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El Papa, con las víctimas

Pequeñas grandes luces

Esta mañana cuando salía de casa coincidía con un barrendero que siempre se ocupa de mi barrio. No sé su nombre

, pero todos los días le doy los buenos días. A veces pienso: ¿a qué hora se habrá levantado este señor con lluvia y frio para que yo tenga la calle perfecta? También veo al señor que deja los periódicos o sirve el pan. La gente pasa por su lado con la música o cabeza baja enfundados en sus gorros y bufandas por las temperaturas tan bajas que estamos teniendo este invierno, aun así, nadie se para dar un “buenos días” o “gracias”.

Cada día nos encontramos con gente anónima que trabaja para hacernos la vida más fácil desde el silencio y normalmente sin reconocimiento, dedicando la suya a hacer más fácil la de los demás. Son esas personas de las que habla el evangelio cuya vida está dedicada a los demás desde el silencio, pasando desapercibidos…

A ellos va mi agradecimiento compartido con vosotros. Esas historias escondidas que nadie conoce pero que hacen que el mundo sea algo diferente. ¡Gracias a todos ellos!

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