Las portadas de 'L'Osservatore Romano' que gritan lo que el resto calla
Son los gritos de León XIV contra la lógica bélica y a favor de lo que él mismo llama “la paz desarmada y desarmante”
Las dos últimas portadas de L'Osservatore Romano han hecho algo que casi ningún diario occidental se atrevió a hacer: poner en primera página, a sangre y sin edulcorantes, las imágenes crudas de la guerra que desgarra Oriente Próximo y Europa. No son simples decisiones de maquetación. Vienen del diario del Papa, el único periódico cuya línea editorial se mide directamente por el Evangelio y la conciencia del sucesor de Pedro.
Por eso, esas portadas son algo más que editoriales: son los gritos de León XIV contra la lógica bélica y a favor de lo que él mismo llama “la paz desarmada y desarmante”.
Portadas como grito profético
En un ecosistema mediático saturado de análisis, infografías y eufemismos sobre “operaciones” y “daños colaterales”, L'Osservatore Romano ha elegido el camino más incómodo y más tradicionalmente periodístico: mostrar el rostro de las víctimas, los cuerpos destrozados, la destrucción de ciudades y hospitales. No es morbo; es teología visual.
El diario del Papa está diciendo, con imágenes, que el centro de la noticia no son los cálculos estratégicos ni las declaraciones de cancillería, sino la carne sufriente de los inocentes.
Que esa decisión provenga del periódico de la Santa Sede le otorga un peso singular. Porque, no se trata de un medio de opinión más, sino del órgano que históricamente ha plasmado -con prudencias y silencios en ocasiones, también- la lectura vaticana de los acontecimientos.
Hoy, cuando esas páginas se llenan de fotos que otros esconden o relegan al interior, lo que proclaman a los cuatro vientos es un “¡basta!” sin matices a la anestesia moral ante la guerra.
León XIV, profeta sin alharacas
Las portadas hablan tanto de los conflictos como de quien las inspira. León XIV no es un agitador mediático, ni un pontífice de frases rimbombantes. Su estilo, como solemos decir los observadores vaticanistas, es más bien sobrio, medido, casi tímido. Y precisamente por eso estas imágenes impresionan todavía más, porque detrás no hay ganas de provocar por provocar, sino la convicción de que ha llegado el momento de decir las cosas a las claras y sin rodeos.
El Papa Prevost ha insistido en la necesidad de una “paz desarmada y desarmante”, que no consiste en una tregua táctica, sino en un modelo de convivencia que renuncie a la lógica de la fuerza como último argumento.
Esas portadas son coherentes con ese horizonte. Si la paz ha de desarmar, lo primero que hay que desarmar es la retórica que hace la guerra aceptable. Mostrar la foto entera -la sangre, el llanto, los escombros, las fosas- es una forma de romper el relato higienizado con el que buena parte de Occidente gestiona su complicidad con Trump y con Netanyahu.
El silencio de los demás medios, una soledad elocuente
Y algunos lo han sabido ver. Como ha subrayado el historiador Massimo Faggioli, casi ningún gran periódico del llamado mundo cristiano se atrevió a llevar esas imágenes en portada; Lo hizo, en solitario, el diario del Papa.
Por su parte, Enric Juliana, desde La Vanguardia, ha destacado la misma paradoja: que, mientras tantas cabeceras europeas se refugiaban en palabras, el pequeño diario vaticano optaba por la crudeza silenciosa de la fotografía.
Esa soledad dice mucho del momento que vivimos. L'Osservatore Romano rompe el molde de una prensa occidental que habla de guerra en tercera persona, como si el sufrimiento ocurriera siempre lejos, a otros, y nunca tuviese que interpelar de verdad nuestras alianzas, nuestros negocios o nuestra comodidad.
El hecho de que el único diario que pone el horror en portada sea el del Papa revela, también, hasta qué punto la sensibilidad evangélica ha quedado arrinconada en muchos espacios que se siguen llamando “cristianos”.
En un tiempo de titulares calculados al milímetro para no molestar a nadie, estas portadas son un gesto de libertad insólito. Y llevan la firma silenciosa de un León XIV valiente y mesurado, profético sin alharacas, más interesado en que el mundo vea a las víctimas que en proteger la imagen de un Vaticano neutral.
Y recuerdan, además, que, cuando la guerra vuelve a parecer “normal”, a veces hace falta que desde Roma alguien nos ponga delante, sin filtros, aquello que preferimos no mirar. Como hacían los profetas.