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Juan José Aguirre: "Las veces que vuelvo a España huelo a decadencia"

A sus 72 años, el Papa acaba de aceptarle a este religioso comboniano la renuncia como obispo de Bangassou, en República Centroafricana. Deja una misión tan grande como su Andalucía natal y a la que ya echa de menos. En su corazón, miles de rostros, también injusticias, matanzas, dolor, rabia, esperanza y una fe que, dice a Religión Digital, es lo único que no le han podido robar. Y, en el fondo, una pregunta: "¿Llegará algún día la rebelión de los mansos, de los preferidos del Maestro?". 

Juan José Aguirre | Diócesis de Córdoba

"Me siento como un drogata en su crisis de abstinencia". A los 72 años, el Papa ha aceptado la renuncia de Juan José Aguirre como obispo de Bangassou, una gigantesca diócesis del tamaño de su Andalucía natal, que pastoreó durante 26 años. África le robó el corazón desde que la pisó por primera vez, y sus antiguos diocesanos, los niños huérfanos, los ancianos con senilidad, las madres coraje que saben del milagro diario, "sus" curas, "sus" monjas, "sus" seminaristas, "sus" colaboradores... van con él allá donde vaya este cordobés, en breve, a Bangui. Pero quien se lo rompió fue una cardiopatía que le ha llenado ese pecho de "muelles".

Sin embargo, ni siquiera eso ha sido suficiente para apaciguar su ardor profético, su denuncia de las injusticias que vio crecer frondosas como la selva centroafricana mientras sus responsables miran para otro lado, ni restó clarividencia a unos análisis sonrojantes sobre lo que una parte del mundo está haciendo con la otra. De ello da testimonio en esta conversación con Religión Digital. Puro corazón. Y testimonio.

Pregunta. Hace unos años que usted ya había pedido la renuncia por razones de salud, y ahora se la ha aceptado finalmente León XIV. ¿Qué se siente cuando llega la noticia que, de alguna manera, le ‘desengancha’ de la que ha sido su casa, su gente, su familia, durante cuatro décadas?

Respuesta.           Me siento como un drogata en su crisis de abstinencia. Los echo mucho de menos. A mis sacerdotes, que me han escrito cartas muy hermosas (ojalá que todos los obispos del mundo recibieran cartas de sus curas como las que yo he recibido). En fin, en 28 años de obispo los he ordenado sacerdotes a casi todos, es normal que haya nostalgia. A las monjas… las he visto de niñas y cómo han crecido y cómo se han consagrado al Señor con todo el corazón, no obstante el instinto maternal tan fuerte en el continente africano. A los huérfanos que hemos acompañado tantos años y ahora son adultos y trabajan después de la universidad sin necesidad de embarcarse en una patera… A los ancianos con senilidad acusados de brujería que hemos defendido con uñas y dientes. Luego, están los años interminables de guerra, el sufrimiento compartido, las balas rozando nuestras cabezas, la muerte tan barata en torno a mí, tantas lágrimas cuando nos saqueaban las misiones una y otra vez, y empezábamos de nuevo, y nos volvían a robar todo, menos la fe…

P. ¿África le ha robado el corazón? 

R.         Bueno, han sido 46 años, me fui con 28 y, excepto unos años de animación misionera en España, hasta hoy, que tengo 72. Justamente, dices de robar el corazón… Tuve tres infartos, y de todos me sacó el Señor en la selva, con ayuda de médicos que estaban allí por casualidad, y tengo nueve muelles en las arterias. Y luego la tromboflebilitis que me hizo tambalear, la espalda con estenosis de canal a causa de tantos años botando por la selva en la diócesis de Bangassou, de 135.000 km, por la selva, ni un solo kilómetro asfaltado… Y eso sin hablar de los miles de bautismos y confirmaciones, de las misiones nuevas financiadas por el Cabildo de Córdoba, las 32 escuelas financiadas, varias por Manos Unidas, la Diputación de Córdoba, tantos proyectos con la gente, horas y horas sentados estudiando un proyecto que iba a nacer como una nueva criatura, tantos momentos de oración, de fiesta compartida, de comer carne de mono y decir siempre que estaba buena, riendo con disimulo… o comprando chanclas para los abuelitos desdentados que no dirigen nada, que no son nada… pero están repletos de dignidad… 

