El cardenal Fernández reclama en el consistorio volver al kerygma: el corazón primero, las normas después
'Ecclesia semper reformanda' es la sacudida misionera que pide el prefecto de Doctrina de la Fe
Había expectación entre los propios cardenales por escuchar al prefecto de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel ‘Tucho’ Fernández, en su intervención en el primer consistorio convocado por León XIV. Tanto es así que uno de los purpurados presentes nos pasó la comunicación del purpurado argentino, con esta nota: “Creo que es bueno difundir este texto, para resituar la figura del prefecto en el contexto actual y, además, porque lo que dijo puede ser muy clarificador para explicar el paso del testigo de Francisco a León”.
Ya en la convocatoria del consistorio y como un claro signo de continuidad, el Papa había pedido a los cardenales que se prepararan leyendo ‘Evangelii gaudium’. Y, de hecho, algunos cardenales destacaron, en la reunión consistorial, que todavía hay que aplicar la exhortación apostólica de Francisco, por lo cual no sería conveniente crear nuevos programas, sino resignificar el texto bergogliano frente a la realidad actual. Y ésa es también la tesis que mantuvo el cardenal Fernández.
“Evangelii gaudium no es un texto caducado con el anterior Pontífice”, subrayó el cardenal Víctor Manuel Fernández ante el Papa León XIV y el Colegio Cardenalicio, marcando una línea de continuidad de fondo entre ambos pontificados. En su intervención, el prefecto de Doctrina de la Fe presentó la exhortación programática de Francisco como un desafío “que no puede quedar enterrado” y como la clave hermenéutica del actual impulso sinodal y misionero: “No se trata de una vieja opción pastoral que pueda ser sustituida por otra”, sino de un modo de concebir toda la vida de la Iglesia desde el anuncio.
El centro: el kerygma, no el catálogo
Fernández sitúa desde el inicio el eje de su glosa: “Se trata de poner en el centro la proclamación del kerygma y de relanzar esa proclamación con renovado ardor en la salida misionera”. No se trata de repetir “una proclamación obsesiva de todas las doctrinas y normas de la Iglesia, aunque necesarias y valiosas”, sino de anunciar “sobre todo el núcleo del Evangelio, el kerygma”.
Ese núcleo es “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (n. 36), en continuidad con la intuición de Benedicto XVI de que “no se empieza a ser cristiano con una doctrina o una propuesta moral: es la experiencia de un encuentro lo que constituye el fundamento de todo”.
Por eso, el cardenal curial insiste en la categoría estética: “Evangelii Gaudium dice ‘belleza’ porque no basta con anunciar sin mostrar su atractivo”. Hace falta una creatividad capaz de “reconocer los signos de los tiempos actuales y hacer que este anuncio llegue a todos, de modo que puedan admirar su belleza y sentirse atraídos personalmente”.
De ahí la frase programática que recupera: “Si logramos concentrarnos en lo que es más importante y más bello, la propuesta se simplifica […] y así se vuelve más vigorosa y radiante” (n. 35). La pregunta de fondo que propone a los cardenales es incisiva e interpeladora: en todo lo que hacemos y decimos, “¿estás transmitiendo que existe un Dios que ama infinitamente; que Cristo nos ha salvado y sigue salvándonos del pecado, del vacío, de la falta de sentido en la vida; que Cristo vive, camina con nosotros y puede darnos la fuerza para seguir adelante?”
Reordenar la doctrina: un corazón y un resto
De esa prioridad del anuncio pascual, Fernández extrae una consecuencia de gran calado doctrinal y pastoral: “Evangelii Gaudium nos recuerda que no todas las verdades de la doctrina de la Iglesia tienen la misma importancia”. Existe “ante todo un ‘corazón’ (34) o un ‘núcleo fundamental’ (36)”; las demás enseñanzas “son todas verdaderas, pero están relacionadas de diferentes maneras con ese ‘corazón’”.
De ahí los dos riesgos que señala cuando se absolutizan temas parciales: “O bien el anuncio que mueve y moviliza, que toca el alma y revoluciona la vida, no resuena. O bien solo se destacan algunos temas que repetimos, pero fuera del contexto más amplio de la enseñanza espiritual y social de la Iglesia”.
El prefecto no teme mencionar los campos típicamente conflictivos: “A veces acabamos hablando siempre de los mismos temas doctrinales, morales, bioéticos, políticos”, mientras el anuncio “Jesucristo te ama, ha dado su vida para salvarte y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, fortalecerte y liberarte” (n. 164) queda sepultado.
Se trata de una crítica implícita a ciertos sectores eclesiales obsesionados con banderas identitarias, pero formulada en clave de purificación interna: revisar “con frecuencia el contenido de nuestras predicaciones e intervenciones” para que el kerygma no desaparezca bajo un bosque de temas secundarios.
Reforma sinodal misionera: formas al servicio del anuncio
De este replanteamiento nacen las dos peticiones concretas que Fernández dirige al consistorio. La primera: “permanecer abiertos a la reforma de nuestras prácticas, estilos y organizaciones, conscientes de que a menudo nuestros esquemas pueden no ser los mejores”.
