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León XIV, a la Renovación carismática: "El papa Francisco se refirió con frecuencia a vosotros como una 'inundación de gracia'"

"Cultivad la armonía y la cooperación entre las comunidades a las que pertenecéis, cuidando de no ceder nunca al deseo de autopromoción, ni a la búsqueda del poder o del prestigio personal"

Papa y Renovación carismática

León XIV recibió hoy, por vez primera en su pontificado y en el aula Pablo VI, a la Renovación carismática. En su aloución, tras recordarles que "el papa Francisco se refirió con frecuencia a vosotros como una «inundación de gracia», que es «para toda la Iglesia, no solo para algunos», les recomendó ser fieles a su carisma. "La adoración y la alabanza, tan características de vuestras reuniones, son aspectos esenciales de la oración cristiana, y vosotros habéis contribuido a redescubrirlas y a ponerlas de nuevo en primer plano en los últimos años", les dijo.

Renovación carismática

Discurso íntegro del Papa

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡La paz esté con vosotros!

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Me complace tener mi primer encuentro con la Renovación Carismática Católica y saludar a todos los aquí presentes, así como a las comunidades, grupos y escuelas de oración y evangelización que representáis. Dios ha bendecido verdaderamente a vuestras comunidades con tantos dones, entre ellos la vitalidad espiritual. Saludo también a los responsables de los Servicios de Comunión nacionales e internacionales del Servicio Internacional de la Renovación Carismática Católica (CHARIS), que han organizado este encuentro.

Para la Renovación Carismática Católica, los años posteriores al Concilio Vaticano II fueron un tiempo de gran expansión y crecimiento, y de integración en la vida de la Iglesia, así como de consolidación de vuestras estructuras de servicio.

Mis venerables predecesores reconocieron este desarrollo como un gran don para la Iglesia. De hecho, san Pablo VI afirmó que nada es más necesario para un mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual, que el Espíritu Santo está inspirando en las más diversas regiones y comunidades (cf. Discurso al Tercer Congreso Internacional de la Renovación Carismática Católica, Pentecostés, 19 de mayo de 1975).

Al destacar vuestro característico enfoque en la evangelización, San Juan Pablo II dijo: «Es el Espíritu mismo quien os impulsa a dar testimonio». Asimismo, señaló: «¿Cómo puede alguien que ha saboreado la bondad de Cristo permanecer en silencio e inactivo?… Cristo es nuestro Salvador… ¿Cómo no vamos a evangelizar? ¡Seguid transmitiendo este celo por el Evangelio a quienes os rodean!» (Discurso a la Fraternidad Católica de Comunidades Carismáticas, 7 de diciembre de 1991).

Por su parte, Benedicto XVI se refirió a la contribución específica que hacéis a la Iglesia. Dijo: «Uno de los elementos y aspectos positivos de la Comunidad de la Renovación Carismática Católica es precisamente su énfasis en los carismas o dones del Espíritu Santo, y su mérito radica en haber recordado su actualidad en la Iglesia» (Discurso a la 13 Conferencia Internacional de la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas, 31 de octubre de 2008).

Reonovación carismática

Al igual que el cardenal Suenens en los primeros tiempos del movimiento, el papa Francisco se refirió con frecuencia a vosotros como una «inundación de gracia», que es «para toda la Iglesia, no solo para algunos» (Vigilia de oración con motivo del Jubileo de Oro de la Renovación Carismática Católica, 3 de junio de 2017). En resumen, describió vuestro camino como «evangelización, ecumenismo espiritual, atención a los pobres y necesitados, y acogida a los marginados», y añadió: «¡Todo ello se basa en la adoración! ¡El fundamento de la renovación es la adoración a Dios!» (Discurso en la 37Convocatoria Nacional de la Renovación en el Espíritu Santo, 1 de junio de 2014).

Yo también deseo fomentar la relación de respeto mutuo, cercanía y apoyo entre la Sede de Pedro y la gran familia de la Renovación Carismática Católica. En este sentido, me gustaría reflexionar sobre los siguientes aspectos clave de vuestra experiencia espiritual: el bautismo en el Espíritu; la oración de alabanza; la palabra de Dios; la comunión; y la caridad.

El bautismo en el Espíritu. Vuestro camino de fe compartido tiene su origen en la experiencia personal del Espíritu Santo, que ha permitido que la gracia del bautismo se haga efectiva en cada uno de vosotros, llevándoos a una clara conciencia del amor de Dios. Esta es la primera y poderosa experiencia de gracia que el propio san Agustín tuvo tras su conversión y que describió con estas sinceras palabras: «Oh Cristo Jesús, “mi ayudador y redentor”; de repente me resultaba dulce estar sin los placeres de la locura. Lo que antes temía perder era ahora un deleite desechar. Tú los expulsaste y entraste para ocupar su lugar, más placentero que cualquier placer» (Confesiones, IX, 1, 1).