Juan José Aguirre dando la comunión a sus diocesanos de Bangassou

P. Pero usted regresa a África, a Bangui… Imagino que no le costará mucho volver, aunque quizás no sea lo más conveniente para su salud…

R.         Presenté al papa Francisco mi renuncia hace seis años, cuando estaba renqueante, pero me la dan ahora que estoy mejor. Dejo un obispo en mi lugar, un crack como mucha experiencia de África, que va a tirar por la agricultura, el café rojo que se queda muchas veces en la planta hasta que ennegrece, capillas que van a nacer. Porque África es una pepinera de vocaciones, de minerales, de sueños para el futuro.

P. Tengo entendido que ahora va a ocuparse del cuidado de otro tipo de ‘talentos’. ¿Cómo es de grave el asunto?

R.         No hay gravedad, simplemente que donde no se hicieron bien las cosas desde hace tres años por falta de experiencia, volvamos atrás y lo hagamos bien. La Iglesia centroafricana recibe mucha ayuda en forma de proyectos de las campañas del Domund, Infancia Misionera y Clero Indígena para los seminarios locales. Lo normal es que el dinero que se recoge en Centroáfrica para estas campañas de OMP, no se traspapele y sea enviado al Vaticano. Nos dan en ayudas diez veces más de lo recaudado en las campañas que hacemos, en las mismas fechas que toda la Iglesia universal. Hay que enviarlo concretamente al dicasterio de las Misiones, que se llama Propaganda Fide. Si algún año no se ha enviado, hay que subsanarlo y sensibilizar bien para que se haga correctamente en el futuro. Para eso me han pedido que vuelva algunos años. Estaré en la capital, Bangui, a 750 Km. de mi querida diócesis de Bangassou.

Los depredadores que dirigen el mundo imponen su ley y se llevan el 80-90 % de lo extraído en el continente, dejando las migajas y trocitos para los millones de personas, los anawin de la Biblia. Así es el mundo: así lo hemos hecho entre todos

P. Algunos dicen que ese es uno de los males endémicos de África. Pero también es fácil percibir que otros males que aquejan al continente no nacen allí… ¿Por qué importa tan poco África en el concierto internacional? 

R. ¿Qué África importa poco en el concierto internacional? ¡Qué va! Los 54 países del continente son importantes. Que sigan creciendo, así desean muchos países y sus multinacionales, pero que sea sin hacer ruido. Para poder esquilmarlos sin publicidad. El tantalio, el rodio y los superconductores con los que se fabrican entre otros los componentes electrónicos de drones y los misiles (ahora pilotan la avanzadilla de las guerras) están sobre todo en África; el cobalto está en el Congo (para las baterías eléctricas); el oro en cantidades enormes que Rusia se está llevando de Centroáfrica y diamantes… y el petróleo que se lleva de Angola, o de Guinea Ecuatorial y los fosfatos del Níger, y el oro en el desierto en el norte del Chad que roba Boko Haram…. ¡Pero cállense! Que Religión Digital no diga nada, mejor que nadie sepa, que África importe poco en el concierto internacional, así le chuparemos la sangre haciendo menos ruido… Los depredadores que dirigen el mundo imponen su ley y se llevan el 80-90 % de lo extraído en el continente, dejando las migajas y trocitos para los millones de personas, los anawin de la Biblia. Así es el mundo: así lo hemos hecho entre todos. 

