mujeres. Durante siglos, las mujeres han sido privadas de reconocimiento pleno como sujetas de derechos, tanto en la sociedad como en las instituciones religiosas. La exclusión, la desigualdad y la violencia no son fenómenos abstractos, sino experiencias concretas que atraviesan la vida de millones de mujeres en el mundo. Leer estas parábolas desde el feminismo implica afirmar que sostener la vida —como propone el Evangelio— exige condiciones de justicia: acceso a la palabra, a la participación, a la dignidad y a la igualdad. No se puede hablar de Reino de Dios sin confrontar las estructuras que niegan estos derechos. Así, la defensa de la vida en su diversidad se convierte también en una defensa activa de los derechos humanos de las mujeres como parte esencial de esa vida que Dios cuida y hace crecer.

En conjunto, estas parábolas dibujan una visión del Reino de Dios que desafía las lógicas de exclusión y control. No se trata de construir una comunidad perfecta mediante la eliminación de lo diferente, sino de aprender a sostener la vida en su diversidad. La paciencia del dueño del campo no es pasividad, sino una forma activa de cuidado que reconoce la fragilidad de la vida y se niega a sacrificarla en nombre de la pureza. La levadura que transforma la masa, la semilla que crece desde lo pequeño, el tesoro escondido que espera ser descubierto: todas estas imágenes apuntan a una comprensión del Reino como proceso, como relación, como derecho humano y como vida que se abre paso incluso en medio de lo que la jerarquía eclesiástica considera que no encaja.

Desde esta perspectiva, la pregunta ya no es quién es trigo y quién es cizaña, sino cómo sostenemos la vida sin destruirla en el intento de ordenarla. La lectura feminista no busca simplemente incluir a las mujeres en una interpretación ya dada, sino transformar la mirada misma, desplazando el centro hacia aquello que cuida, nutre y hace posible la vida. En este desplazamiento, las parábolas dejan de ser relatos sobre el juicio para convertirse en invitaciones a habitar el mundo de otra manera: con paciencia, con apertura a la diferencia y con una confianza radical en que la vida, incluso en la mezcla, sigue creciendo. Y es precisamente ahí, en ese espacio donde nada está completamente definido ni asegurado, donde la vida encuentra voz.

"¡El que tenga oídos, que oiga!"

Sostener la vida desde los derechos humanos: una lectura feminista de Mateo 13,24–43
Sostener la vida desde los derechos humanos: una lectura feminista de Mateo 13,24–43

III. Oratio

Para pasar a este otro momento, te invito a orar con la imagen de María Magdalena, quien celebra su santo el 22 de julio y a quien, según la jerarquía eclesiástica, ha sido considerada por siglos cizaña por su supuesto “pecado”, “impureza”, “prostitución”, “vileza”, “indignidad”, olvidando que ella fue la primera que proclamó en la resurrección “¡He visto al Señor!” (Jn 20, 28).

¿Qué cambia en tu comprensión del Evangelio al leer y observar a La Magdalena desde esta perspectiva?

Mientras rumias las respuestas, dejo aquí esta canción para ti: La Que Se Quedó | Canción sobre María Magdalena | Indie Worship https://www.youtube.com/watch?v=ieEtWD97m6A

IV. Meditatio

Cierra los ojos y déjate llevar por tu respiración… Contempla lo leído..., respondido en las preguntas..., tu propia vida… Aquí algo de música por si te ayuda a meditar:

María Magdalena (Acordes) - Ain Karem https://www.youtube.com/watch?v=PNN9CVfdMEU

V. Actio

     Que la imagen de la mujer que hace fermentar la masa para alimentar a los cercanos sea la misma que me mueva a actuar en lo simple y cotidiano.

Amén

  • Que tu acción, sencilla y doméstica, transforme toda la masa desde dentro.

Amén

  • Que demos valor a los espacios, saberes, quehaceres, experiencias, prácticas históricamente asociadas a lo femenino y conquistemos los espacios públicos a modo de Jesús.

Amén

  • Que reconozcamos la diferencia como riqueza, la diversidad como oportunidad, la complejidad como crecimiento sapiencial y lo insignificante como potencia y camino espiritual

Amén

  • Que María Magdalena ilumine nuestras acciones para ser pan para las/los demás.

Amén

  • ¡Manos a la masa!

Amén

(1) Schüssler Fiorenza, Elisabeth. Los caminos de la Sabiduría. Una introducción a la interpretación feminista de la Biblia. Sal Terrae (2001).

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