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Iglesia en primera línea de acogida en Ceuta: Casa San Antonio, donde el Evangelio marca la pauta

“El papa Francisco decía siempre que tenemos que tener cuidado del peligro de acostumbrarnos al Evangelio. Es decir, perder el asombro, la pasión o el entusiasmo es algo que no se debe hacer. Hay que vivir el amor fraterno y la justicia”. Ese principio es el que Carlos Andrés Méndez, religioso scalabriniano, ha estado viviendo en primera línea de acogida desde la Casa San Antonio en los tristes sucesos que han puesto a Ceuta en el foco de la actualidad mundial

Migrantes atendidos en la Casa San Antonio

“El papa Francisco decía siempre que tenemos que tener cuidado del peligro de acostumbrarnos al Evangelio. Es decir, perder el asombro, la pasión o el entusiasmo es algo que no se debe hacer. Hay que vivir el amor fraterno y la justicia”.

Ese principio es el que Carlos Andrés Méndez ha estado viviendo en primera línea de acogida de los tristes sucesos que han puesto a Ceuta en el foco de la actualidad mundial, tras la entrada masiva de unas 80.000 personas el 31 de julio, lo que ha provocado una grave crisis humanitaria que ha dejado al pequeño enclave español en el norte de África al borde de un fractura social.

La memoria del Papa argentino vuelve a su labios en los primeros compases de la conversación de este religioso scalabriniano que coordina en la ciudad autónoma el Centro de Acogida San Antonio, que tras aquellos sucesos, ha visto desbordada sus instalaciones, obligando a pasar de las diez plazas a acoger a una cuarentena de personas.

Un grupo de migrantes hace cola ante la Casa San Antonio

Siempre recalcaba el papa Francisco que evangelizar no simplemente es proclamar el mensaje de Cristo, sino también vivirlo, encarnarlo. Entonces eso es un compromiso social: el vivir el Evangelio de la fraternidad, el vivir el Evangelio enraizado. Y si vivimos esto, pues también creemos que las personas que están aquí ahora, entre nosotros, van a ver también el rostro de Cristo en la persona que sufre", señala este colombiano de 32 años.

La avalancha humana de finales de jlnio lo cambió todo, hasta el día de hoy, en Ceuta. Cambió la fisonomía de la ciudad, la convivencia, el miedo, la desconfianza, el sentirse abandonado. Pero la Casa, con los medios ya muy ajustado de que disponía, sigue intentando cada día poner en práctica el milagro de los panes y de los peces. Y Carlos Andrés tiene muy presente también la parábola del Buen Samaritano, que vive a diario desde la Casa de Acogida San Antonio, dependiente del Secretariado de Migraciones de la diócesis de Cádiz y Ceuta.

"Ciertamente, la Iglesia no puede ser indiferente ante esta situación.  Ahí está, por ejemplo, el administrador apostólico, don Ramón Valdivia, que está muy pendiente de todo esto –incluso se preocupa por las personas voluntarias de la ASCS y religiosos teólogos scalabrinianos, que han venido desde Italia para ayudar– y en contacto con la Iglesia local para responder a lo que está pasando. Porque creo que la primera respuesta la tenemos que dar desde aquí, aunque la verdad le puedo decir que es muy difícil", señala el religioso.

Reparto de comida en la Casa Antonio

Pero esas dificultades no le impiden ver el mensaje claro al respecto del Evangelio. Pero tampoco del magisterio. "No hay más que ver el Vaticano II, ver lo que se decía Gaudium et Spes, o Evangelii Gaudium, ver los documentos de la Iglesia, cómo se responde a esta situación, a la parte humana, porque esta cuestión social también es evangelio. Porque lo hemos visto no solamente en el papa Francisco, sino en otros pontífices que han estado poniendo énfasis en cómo la iglesia debe responder en la cuestión social... Ahí están, por ejemplo, los documentos y materiales difundidos por el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, con orientaciones sobre cómo nosotros podemos responder al tema de la migración, sobre la pastoral migratoria, el diálogo intercultural... Es decir, nos dan muchísimos instrumentos para poder responder ante esta situación, pero el reto es ponernos en camino, es navegar en una sola barca, y buscar y dar una respuesta juntos... Como he dicho, esto es un tema delicado, pero yo empezaría desde acá, desde este lugar, sé que hay muchísimas personas que se han puesto las manos al servicio y que están siempre pendientes, pero también hay situaciones en las cuales uno dice, 'ey, como que cuesta un poco'...

"No podemos ser indiferentes. Nos lo recuerda el papa León XIV: ‘No es posible permanecer como espectadores indiferentes’", recalca el misionero scalabriniano, que antes también ha acompañado de cerca, en casas de migrantes, la dura experiencia de quienes atraviesan México hacia los Estados Unidos. "Aquí, en Ceuta, hemos visto personas que han bloqueado el reparto de alimentos. Pero también hay otras que los ofrecen, y otras que están colaborando en la acogida. Porque sí, hay muchísimas personas de Ceuta que colaboran. Ceuta es una comunidad realmente que acoge, aunque se está produciendo situaciones que generan cansancio y miedo. Y yo eso lo entiendo y tampoco lo juzgo, porque realmente la gente de Ceuta se ha sentido sola, desbordada ante algo que la supera. Y esa sensación de abandono también es muy humana, y tampoco debemos ignorarla. Pero luego hay algunas otras dimensiones en las cuales se utiliza la violencia. Y eso no, eso no...".

