¿Por quién doblan las campanas en Santos Suárez?
La Teología y Filosofía de la Liberación deben retoñar
El catolicismo sigue siendo un referente aglutinador (ethos) en nuestro continente. No podemos cerrar los ojos ante los populismos que preconizan el fin de la era "woke" y con ello tratan de arrastrar todos los progresismos existentes. La paz desarmada propuesta por el papa León XIV exige una praxis desarmante.
Sin Gustavo Gutiérrez O.P., Enrique Dussel, Franz Hinkelammert, Ignacio Ellacuría, Juan Luis Segundo, Jon Sobrino, Pedro Casaldáliga, Mons. Romero, entre otros que sirvieron de referentes, la Teología y Filosofía de la Liberación deben regresar en América Latina. Los tiempos iliberales que recorren la humanidad lo requieren. Superado el fin de la historia de Fukuyama, llega el momento de no dejar morir el legado del Papa Francisco que llevó a la cima global las ideas que germinaron en el sur durante la segunda mitad del siglo XX y que nos hicieron pasar de ser considerados espejos en el imaginario epistemológico global a ser considerados fuente por la calidad de la reflexión que produjimos.
Emilce Cuda, Consuelo Vélez, Rodrigo Guerra, Nicolás Panotto, Rafael Luciani, algunos de la vieja escuela como Leonardo Boff, por mencionar algunos nombres, son hoy referentes del pensamiento católico latinoamericano y logran dialogar con las problemáticas de un mundo globalizado. Necesitamos unificar esas ideas: feministas, ecologistas, de pueblos originarios, raciales, juveniles, en un corpus doctrinal que nos identifique como continente. Si la Conferencia Episcopal de Aparecida delineó una ruta guiada por el entonces cardenal Bergoglio y la Teología del Pueblo; hoy se abre el diapasón para rescatar nuestra tradición y que la producción intelectual de América Latina construya una Filosofía y Teología de la Liberación 3.0.
El catolicismo sigue siendo un referente aglutinador (ethos) en nuestro continente. No podemos cerrar los ojos ante los populismos que preconizan el fin de la era woke y con ello tratan de arrastrar todos los progresismos existentes. La paz desarmada propuesta por el papa León XIV exige una praxis desarmante. Un dato a tener en cuenta es el intentar no repetir aquellas soluciones definitivas de antaño que convirtieron en dictaduras los sueños de pueblos que apostaron por una revolución y han visto migrar su futuro. Sin un nuevo fundamento creíble de lucha, regido por la coherencia, nuestros barrios quedarán a merced de la nueva doctrina Donroe -término con que Donald Trump rebautizó la doctrina Monroe- y su brújula Friedmaniana.
La fe sigue señalando poner la mirada sobre los pobres - ¿quiénes son hoy? - y marginados para, desde ahí, construir nuestra opción preferencial como lo hicieron los profetas del Antiguo Testamento. Los nuevos filósofos y teólogos de la liberación deben ser capaces de llamar la atención de los jóvenes y servir de base para preconizar esa alegría del Evangelio que significa “gastar” la vida por una causa justa.
Ya lo dijo el filósofo mexicano Rodrigo Guerra, secretario de la pontificia comisión para América Latina: “el bien auténtico se construye con medios buenos y escucha atenta al pueblo”. No podemos renunciar al camino sinodal que tenía como bandera el: todos, todos, todos de Francisco. La parusía actual en nuestro continente nos exige una profundidad similar a la que tuvo el pensamiento católico de los 60, 70 y 80 del siglo XX. No se trata de copiar la metodología de los que ya no están, se impone que seamos capaces de revisar lo que nos han legado para actualizarlo acorde a los signos de los tiempos. A ellos les gustaría.