No se trata de una “obsesión de cambiar”, sino de que “el kerygma resuene en todas partes y llegue al corazón de todos en los diferentes contextos actuales, capaz de inculturarse de nuevo”.
Fernández resume su primera petición en un principio de enorme densidad: “Ecclesia semper reformanda”. Llama a una “reforma sinodal misionera”, que consiste en “poner en segundo plano lo que no sirve directamente para llegar a todos con este primer anuncio”, y en “poner en primer plano” todo lo que facilita ese objetivo.
La segunda petición es más concreta y táctil: revisar el contenido real de homilías, discursos y todo tipo de intervenciones públicas. “Porque a veces, con buena voluntad, nos entretenemos en muchos temas y ese anuncio queda sepultado”.
Aquí Fernández enlaza Evangelii gaudium con otras grandes intuiciones del magisterio reciente: recuerda que el documento “tiene un capítulo social y otro espiritual”, porque “la relación entre la experiencia de fe y la promoción humana es esencial para no desvirtuar el Evangelio”.
Esa “unión íntima entre la proclamación del kerygma y el compromiso social en la construcción del Reino de Dios” se prolonga –dice– en Gaudete et exsultate, en Dilexit nos y en la reciente Dilexi te de León XIV: anuncio y justicia, oración y transformación histórica, como dos caras de la misma moneda.
Un espíritu misionero que no puede vivir sin Jesús
La intervención del prefecto de Doctrina de la Fe concluye con una llamada al “espíritu” sin el cual toda reforma queda en reforma administrativa. “Si realmente queremos que se produzca un cambio intenso y profundo que movilice y traiga nueva vida, debe surgir un ‘espíritu’, una fuerte motivación interior”.
Ese “espíritu misionero lleno de fervor, entusiasmo y audacia es derramado por el Espíritu Santo”, pero requiere también un trabajo interior: “Comprometernos a motivarnos, a hacer crecer el deseo de la misión, a encontrar estímulos que nos ayuden a desear y amar la misión”.
Y el purpurado recuerda las tres motivaciones espirituales que Evangelii gaudium propone y que “siguen siendo actuales”:
-“Renovar la experiencia de no poder vivir sin el Señor Jesús, sin su amistad y su presencia viva. Él es mi roca, mi tesoro, mi vida, mi esperanza”.
-“Renovar la ‘pasión por el pueblo’, el placer de estar con la gente, la decisión de sufrir y caminar con ellos”.
-Y la “convicción de fe de que nuestra dedicación a la proclamación del Evangelio siempre da frutos, más allá de lo que vemos, más allá de lo que podemos verificar… «sin pretender saber cómo, dónde o cuándo»” (n. 279).
Solo así, concluye, “esta propuesta siempre actual de Evangelii Gaudium nos ayudará a relanzar, junto con el Papa León, una ferviente dedicación a la proclamación del mensaje más hermoso que se puede transmitir a nuestro mundo”.
Y es que, en las palabras del cardenal Fernández, la exhortación programática de Francisco se convierte en el motor espiritual y teológico de una Iglesia en reforma sinodal, menos obsesionada con el control doctrinal y más centrada en anunciar, con belleza y gozo el “mensaje más hermoso del mundo”: que Jesús está vivo, ama, salva y acompaña.
El texto completo del cardenal Fernández en italiano
Rileggere Evangelii gaudium
Il Santo Padre Leone ci ha proposto di riprendere Evangelii Gaudium. È quindi chiaro che non si tratta di un testo scaduto con il precedente Pontefice. Lo ha ribadito pure questa Assemblea con le votazioni di ieri. La ragione è questa: non è una vecchia opzione pastorale che può essere sostituita da un'altra.
Si tratta di mettere al centro la proclamazione del kerygma e di rilanciare quella proclamazione con rinnovato ardore nell’uscita missionaria. Il Santo Padre ci indica quindi che certamente possono esserci cambiamenti rispetto al pontificato precedente, ma che la sfida posta da Evangelii Gaudium non può essere seppellita.
Perché il grande tema di Evangelii gaudium è esplicito nel suo sottotitolo: "sull’anuncio", quell’annuncio che non possiamo eludere.
Quella proposta sembrerebbe troppo generica se non venisse specificato a quale annuncio si riferisca. Infatti, Evangelii Gaudium specifica che non si tratta di una proclamazione ossessiva di tutte le dottrine e norme della Chiesa, sebbene necessarie e preziose, ma soprattutto del nucleo del Vangelo, il kerygma.
Il suo contenuto è "la bellezza dell'amore salvifico di Dio manifestata in Gesù Cristo morto e risorto" (36).
Benedetto XVI aveva già sostenuto che non si inizia ad essere cristiani con una dottrina o una proposta morale: è l'esperienza di un incontro che constituisce il fondamento di tutto.
Evangelii Gaudium dice "bellezza" perché non basta annunciare senza mostrarne l'attrattivo. Serve creatività per riconoscere i segni del tempo attuale e far sì che questo annuncio raggiunga tutti in modo da ammirarne la sua bellezza e quindi sentirsi attratti personalmente.