Curando a los heridos en la Casa San Antonio

"El malestar ciertamente debería empujar a que las administraciones respondan de verdad y de forma coordinada. No a convertir nuevamente en enemigo a los que llegan con las manos vacías y que, quizás ,algunos vinieron engañados. Ciertamente, nuestra solidaridad con las personas que estamos atendiendo no puede conseguirse enfrentándose a los ceutíes", señala.

Mes y medio después que unos acontecimientos que los dejaron atónitos, improvisando medidas para acoger a los "más vulnerables entre los vulnerables", Carlos Andrés se muestra orgulloso de cómo han podido organizar la convivencia en la Casa de Acogida, donde cada uno tiene una función y contribuye cómo y con lo que puede a esa convivencia y a mejorar también las condiciones en las que se encuentran, limpiando, barriendo, dando clases...

"Los ceutíes tienen derecho a estar cansados y a pedir soluciones. Lo demostraron también saliendo a la calle. Y me parece legítimo. Ese enfado es comprensible. Pero no vayan en contra de los migrantes o que no los vean como el enemigo, a pesar de que hay situaciones más a fondo que se deben ver", añade el scalabriniano.

Dando clases en la Casa San Antonio

"Con sinceridad, ha sido bastante duro. Hay días de mucho cansancio, de mucha impotencia, no sólo por mi parte, también a nivel de un grupo maravilloso de voluntarios, de los que realmente me siento orgulloso de cómo han respondido, a pesar de que era la primera vez que vivían la experiencia de estar con la persona inmigrante vulnerable", relata.

"Es muy difícil vivir esta situación desde dentro, reconocer, involucrarse en la misma realidad que viven quienes llegan. Y decir que no a muchas personas vulnerables es difícil, auque somos conscientes de nuestras limitaciones. Decir que no es fácil cuando uno está afuera: decirle a alguien que no hay sitio, no hay más sitio, lo siento, lo siento. Es fácil decir que no cuando no se conoce la realidad, pero cuando uno está de frente, mirando a la persona, es muy difícil. Y aquí no puedes ser indiferente, ni siquiera perder la esperanza, porque ellos tienen muchísima esperanza. En el día a día, por medio de la oración y del evangelio, cómo puedo poner eso en práctica, cómo encarnar el evangelio en lo cotidiano. Y la fe es lo que me sostiene", señala Carlos, como si se estuviese confesando.

"Nosotros, los cristianos, creemos que cada persona que sufre es Cristo mismo. Llega un niño con hambre y si de verdad crees que ahí está el Señor, uno no se puede quedar con los brazos cruzados en la indiferencia, ahí uno responde... Y como carisma scalabriniano, esta crisis me interpela, porque es mi vocación, para eso me han estado preparando, para eso me han enviado aquí, a este lugar, para responder de una manera digna a las personas migrantes...", explica con pasión el misionero colombiano.

Ayudando en las tareas de la Casa San Antonio

En esta tarea, añade, "me sostiene la oración, me sostiene el equipo de voluntarios, las personas que están trabajando aquí, me sostienen muchísimo las personas migrantes que están en la casa, porque se nota la tranquilidad, se nota el entusiasmo, y pues yo solo no lo puedo hacer, y porque también hay otras personas, mi familia scalabriniana, entidades locales que ayudan, Cáritas, y luego están la red del Secretariado de Migraciones, que es como la columna y fundamento... Entonces, no me he sentido solo".

Unas personas migrantes que, como reitera, "son los vulnerables dentro de los vulnerables". Bajo el techo de la Casa de Acogida San Antonio una familia: una mujer que llegó con un avanzado embarazo junto a su hijo que tiene una parálisis cerebral. "Ver a esa familia y escuchar al director de Cáritas y al de Cruz Roja contar de cómo vivían en la calle, que tenían que tener un cuidado especial con algunos medicamentos y que había que estar pendientes de la salud… Aunque nosotros no estamos preparados para eso, nuestros recursos no están preparados para eso, pero ante esta situación de fragilidad, de vulnerabilidad, nosotros no podíamos responder con indiferencia, y fueron acogidos...", insiste el religioso. "Y hemos acogido también algunas personas del colectivo LGTBI, que también cada uno tiene su propia vivencia, personas concretas con su historia bastante difícil, que había recibido persecuciones y que su vida realmente corría peligro", recuerda Carlos.

"Lo que a mí más me maravilla –prosigue– y esto es algo importante, es que las personas que hemos recibido, le voy a comentar que ahorita somos cerca de 40 personas, pero lo que más me maravilla es que sigue dando su fe dentro de la filosofía de San Antonio: que todos están integrados y todos tienen responsabilidad dentro de la casa, todos cuidamos de la casa, es decir, los mismos residentes que están aquí están implicados en cocinar, atender a las personas en el momento de la ducha, porque hay unos que están en la puerta, otros que están sirviendo el desayuno, hay otros que nos ayudan en el tema de las traducciones, hay muchas otras personas que están al cuidado de lo que es el entorno común... Es una integración completa de la persona para que pueda sentirse con una responsabilidad en la casa, es decir, 'bueno, yo aquí también aporto', y son felices de ayudarnos. Y al final de cuentas, es toda una aportación, no solamente de los voluntarios y los trabajadores, sino también de los residentes y a veces se confunde quiénes son los voluntarios y quiénes son los residentes porque están muy implicados dentro de la atención en la casa".

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