Finalizó la primera etapa del sínodo sin pena ni gloria. Y no parece que hubiera habido motivos para aguardar otra cosa diferente
El invierno eclesial no ha terminado (no basta un cambio de Papa) y caminar con "estos eclesiásticos" no permite aguardar nada distinto a más invierno
Por más que el Papa Francisco haya abierto puertas y ventanas, una inmensa cantidad de “eclesiásticos”, formateados al modo Juanpablista y Benedictino siguen siendo mayoría
En tiempos eclesiásticos de dedos alzados y de "dubia-que-no-son-dubia" el Papa nos muestra a Teresa yendo y mostrando lo esencial: la confianza y la misericordia
Mirando la realidad de su tiempo (el ateísmo) representa una mística de "ojos abiertos" sentada "en la mesa de los pecadores"
Teresa representa un doctorado de síntesis (no de escritorio). Y muestra cosas fundamentales para la Iglesia de hoy
La mala experiencia de Aparecida invita a sospechar de los curiales.
La prohibición de difundir lo que se diga en el Sínodo invita a creer que se seguirá haciendo lo mismo de siempre (modus operandi) y es modificar lo que sea para seguir en la misma.
Mi poca expectativa en el Sínodo se ha reducido más aún por aquello de que "el que se quema con leche..."
"Obvio que oí hablar de él, y sé que él oyó hablar de mí. Escuché decir sobre él cosas buenas y otras no tanto, y sé que él ha hecho referencias a mí en ocasiones, pero nunca las escuché de su boca, como dije"
Deseo que Buenos Aires tenga un buen obispo; fue mi diócesis de origen de la que me fui en 1987 algo espantado – finalizada la dictadura – no por los “intentos” sino por las “concreciones” episcopales en orden a “destruir la Iglesia católica”
Eligió hablar de Dios desde los pobres, desde el altiplano, desde la mina y el lago, y desde allí pensó la Iglesia, y por tanto bajó más todavía dejando soplar al Espíritu Santo, contándolo…
Hace casi 50 años, cuando todavía no había ido a Bolivia en memoria de Luis Espinal, Víctor Codina escribió preguntándose si se puede hacer teología en un barrio marginal, y la respuesta (que retomó esta semana, pocos días antes de morir) fue sencilla: para hablar de Dios hay que “ver” dónde está