E afferma che "se riusciamo a concentrarci su ciò che è più importante e più bello, la proposta è semplificata [...] e così diventa più vigorosa e radiosa" (35).
Altrove il documento richiama ancora questo annuncio centrale con parole diverse. Per esempio: "Gesù Cristo ti ama, ha dato la sua vita per salvarti, e ora è vivo al tuo fianco ogni giorno, per illuminarti, rafforzarti, liberarti" (164). È la proclamazione missionaria che Paolo portò ai pagani, ed è quella che ogni missionario porta con sé quando arriva in un luogo dove Cristo non è conosciuto, per sucitare l’incontro supremo. E questo vale particolarmente oggi che la trasmissione della fede è ferita o decisamente rotta.
Allora, la domanda che Evangelii Gaudium ci pone nel mezzo delle nostre prediche e dei nostri progetti è: attraverso tutto questo che fai e che dici, stai trasmettendo che esiste un Dio che ama all'infinito; che Cristo ci ha salvati e continua a salvarci dal peccato, dal vuoto, dalla mancanza di senso nella vita; che Cristo vive, cammina con noi e può darci la forza di andare avanti e vivere la meraviglia del Vangelo e la gioia che porta con sè?
E nella proclamazione morale: risuona prima di tutto la chiamata a vivere il primo comandamento dell'amore fraterno, che è pazienza, servizio, vicinanza, generosità?
Da queste domande sul cuore del Vangelo derivano due richieste concrete:
1) La necessità di rimanere aperti alla riforma delle nostre pratiche, stili, organizzazioni, consapevoli che spesso i nostri schemi potrebbero non essere i migliori. Non per l’ossessione di cambiare, ma affinché il kerygma risuoni ovunque e raggiunga il cuore di tutti nei diversi contesti odierni, capace di inculturarsi di nuovo. Ecclesia semper reformanda.
È la riforma sinodale missionaria che consiste in ultima analisi nel mettere in secondo piano ciò che non serve direttamente a raggiungere tutti con questo primo annuncio. Pertanto, tutto ciò che ci conduce più direttamente a questo obiettivo principale deve essere posto in primo piano.
2) La necessità di rivedere frequentemente il contenuto delle nostre prediche e interventi. Perché a volte, con buona volontà, ci intratteniamo in molte questioni e quell'annuncio viene sepolto.
Evangelii Gaudium ci ricorda che non tutte le verità della dottrina della Chiesa hanno la stessa importanza. Esiste innanzitutto un "cuore" (34) o un "nucleo fondamentale" (36). Gli altri insegnamenti della Chiesa sono tutti veri, ma collegati in modi diversi a quel "cuore". A volte finiamo sempre per parlare delle stesse questioni dottrinali, morali, bioetiche, politiche, ma con due rischi:
O la proclamazione che muove e mobilita, che tocca l'anima e rivoluziona la vita non risuona.
Oppure vengono evidenziati solo alcuni pochi temi ch ripetiamo, ma fuori dal contesto più ampio dell'insegnamento spirituale e sociale della Chiesa. Il Santo Padre Leone, in vari interventi e persino nei suoi dialoghi con i giornalisti, ha indicato questo rischio.
Ma non va dimenticato che Evangelii Gaudium ha un capitolo sociale e uno spirituale:
Un capitolo sociale perché il rapporto tra esperienza di fede e promozione umana è essenziale per non sfigurare il Vangelo.
Questa stessa intima unione tra proclamazione del kerygma e impegno sociale nella costruzione del Regno di Dio si trova in Gaudete et Exsultate, in Dilexit nos e nella recente esortazione di Papa Leone, Dilexi te.
E c'è finalmente un capitolo spirituale, perché se vogliamo davvero che avvenga un cambiamento intenso e profondo che mobiliti e porti nuova vita, deve emergere uno "spirito", una forte motivazione interiore.
Quello "spirito missionario" pieno di fervore, entusiasmo e audacia viene riversato dallo Spirito Santo.
Ma è anche necessario che ci impegniamo a motivarci, a far crescere il desiderio della missione, a trovare stimoli che ci aiutino a desiderare e amare la missione. Le tre motivazioni spirituali proposte da Evangelii Gaudium sono sempre attuali:
*Rinnovare l'esperienza di non poter vivere senza il Signore Gesù, senza la sua amicizia e la sua presenza viva. Lui è la mia roccia, il mio tesoro, la mia vita, la mia speranza.
*Allo stesso tempo rinnovare la "passione per il popolo", il piacere di stare con la gente, la decisione di soffrire e camminare con loro.
*Infine, la convinzione di fede che la nostra dedizione alla proclamazione del Vangelo dà sempre frutti, oltre ciò che vediamo, oltre ciò che possiamo verificare. Con l'azione dello Spirito, non si cercano successi mondani, anche se siamo certi che la propria vita porterà frutto, "senza pretendere di sapere come, dove o quando" (279).
Possa questa proposta sempre attuale di Evangelii Gaudium aiutarci a rilanciare, insieme a Papa Leone, una fervente dedizione alla proclamazione del messaggio più bello che possa essere trasmesso al nostro mondo.
V. M. Card. Fernandez