Eusebio Hernández: "La visita del Papa a España nos ha dejado ahora 'la patata caliente' de dar respuesta a la sed de trascendencia de tanta gente"
El obispo emérito de Tarazona y agustino recoleto ha acompañado a León XIV por Madrid, Cataluña y Canarias, disfrutando muchísimo de sus mensajes y gestos. Y ya les ha dicho a los demás obispos que hay que aprovechar la riada de entusiasmo que dejó Robert F. Prevost y ponerse manos a la tarea, siguiendo las directrices que les dijo de palabra y obra
Cuando Eusebio Hernández Sola, obispo emérito de Tarazona, comparte con Religión Digital sus recuerdos tras haber acompañado al Papa por Madrid, Cataluña y Canarias en la semana del 6 al 12 de junio, dice que nota el cansacio por la intensa actividad desplegada aquellas históricas jornadas, y se pregunta: "¿Cómo estará él, que no paró?".
Pero también este agustino recoleto lo da por más que bien empleado, lo mismo que hizo el propio León XIV, que glosó lleno de contento aquellos días, donde, como señaló en la audiencia general, "he sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha". Ahora, monseñor Hernández, cree que hay que aprovechar la riada de entusiasmo que dejó el primer gran viaje a un país europeo de Robert F. Prevost y ponerse manos a la tarea, siguiendo las directrices que les dijo de palabra y obra. "Nos ha dejado una 'patata caliente', por decirlo de forma coloquial, y tratar de responder a esa sed de trascendencia que se evidenció en tanta gente", señala este religioso.
Pregunta.¿Cómo ha vivido usted esta casi semana acompañando al Papa por España?
Respuesta. He disfrutado muchísimo. Es un hombre que sabe escuchar, porque escuchaba a los jóvenes, pero también sabe hacerse escuchar, por la fuerza que imprime, la alegría que transmite. Yo lo conocí cuando era prior general de los agustinos. Por eso, ahora como Papa, muchas veces he pensado en cómo es posible este cambio tan fuerte que se ha operadp en él, en aquel prior general al que traté y que era un hombre reservado, prudente, una persona que rehuía todo protagonismo.
R. No digo que ahora lo busque, pero resulta muy llamativa esa fuerza que tiene para cautivar, para atraer a tantos miles y miles y miles de personas. Lo percibí en la vigilia en la plaza de Lima, o en la misa ante más de un millón de personas en Cibeles, por donde llegaba tantísima gente por todas las calles. Para mí, entonces, su figura reflejaba un cambio fuerte en él, y creo que eso lo ha adquirido en América Latina.
P. ¿Y qué me dice de la acogida de la sociedad española?
R. Es que la gente es buena, tiene ese fondo, algo que hay que aprovechar para seguir proclamando el Evangelio, como nos pidió el Papa. Hablando con otros obispos durante esos días en que le acompañamos, yo les decía que tenemos que aprovechar este momento histórico que está viviendo España. Al igual que lo que sucedió con su discurso en el Parlamento. Cuando uno piensa en todos aquellos diputados, cada uno de un partido que tienen distintas maneras de pensar, y que la inmensa mayoría estuviese después siete o ocho minutos aplaudiendo...
R. Y eso que el Papa fue claro en lo que dijo. Habló del aborto, de que toda vida humana debe ser reconocida y respetada desde el primer momento, una cuestión esta que causa tantos problemas en algunos partidos. Luego abordó el tema de la polarización, que más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda política tiene que recuperar la ética, el encuentro, el servicio al pueblo...
R. También me entusiasmó su discurso en Gran Canarias, en el puerto, hablando sobre la inmigración. Para mí fue el que me tocó más el corazón, cuando afirmaba que la dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera, que nadie puede ser despreciado, que es nuestro hermano. Lo comunicó de una manera preciosa a la vez.
P.Comentaba que usted decía a sus hermanos obispos que habría que aprovechar este momento, tras la visita del Papa. ¿Cómo cree usted que vivieron el resto de los obispos esta estancia del Papa y estos mensajes?
R. Todos estábamos de acuerdo en que el mensaje era fuerte y que ahora nos dejaba a nosotros un gran desafío, una gran apuesta. Tendríamos ahora los obispos que tomar cartas en el asunto e intentar, diríamos, hacer realidad todo lo que el Papa nos ha insinuado, nos ha dicho, nos ha puesto en perspectiva. Creo que ahora nos ha dejado a los obispos una 'patata caliente', por decirlo de forma coloquial, y tratar de responder a esa sed de trascendencia que se evidenció en tanta gente.
R. También con los jóvenes, que están decepcionados de este mundo que vivimos, y desde la política, con todo lo que está sucediendo en el campo social, el problema de la vivienda, la falta de perspectivas para los jóvenes, algo que los está dejando totalmente vacíos, sin saber muy bien a quién acudir. Y creo que el Papa les ha dado algunas respuestas.
P.¿Y cómo les interpela todo eso a ustedes como pastores? Porque también les habló a ustedes directamente en Añastro, en la sede de la Conferencia Episcopal Española...
R. Nos está diciendo que nosotros, los obispos, tenemos que salir a la calle. Tenemos que intentar responder a todos estos desafíos que la gente tiene. Para nosotros, para los obispos, es una llamada. Y también con nosotros el Papa fue muy valiente, con un mensaje muy fuerte, cuando nos dijo que el de los abusos era una llaga abierta en nuestra sociedad, que tenemos que practicar la justicia, la reparación, el compromiso, la acogida, el cuidado...
P. Volvamos al Congreso de los Diputados, a su discurso en el Parlamento. ¿Cree usted que, más allá de los siete minutos de aplausos, el mensaje ha calado?
R. Sí, sí. Bueno, eso me parece... A mí el discurso me pareció, como dice en Roma, un capolavoro, un texto magnífico. Esa invitación a desactivar las polarizaciones, más allá de esa diversidad de posiciones políticas... Tenemos que recuperar una ética, una coherencia... Frente a una sociedad fragmentada, tenemos que buscar el bien común. Reconozco que sentía no miedo, pero sí un poco de inquietud por ver qué diría el Papa a los políticos .
R. Y les habló directamente a ellos y a mí me dio la impresión de que los políticos acogían, que aceptaban, estaban de acuerdo en lo que decía. Lo que sucede es que luego hay que ver cómo todo aquello se traduce en la práctica, si después de esas palabras, qué hacen los políticos para ver cómo salimos de esta situación difícil en que estamos. Pero, ¿calará eso? Porque hay veces en que lo que nos entra por un oído, por el otro se nos va. Esto me da miedo.
R. Ojalá tomásemos aunque fuese un veinte por ciento de lo que nos dijo el Papa, que lo asumiésemos. Pero, ¿será posible? No lo sé. ¿Qué repercusiones, qué actitudes han venido después del encuentro con el Papa? ¿Ha habido algún paso adelante o seguimos en las mismas posturas, en la misma polarización, en esta sociedad fragmentada en la cual vivimos?