Juan José Aguirre

R. También África tiene enfermedades endémicas como la malaria y tenemos corrupción sistémica hasta el tuétano, como pasa muchas veces en Europa y otros continentes… ¿Llegará algún día la rebelión de los mansos, de los preferidos del Maestro? 

R.          Luego está el elefante blanco en el salón de las ayudas internacionales, ese que nadie quiere ver, pero que está alli, que es la corrupción a gran escala, vergonzosa, el dinero de las ayudas que, una parte, se queda en viajes, vacaciones cada mes y medio, para redondear los salarios, gastos exorbitantes en aviones enormes para llevar agua mineral arriba y abajo, proyectos sin justificar… O lo que se meten en el bolsillo con descaro los adictos al régimen, militar o no, democrático o dictatorial… Aquí todo el mundo se engrasa, aunque los pobres clamen por las migajas y lloren viviendo con 1 euro al día…

R. Esto clama al cielo, lo he visto con mis propios ojos, lo he denunciado y me han criticado mucho, y muchos jóvenes quieren huir por esto, porque sin desarrollo no hay paz… La esperanza de vida al nacer en Centroáfrica está en 49 años o poco más. Es aberrante que unos tengan tan poco, mi gente de la selva, y otros naden en la abundancia, se gasten el dinero para quitarse kilos de encima, y tiren millones de kilos de comida a la basura. Asi lo hemos hecho entre todos… nuestro planeta tierra.

P. León XIV comenzó sus grandes viajes apostólicos internacionales por África. Fuera del continente generó poco titulares de prensa. ¿Le han hecho más caso dentro? ¿Espera cambios en la línea de los mensajes que dejó en algunos de esos países en favor de la convivencia, la lucha contra la corrupción, la apuesta por los jóvenes o el respeto y aprecio por la democracia como forma de vida en común?

R.          Creo que los mensajes del papa Léon XIV han sido altos y claros. Se le ha escuchado con atención y aplausos. De ahí a que haga mella en la líneas políticas de la sociedad europea, no creo. Solamente grupos numerosos de jóvenes lo han escuchado con pasión. Habrá un revivir de experiencias religiosas y descubrimiento de Jesús como Señor del mundo. Pero, creo yo, la sociedad del bienestar está muy anclada en nuestra cultura. Dices a alguien, incluso curas o religiosos, que, por higiene espiritual, tengan una semana entera el teléfono cerrado y te miran con cachondeo. Dices a generaciones de jóvenes, muchos apasionados por la ecología y por la conservación de un planeta más limpio, que dejen de usar plásticos y se mosquean. Les dices que la mayor contaminación del planeta la producen los 140.000 aviones que vuelan cada día por el mundo, intercontinentales o no, y que por eso habría que viajar mucho menos en avión, y te miran que alucinas. Yo he vivido en plena selva muchos años, envuelto en miles de metros cúbicos de verde y los principios de la ecología son más fáciles de aplicar. Pero uno que se está cayendo abajo por las cataratas de Iguazú y ya va por la mitad, con toda la corriente empujándole… le será difícil ir contracorriente para volver al borde de la catarata, pienso yo. 

Aurelio Gazzera, nuevo obispo de Bangassou, junto Juan José Aguirre

P. Fruto de la polarización, en España está calando ya entre formaciones políticas la aceptación de la llamada “prioridad nacional” como forma de poner freno a la llegada irregular de inmigrantes. Hay cristianos que incluso lo ven razonable. ¿Cree usted que les ayudaría entender la razón de fondo pasar por ejemplo un par de semanas en Bangassou o en Bangui? ¿Se llevaría usted a algunos líderes políticos allí? ¿Cree que sería posible que abrieran los ojos?

