¿Profanación o servicio al turista? El nuevo 'restaurante' en la cúpula de San Pedro, listo para septiembre
Nueva polémica en torno a la Fábrica de San Pedro. En esta ocasión, por la futura apertura de un pequeño local para servir comida preparada en la terraza de la cúpula diseñada por Miguel Ángel, en sustitución de un pequeño bar que ofrecía refrescos y café. El nuevo espacio podría abrir sus puertas pasado el verano
¿Un negocio inmoral, casi una profanación, o simplemente un servicio más para quienes visiten la cúpula de San Pedro? El escándalo está servido. Tal y como adelanta Franca Giansoldatti en Il Messaggero, el próximo mes de septiembre, si León XIV no lo remedia, la terraza de la cúpula de San Pedro acogerá un pequeño restaurante (un bistró), en el que turistas y fieles que suban a lo alto de la iglesia más grande de la Cristiandad (no la más alta: ese récord corresponde, desde hace pocos meses, a la Sagrada Familia de Gaudí) podrán comer, o cenar, con las mejores vistas: el Vaticano, la plaza de San Pedro y la Roma eterna.
Un proyecto, concebido por el cardenal Gambetti, arcipreste de San Pedro (con la edad cumplida, por cierto), no exento de polémicas internas y externas. Al parecer, un creciente malestar de la Curia habla de un negocio impropio de un lugar como éste. Según otros, no se trata más que de la ampliación de un pequeño espacio, que antes únicamente servía refrescos o café a los visitantes, y que ahora podrá servir platos preparados.
Tal y como apunta el rotativo italiano, el proyecto original preveía un restaurante de gran tamaño, con capacidad suficiente para acoger a cientos de personas. Posteriormente, el plan se redujo, aunque se mantuvo inalterada la filosofía.
En los últimos días, algunos directivos de la Fábrica de San Pedro, que han supervisado las obras de plena operatividad, lista para su acondicionamiento, han realizado una visita de inspección que concluyó con una degustación privada para comprobar el funcionamiento del servicio. Quienes visitaron las instalaciones señalaron que, a pesar de contar con aseos y una zona de bar, no existe motivo alguno que impida ofrecer un servicio de restauración a aquellos visitantes que, tras pagar una entrada, lleguen a lo alto de la basílica.
En cambio, desde distintos sectores de la Curia se habría denunciado la “lógica orientada al negocio” que reviste las actuaciones en torno a San Pedro. La presencia del secretario personal del Papa, Edgar Rimaycuna, en la cúpula, lo que alimentó la sensación de que el Papa conocía la cuestión. Finalizadas las obras, todo está listo para la apertura en septiembre. Si nadie lo impide.