El Espíritu Santo os ha permitido igualmente saborear la dulzura de Cristo. Para vosotros también, la vida ha cambiado desde ese momento. Dios dejó de ser una mera idea y se convirtió en la expresión real y última de la paternidad. Su Espíritu ha traído la reconciliación interior, la paz y la libertad de los apegos mundanos y de la opresión del pecado. También ha hecho posible una nueva perspectiva caracterizada por la apertura y la esperanza hacia los demás y el futuro, en la certeza de que nada podrá separarnos jamás del amor de Cristo (cf. Rom 8, 38–39). De esta experiencia del Espíritu Santo nace el deseo interior de ser testigos y heraldos de su amor, llevando su consuelo a las personas oprimidas por un sentimiento de vacío y soledad.

Oración de alabanza. Fue precisamente a partir de esta cautivadora experiencia del Espíritu Santo que comenzó una nueva vida de oración, que tomó la forma de una nueva capacidad para el diálogo espontáneo y sincero con Dios, y una nueva apertura a la alabanza, la adoración y la acción de gracias a Él. La adoración y la alabanza, tan características de vuestras reuniones, son aspectos esenciales de la oración cristiana, y vosotros habéis contribuido a redescubrirlas y a ponerlas de nuevo en primer plano en los últimos años.

La palabra de Dios. El renovado derramamiento del Espíritu os ha llevado también a un encuentro vivo con la Sagrada Escritura. El Espíritu Santo inspiró la palabra revelada de Dios y es también quien la mantiene siempre viva y activa en la Iglesia, haciendo que resuene en los corazones de los creyentes, especialmente en la liturgia. La Escritura se ha convertido, por tanto, para vosotros en una maravillosa fuente de alimento espiritual que ilumina y consuela. Es asimismo una fuente de discernimiento para guiar vuestras elecciones cotidianas, y da sustancia a la oración comunitaria, permitiéndoos dirigiros al Señor con palabras inspiradas por el mismo Dios.

Comunión. El Espíritu Santo es la fuente de la comunión. En diversos documentos, el papa León XIII animó a los católicos a rezar una novena al Espíritu Santo cada año entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, especialmente por la intención de la unidad de los cristianos. Apreciáis claramente el significado de esta invitación, pues habéis visto que la unidad en la Iglesia es fruto del Espíritu, porque, como afirma san Agustín, el Espíritu Santo «es una cierta comunión inefable del Padre y del Hijo» (De Trinitate, V, 11, 12). Es el Espíritu quien crea armonía entre los diversos carismas y componentes de la Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras confesiones cristianas.

Papa y renovación

Por último, la caridad. San Agustín escribió que el Espíritu Santo, «que es amor mismo, ha sido dado al hombre y lo inflama al amor de Dios y del prójimo.

«Porque el hombre no puede amar a Dios a menos que Dios se lo conceda» (De Trinitate, XV, 17, 31). Esto es lo que vosotros también habéis experimentado. La presencia renovada del Espíritu ha despertado en vosotros una nueva capacidad de amar, inspirada por la misma caridad divina. Este amor se dirige hacia Dios y hacia vuestros hermanos y hermanas, e inspira cercanía y compasión, especialmente hacia quienes sufren. De la Renovación Carismática Católica han surgido muchas obras de caridad para los necesitados, tanto en el espíritu como en el cuerpo. Os invito, pues, a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios.

Queridos amigos, os agradezco vuestro compromiso y os animo a continuar vuestra misión. Poneros al servicio de vuestras diócesis y parroquias, ofreciendo vuestra experiencia y métodos de evangelización. Seguid fielmente la guía de vuestros sacerdotes; y, en vuestro discernimiento comunitario, escuchad las voces de las personas sabias, aunque no pertenezcan a vuestros grupos. Cultivad la armonía y la cooperación entre las comunidades a las que pertenecéis, cuidando de no ceder nunca al deseo de autopromoción, ni a la búsqueda del poder o del prestigio personal. Que el Espíritu Santo sea siempre una luz y una fuente de fuerza en vuestro camino personal y comunitario, y que la Virgen María, Madre de la Iglesia, os proteja. Y ahora, con estos sinceros sentimientos, os imparto de buen grado mi bendición apostólica.

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