El Caso del Padre Omar Sánchez en Lurin, Lima, Perú
El caso de la denuncia al Padre Omar Sánchez por abuso sexual a un adulto vulnerable sigue vigente en el Vaticano. A pesar de que la presunta víctima dio su testimonio, defendiendo al Padre Omar. Es el caso 57 de mi investigación de los abusos sexuales del clero en el Perú. Si hubiera ocurrido el hecho, hubiera seguido uno de los patrones de los abusadores: el cura bonachón, que brinda ayuda a cambio de servicios sexuales. Ya son 3 meses de silencio público absoluto del Padre.
El caso del Padre Omar Sánchez: sacerdote diocesano de la diócesis de Lurín, al sur de Lima. Según la denuncia, que publicó la periodista Paola Ugaz en Epicentro TV el 28 de abril de 2026, los hechos ocurrieron entre 2019 y 2020, cuando la víctima tenía unos 26 años:
"Cuando apareció el Sacerdote P. Omar Alonso Sánchez Portillo, este entró en su vida como una tromba. Todos lo vimos en sentido positivo ya que el Sacerdote P. Omar Alonso Sánchez Portillo nos hizo creer que su preocupación era sacar a “Rafael” del mundo de la droga, cuando en realidad lo que hizo fue engancharlo para poder conseguir sus propósitos, entre los cuales el de mantener relaciones sexuales, es decir, realizar un abuso sexual a una persona vulnerable que no sabe distinguir ya nada en la vida debido a su importante adicción" (Ugaz, 2026).
La denuncia se hizo directamente al dicasterio por la fe en el Vaticano en abril del 2023, pero recién se ha hecho pública mediante el reportaje de Ugaz.
El Padre Omar Sánchez es un sacerdote muy mediático en el Perú, ya que tenía dos canales de streaming. Es secretario general de Cáritas de Lurín y dirige varias obras de caridad en su parroquia de Tablada de Lurín, especialmente la Asociación de las Bienaventuranzas. Desde el 2008 hasta hoy, el centro que dirige atiende a cerca de 500 personas entre bebés, niños, jóvenes y adultos con discapacidad y otros con adicciones. Además, dirigió durante la pandemia un programa de asistencia social llamado “Ollas SOS”, dando de comer a muchas personas.
Según Paola Ugaz el Padre Omar declaró en los medios en el 2022, que sus acciones sociales costaban unos 70 000 dólares americanos al mes, dinero que él recaudaba de diferentes empresarios y otros.
Antes de hacerse diocesano fue religioso franciscano capuchino y, entre 1998 y el 2007, dirigió la Asociación Ciudad de los Niños de la Inmaculada (ACNI), un internado de la Iglesia Católica en San Juan de Miraflores. Allí acogió a hasta 500 niños y adolescentes de 2 a 17 años de edad en situación de pobreza, vulnerabilidad y orfandad. Salió de los franciscanos por presuntos problemas económicos.
Estos antecedentes son importantes pues demuestran que el Padre siempre movía mucho dinero en favor de personas menores de edad y muy vulnerables, y solvencia económica pudo suponer un punto a su favor a la hora de cometer los abusos.
La denuncia ante el Vaticano destacaba precisamente esto: el padre Omar habría usado la vulnerabilidad de la víctima (un adicto a las drogas, que tenía muchos problemas familiares) para hacerse su protector y benefactor. Lo hizo vivir en la parroquia, haciéndolo socio de su asociación y guardaespaldas. Sin embargo, era para tener relaciones sexuales con él. Lo acusa también de haber usado la asociación como pantalla para pedir ayudas del exterior, las cuales nunca ingresaron en la contabilidad de la organización.
Resulta curioso que hayan tenido que pasar tres años desde la denuncia ante el Vaticano para que la noticia sea conocida en el Perú. Ni el Vaticano ni la diócesis de Lurín tomaron medidas preventivas contra el sacerdote, lo cual hubiera sido necesario, ya que tiene contacto con muchos menores y personas vulnerables en su asociación.
El 16 de Mayo, nuevamente en Epicentro TV Paola Ugaz publica una comprometedora imagen del padre Omar Sánchez recostado en una cama con otra persona, ambos con el torso desnudo y abrazados. La cara de la otra persona fue borrada.
Este cao tuvo un vuelco inesperado: El mismo 16 de mayo, en el programa “Gatos por Liebre” de Sebastián Blanco y Giuliana Caccia aparece Nicolás A.S, que dice ser el supuesto denunciante del Padre Omar. Declara enfáticamente, que nunca conoció a Paola Ugaz. Que no fue victima del Padre Omar, a quien estima mucho. Que el no firmó la denuncia, sino que fue su mamá sin su conocimiento. Dice, haberse reconocido en la foto de Epicentro TV, se molestó y se contactó con el canal “Gatos por liebre”. Que no fue presionado ni inducido para dar su “testimonio”. Dice, que nunca fue violado por el Padre Omar, más bien “lo digo por un tema de amor al Padre”. Se molesta porque lo llaman “vulnerable, como si tuviera una discapacidad”. Habla contradicciones: “Me voy a casar el próximo año” y “ahora estoy aquí (en España) cenando con mi esposa”.
Admite, que habló con el Padre Omar “una vez” después de la publicación de la denuncia y el Padre Omar le preguntó “Omar, porque me has hecho esto”. Según Nicolás, la foto fue de su Instagram. “Fue en la pandemia, cuando yo y otros dormíamos en la sala del Padre. Yo me tiré a joderlo con el Padre Omar. Nos tomábamos una foto. Yo lo veía como un Papá, mas que como un cura. Fue una foto como de abrazados de amigos. Una foto que me puedo tomar con cualquier persona.”