R.         Eso de la “prioridad nacional” es un concepto que no existe en Bangassou. ¿Se trata tal vez de los cientos (o miles) de negros talentosos que llenan nuestros estadios de fútbol o baloncesto? No me llaméis cínico, que todo el evangelio habla de acogida y fraternidad. Conocí al padre de un misionero comboniano, compañero mío que trabaja en Brasil. Su padre, ya mayor, Manuel, limpiaba los pasillos de una residencia en París. Llevaba allí decenas de años, desde los 60, y Francia fue su salvoconducto para una vida mejor. Claro que él y su familia aprendieron el francés, se mezclaban con la comunidad, se ponían en la cola, no tenían gratificaciones que no tuvieran los franceses, se adaptaban a las leyes del país de acogida, no vendían drogas ni eran radicales. Solo se permitían el lujo de comer la sopa gallega al final de las comidas y no al principio, como se hace en su Galicia natal.

Muchos europeos que ven con desconfianza que vengan personas con dignidad para mejorar su calidad de vida son personas miopes, sin quitarles tampoco a ellos ni un ápice de su dignidad

R.          Muchos europeos que ven con desconfianza que vengan personas con dignidad para mejorar su calidad de vida, subir su esperanza de vida al nacer o huir de una persecución horrorosa en su país de origen, son personas miopes, sin quitarles tampoco a ellos ni un ápice de su dignidad. Simplemente piensan diferente y no han leído nunca el Evangelio. Sí, una experiencia en Bangassou sería para muchos como una “bofetada de realidad”. Además, los cientos de miles de migrantes que pueden llegar a Europa nos ayudan en trabajos que otros no quieren hacer, la mayoría desea aprender, nos elevan el índice de nacimientos y de españoles vivos… La mayoría de la pirámide son “hermanos” que necesitan vivir con dignidad como mi amigo Don Manuel en París. Otra cosa es la punta de la pirámide, los que salen en la tele pisoteando nuestra cultura, noticias fake incluidas. ¿Cómo hacer para controlar esa parte del flujo migratorio y excluir de manera equilibrada y justa a los indeseables?

P. ¿Qué le han parecido los mensajes que sobre la migración dejó el Papa durante su reciente viaje a España?

R.         La acogida del forastero está en Mateo 25,35 y es un gesto profético, evangélico. Durante años de guerra en Centroáfrica he vivido decenas de veces, en decenas de misiones, el haber acogido a cientos, miles de personas que escapaban de la violencia ciega y de una muerte presumible. Muchos pasaban la frontera de mis países vecinos y venían a refugiarse en la misión católica. Sin papeles, sin visados, sin fuerzas para huir, al igual que muchos centroafricanos huyeron la guerra y se refugiaron en el Chad –alrededor de 500.000–, salvaron la vida y no pasó nada y sobrevivieron a la muerte.

R. ¡Fijaos de qué cifras estoy hablando! Sólo en el Sudán hay 14 millones de desplazados, gente que ha huido con lo puesto de Jartoun o de Ondurman para irse al pozo sin fondo de miseria que es Darfur. Multiplica por 53 países de África, pues los millones de desplazados africanos lo son entre países, al interior del propio continente. Estos eran refugiados de guerra, pero hay refugiados políticos o exilados, refugiados de hambre, refugiados de simple miseria, desplazados temporales o gente que huye ahora buscando campos de la ONU como hace años huían de Siria buscando las islas de Grecia.

El obispo Aguirre, en su querida Bangassou

R. Vivir en un campo de un millón de personas, como sardinas en lata, sin agua, si comida digna, sin seguridad… es un infierno. Ya lo vimos en la televisión en Gaza. Aquello no era vivir, era morir en vida. Los africanos subsaharianos que llegan a España son la punta de un iceberg de los millones de desplazados africanos buscando refugio en España o en Europa… Además, os aseguro, que los que llegan a las playas de la isla del Hierro son los primeros de su clase en sus países natales.

