De Liechtenstein al Vaticano: la joven princesa que asesorará al Papa en las cuentas de la Santa Sede
León XIV rejuvenece la economía vaticana con dos ejecutivas, dos mujeres y un mensaje de continuidad con Francisco
León XIV ha dado un nuevo paso hacia la profesionalización -y la feminización- de los órganos centrales de la Santa Sede. El Papa ha nombrado a la princesa Gisela de Liechtenstein, de 36 años, nuevo miembro del Consejo para la Economía, el organismo que supervisa las estructuras administrativas y financieras de la Curia romana y de las entidades vinculadas al Vaticano.
La elección llama la atención por su apellido, pero también por su perfil. Gisela Bergmann, princesa de Liechtenstein e hija del príncipe Miguel de Liechtenstein, no llega a Roma como un nombre decorativo de la aristocracia europea, sino como una ejecutiva formada en ingeniería ambiental y con experiencia internacional en banca de inversión e ingeniería en Reino Unido, Canadá, Singapur y Suiza.
Desde 2022 dirige Industrie und Finanzkontor Etablissement, una compañía financiera fundada por la familia principesca de Liechtenstein. Su incorporación al Consejo para la Economía la sitúa en una de las salas donde se juega la credibilidad de la Iglesia: la de sus presupuestos, sus balances, sus inversiones y sus mecanismos de transparencia.
Dos jóvenes mujeres, dos perfiles técnicos
La princesa Gisela no llega sola. León XIV ha nombrado también a Elena Wettstein Principato, economista romana de 39 años y responsable de gestión de ventas para Europa Internacional en UBS Group, una de las principales entidades financieras suizas. Wettstein Principato es licenciada en Economía por la Universidad Roma Tre y ha desarrollado una trayectoria internacional en gestión patrimonial y servicios financieros entre Italia, Estados Unidos y Suiza.
Las dos nuevas consejeras son mujeres laicas, profesionales del mundo económico y menores de 40 años. Un perfil poco frecuente, todavía, en las estructuras superiores de la Santa Sede. La operación de León XIV no parece responder a una lógica de “cuota rosa”, sino a una apuesta por incorporar competencia financiera joven, internacional y femenina al corazón de la vigilancia económica vaticana.
El mensaje papal parece claro y proclama que las finanzas de la Iglesia no pueden permanecer en manos de una élite exclusivamente clerical, masculina y envejecida. Los balances también requieren diversidad, profesionalidad y controles externos a la lógica interna de los despachos romanos.
Continuidad con Francisco, sello de León
El Consejo para la Economía fue creado por Francisco en 2014 dentro de su ambiciosa reforma financiera, para separar la gestión económica de la Secretaría de Estado, reforzar los controles y garantizar una mayor transparencia en un ámbito marcado durante décadas por escándalos, opacidad y resistencias internas.
La decisión de León XIV confirma que esa arquitectura no se desmonta. El Papa ha mantenido como coordinador al cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Frisinga, y ha confirmado asimismo a los cardenales Odilo Pedro Scherer, Gérald Cyprien Lacroix y Joseph William Tobin, además de varios miembros laicos, entre ellos la británica Leslie Jane Ferrar y el italiano Alberto Minali.
Junto a las dos nuevas ejecutivas, León XIV ha incorporado a otros nuevos miembros -cuatro cardenales y cuatro laicos en total-, combinando continuidad y renovación. Es una forma de gobernar que empieza a perfilarse en este pontificado: no romper la herencia de Francisco, pero introducir en ella pragmatismo, perfiles técnicos y sangre nueva.
De “cuota” a responsabilidad normal
La novedad no consiste solo en que dos mujeres entren en el Consejo. Francisco ya había designado en 2020 a seis mujeres laicas expertas para ese organismo, en un primer paso histórico hacia una participación femenina real en la supervisión económica vaticana. La diferencia es que León XIV ha incorporado ahora dos perfiles jóvenes, formados en el sector financiero global y llamados a asumir una responsabilidad en una institución de máxima relevancia.
En el Vaticano, donde las mujeres siguen ausentes del sacramento del Orden y de muchos espacios decisorios, la economía se está revelando como uno de los ámbitos más permeables a la competencia laical femenina. El nombramiento de Gisela de Liechtenstein y Elena Wettstein Principato no cambia por sí solo la fisonomía de la Curia, pero sí refuerza el camino de una Iglesia que comienza a entender que la experiencia de las mujeres no es un adorno ni una concesión, sino un servicio necesario.
La princesa que llega a Roma no llevará una corona. Llevará, junto a otra joven ejecutiva, la tarea menos glamurosa y más decisiva: ayudar a vigilar que las cuentas de la Santa Sede estén a la altura del Evangelio que predica.