Huevos de avestruz
¡¿Cómo se fue instalando en algunos conventos un sistema de funcionamiento perverso?
Si a alguien le ocurre, cosa improbable pero no imposible, que encuentra en su entorno inmediato un huevo de avestruz, mi recomendación es que se deshaga de él cuanto antes, bien espachurrándolo, bien confiándoselo a alguna asociación protectora de avestruces. De lo contrario y, como lo vaya dejando crecer engañado por su apariencia inofensiva, quedará expuesto a que le complique la vida un animal bastante enorme al que tendrá que dar alojamiento en su casa, su sacristía, su jardín o el claustro de su monasterio.
El aviso viene a cuenta de lo ocurrido con las ex-clarisas de Belorado y con las Bénédictines du Sacré Coeur de Montmartre. De las primeras ya estamos de sobra informados por la prensa; sobre las segundas, se puede leer el reportaje de Vida Nueva Digital 15/1/2026. Estremece leer que a lo largo de 40 años, las 80 monjas de la comunidad han vivido bajo una dominación psicológica, espiritual y financiera por parte de la abadesa del monasterio, apoyada por un pequeño grupo de su entorno. Vivían silenciadas y sometidas a toda clase de decisiones arbitrarias, imposición de trabajos agotadores, clima de miedo y sospecha, fatiga extrema y violencias físicas. En este momento, afortunadamente, ha habido una intervención de la jerarquía y están en trance de sanación.
Ahora viene lo del huevo que se dejó crecer: ¿cómo en las dos comunidades se fue instalando progresivamente un sistema de funcionamiento perverso? ¿cómo no atajaran a tiempo los primeros síntomas de que la libertad y la anchura del Evangelio iban siendo sustituidas pordecisiones arbitrarias,estrechez, rigidez y abusos? ¿Cómo no reaccionaron ante situaciones tan tóxicas?
Estos podrían ser algunas posturas preventivas:
- Detectar lo antes posible los indicios de cierta deriva hacia el culto a la personalidad de quien ejerce la autoridad
- Estar alerta para desenmascarar cualquier chantaje afectivo o manipulación emocional
- No consentir la imposición de leyes de silencio y ocultamiento de lo que ocurre
- Mantener abierto el canal de comunicación eclesial con quien tiene la responsabilidad de velar por la marcha de la comunidad
Si algo de eso se hubiera activado a tiempo, no hubieran hecho falta tantos “bomberos” – guardia civil, jueces, obispos, canonistas, psicólogos…- para librarles del avestruz.
(Vida Religiosa Abril 2026)