R.           En 2018, unos mercenarios armados hasta los dientes atacaron el barrio musulmán de Bangassou. Dos mil musulmanes se fueron hacia su mezquita y las casas aledañas, pero los mataban como conejitos. Cuando lo supimos en la misión católica nos fuimos cuatro curas y yo y nos pusimos como escudos humanos delante de la mezquita. Nos pasaban las balas rozando las orejas. Dios nos inspiró para hacer así y nos protegió. Tres días: mucho susto, pero ni un rasguño. Pero dentro de la mezquita pude recoger veintitrés cadáveres, niños con un boquete en el pecho. Su madre –llorando entre el mogollón de madres de la mezquita– había visto morir a su hijo impunemente y ahora, veinticuatro horas después, lo estaba viendo descomponerse. El imán me dio permiso para hacer una fosa común y enterrarlos a todos. Entre palada y palada, yo sentía que Dios estaba allí, llorando conmigo, porque como dice un amigo, “Dios llora en todas las guerras”.

R.         Cuando aquel infierno terminó para los mis hermanos musulmanes con la llegada de soldados portugueses, esa pobre gente, que sabían que sus casas y su barrio habían quedado saqueadas y destruidas, nos pidieron ir a refugiarse a la misión católica. Dos mil personas. En el seminario menor, instalaciones, capilla y campos de fútbol. Pregunté a mis curas y me dijeron que el evangelio era claro sobre lo que había que hacer. Liberamos a los seminaristas, los educadores salieron de sus cuartos y entraron familias, cientos de niños y ancianos derrotados, todavía con el susto paseándose por sus huesos. Creíamos que se quedarían tres o cuatro meses, hasta que los organismos internacionales reconstruyeran su barrio en Bangassou, pero estuvieron cuatro años y fue una experiencia dura, muy difícil, pero gratificante. Evangélica, poniendo pinceladas de ternura allí donde campeaba a sus anchas la violencia.

 No se enfaden si afirmo que las veces que vuelvo a España huelo a decadencia. Al igual que en toda Europa. Igual que la hubo en el Imperio Romano hasta su caída

P. Ha estado en un país atravesado por enormes dificultades, en momentos críticos, con una convivencia rota, con matanzas… ¿Cómo se procesa la actual situación en una España llena de ruido, con una población cada vez más polarizada y una clase política con un vuelo en general gallináceo cuando se viene de las coordenadas en las que usted ha vivido? ¿Qué está fallando?

R.         No se enfaden si afirmo que las veces que vuelvo a España huelo a decadencia. Al igual que en toda Europa. Igual que la hubo en el Imperio Romano hasta su caída.

R. Me viene a la cabeza la imagen del profeta Daniel en el capítulo 2, 32-33, cuando el profeta Daniel interpreta una visión del rey de Babilonia en donde ha visto en sueños una estatua de cabeza de oro fino, pecho de plata, muslos de bronce, piernas de hierro y pies de hierro mezclado con arcilla. Esos pies debían soportar el peso del resto, hasta la cabeza.

R. Sin querer entrar en detalles que no son de mi competencia, imagino Europa y España como esa estatua del profeta Daniel en donde la cabeza de oro fue la inteligencia y la sensibilidad de otros tiempos que llevó al nacimiento de los místicos europeos de los siglos XV y XVI; ese pecho de plata podría ser el desarrollo de las filosofías griegas y escolásticas; esos muslos de bronce se podrían comparar con la era industrial y las piernas de hierro con las nuevas tecnologías textiles y artísticas…

R. Cuando vuelvo a España, hierro y arcilla soportan el peso de todo lo anterior: el hierro de las tecnologías numéricas que se mezclan con la arcilla de la corrupción casi sistémica, de los avances en los procedimientos de comunicación inmediata que se mezclan con la fabricación descontrolada de armas de todo tipo que hacen peligrar el mundo; los brotes de espiritualidad y de iniciativas de fraternidad que se ven por todos lados, pero que se mezclan con agendas de odio, matanzas de inocentes aprobadas en Parlamentos o campañas para vivir un consumismo exacerbado. Cuando vuelvo a España, me pregunto: “Señor, ¿hacia dónde vamos?”

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