El Periodista Sebastián Blanco precisa: “Tu nos estas diciendo la verdad y el reportaje de Paola Ugaz está llena de mentiras. El reportaje de Paola Ugaz es poco periodístico, porque no corroboró su versión con el principal implicado. El reportaje se afirma en una denuncia, que la victima nunca hizo y en una supuesta vulnerabilidad, que según la victima nunca existió. La victima a la que se daño su imagen y fama es el P. Omar y Nicolas. Ojalá los periodistas se retracten.”
Varios medios católicos se unieron a esta petición. Culparon a Paola Ugaz de haber montado una acusación falsa contra el Padre Omar. Sin embargo, el Padre Omar sigue guardando silencio público. No canta victoria todavía, porque sabe, que su causa sigue vigente en el Vaticano.
Sebastián Blanco fue miembro del Sodalicio de Vida Cristiana durante 20 años. Denunció a Jordi Bertomeu, el comisario papal del Sodalicio, de haber divulgado información confidencial. Su denuncia no procedió y casi le vale una excomunicación del vaticano, que finalmente no se impuso. Es un conocido defensor de la derecha en la política y en la iglesia.
A mi parecer, el “testimonio” de la “victima”, Nicolas Arosemena, que dice no ser victima del Padre Omar sino de Paola Ugaz, tiene sus lagunas:
- Dice, que tiene esposa en este momento y se va a casar el otro año. Tal vez exhibiendo parejas femeninas quiere ocultar sus actos homosexuales, como lo he visto en otros casos.
- Dice que la denuncia contra el Padre Omar no es de Él. Dice que la firma es de su mamá. Y que no sabe, porque su Mamá hizo esto. En esta familia parece de haber profundas grietas.
- Habla de que nunca fue violado por el Padre Omar. No sabe o quiere tergiversar el hecho, que el abuso no tiene que ser con violencia, puede ser una seducción. Y vaya, la foto es sugerente y además dice que “ama” al Padre y durmió en la sala de la casa parroquial.
- En ningún momento menciona su adicción a las drogas. Según el estaba en el Hogar de las Bienaventuranzas solo de voluntario, para ayudar a otros. Yo entendí, que ingresó allí como adicto, para hacer terapias.
- Dice, que una sola vez conversó con el Padre Omar después de haber salido a la luz la denuncia y que este le preguntó: “Porque me has hecho esto?”. Sin embargo, insiste, que nadie le hubiera ni siquiera inducido a dar este testimonio.
De estas lagunas se puede sospechar una versión, que si coincidiera con la de Paola Ugaz:
- La denuncia ante el Vaticano hubiera sido de sus familiares, ya que la víctima, que Paola Ugaz siempre nombra con un seudónimo, para no exponerla, hubiera tenido poca capacidad de razonar en su buen juicio, debido a su adicción a las drogas. Esta era su vulnerabilidad, la adicción. Y allí el Padre Omar le hubiera ayudado “como un padre” como dice la victima o como un amante, como hubieran descubierto con el tiempo los familiares. El Padre le acogió en su propia casa, le dio trabajo, y hasta le hubiera facilitado el acceso a las drogas.
- Las publicaciones de Paola Ugaz no han expuesto a Nicolas al público, ya que usó siempre un seudónimo y borró su cara de la foto. El mismo se expuso al publico con su testimonio, por lo cual no tiene derecho a reclamar a Paola Ugaz una difamación de su persona.
- La actuación de la familia, la mamá y un hermano por lo menos, se explica también por un tema económico. Habían invertido en la obra del Padre y cuando descubren, que el no libera a su hijo de las drogas sino lo hubiera convertido en su amante, se sienten engañados por el Padre y hacen la denuncia ante el Vaticano. A Nicolas le hubieran enviado a España para protegerlo.
- Detrás de este testimonio de Nicolás podría estar el silencioso Padre Omar. Debe de lavar su imagen, usando la complicidad con su supuesta víctima, que podría haber sido su amante. En muchos casos las victimas de violencia o abuso sexual retiran su denuncia, porque los victimarios los pueden convencer con palabras o pagos económicos. En este caso la denuncia ante el Vaticano procede, si la vulnerabilidad por la adicción puede ser comprobada por los familiares.
Este caso muestra la complejidad, que suelen tener estos casos del abuso sexual del clero. Muestran también la interrelación de los casos de abuso con la política local y eclesial. El Padre Omar Sánchez siempre se pronunció en temas políticos peruanos. Defendía a capa y espada a Keiko Fujimori luchando contra el “comunismo”, que según él estaba en todos lados. Su trabajo social fue positivo y enorme, aunque con un claro tinte de asistencialismo. Siempre lo mencionó para ensalzar a su persona y de hecho mantenía un control total sobre la institución. La institución eclesial le permitió recaudar cuantiosas sumas de dinero, estando en la posibilidad de dar certificados de donación a los empresarios, que podían ser deducidos del impuesto a la renta. Nadie controlaba el flujo de dinero, con la excusa, que las obras estaban a la vista.
La primera parte de este texto es de mi libro “¿Cueva de abusadores o Iglesia Segura?”, que publiqué hace pocas semanas. Allí el Padre Omar es el caso 57, pero el testimonio de Nicolás llegó recién, cuando el libro ya se estaba imprimiendo.