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Goleada sinodal del Papa en el Bernabéu: "La verdad es sinfónica y siempre nos supera"

El Papa, en el Bernabéu

No llegó en papamóvil. No le dio tiempo. El Papa fue hilvanando retrasos desde su reunión con las víctimas y en el acto de la Almudena, y al llegar a la altura de Casa Árabe, junto a la Feria del Libro, Prevost se detuvo. Una maraña de fieles se arremolinó en torno a las inmediaciones. No hubo caso. El Papa no fue a comprar libros, sino que se subió a un coche. Llegaba tarde al último gran evento del día, y de su estancia en Madrid: el encuentro con las comunidades diocesanas de Madrid, Getafe y Alcalá. Un auténtico canto a la sinodalidad, en un inmenso partido de fútbol compartido narrado, entre otros, por Manolo Lama y Paco González. "Hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre", reconoció el Papa.

Antes de la llegada del Papa, muchas actuaciones musicales, y la procesión de la Virgen de la Almudena y el Cristo de Medinaceli. El flamante nuevo presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, le esperaba con una camiseta con su nombre, 'León XIV'. Dentro, decenas de testimonios, y un gran espectáculo, presentado por Christian Gálvez y Patricia Pardo, a la espera del último discurso del Papa este lunes.

Fútbol en el Bernabéu

En su discurso, tras subirse a un buggie y escuchar los distintos testimonios, León XIV alabó "el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad". La música fue protagonista del evento, y también de las palabras del pontífice. "Vosotros sois la Iglesia diocesana en medio de un pueblo que ama la música, la danza y el estar juntos, pero que también conoce los conflictos, la resignación y, a veces, la desesperación, situaciones en las que el Evangelio puede abrir un camino a la esperanza", arrancó el Papa, quien reivindicó el testimonio del Evangelio "en la capital de un gran país europeo, sede de instituciones y organizaciones en las que se toman decisiones importantes para el presente y el futuro, pero también destino de millones de visitantes y de hermanos y hermanas en busca de nuevas oportunidades".

Riesgos del emotivismo

En una referencia a los riesgos del emotivismo, el Papa destacó que "vuestra alegría será contagiosa si, de ser una emoción pasajera, se convierte en un modo estable de ser, en un sentimiento profundo que renueva a las personas, a los grupos y a la comunidad diocesana". Una alegría que tiene que formar parte de la vida cotidiana, y que "nos llama a la responsabilidad de la acción".

Actuación en el Bernabéu

Respondiendo a alguno de los testimonios, Prevost señaló cómo "el Bautismo cambia verdaderamente la vida", y lo hace con distintas sensibilidades. "No hay que temer el hecho de que nunca produzca uniformidad", glosó, proponiendo -como ya hiciera en Magnifica Humanitas- la reconstrucción de Jerusalén frente a la Babel bíblica, "donde todos, según el relato bíblico, obligados a un proyecto totalitario y meramente humano, terminaron por no entender a su prójimo". 

La Iglesia, y la ciudad

"Existe una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que cobra aún mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo", recordó el Papa, que reivindicó el "camino sinodal", que "nos ha permitido conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en los que la comunidad diocesana vive y se configura". ¿Llega al alma de las ciudades?, se pregutó el Papa.

"Dar una respuesta puede ser difícil, pero es posible si buscamos juntos la verdad.", subrayó. "Por eso es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía", advirtió. Porque "la verdad es sinfónica y siempre nos supera", porque sin búsqueda "no hay evangelización".

León XIV, con Cobo

"En las grandes ciudades, más que en otros lugares, a veces nos parece que ya no tenemos los mapas para movernos con seguridad. Entonces hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza", insistió, volviendo a recordar que "Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y “almas” diferentes".

"Todos, sin excepción, están hechos para la vida y para la vida en plenitud", añadió Prevost. "La presencia de la Iglesia en una gran ciudad es una parábola de este misterio de salvación", recalcó, añadiendo que "no es fortuito que fuera precisamente en las ciudades donde los apóstoles implantaron la Iglesia naciente, encontrándose no sólo con el rechazo, sino también con la acogida allí donde, de forma más natural, las personas se enfrentan a la diversidad y al cambio".  

"Juntos, como Iglesia diocesana, podéis ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad. Tened confianza en el hecho, cada vez más evidente, de que se puede volver a la fe o conocerla por primera vez en la edad adulta", recalcó, animando a "la inversión en los consejos parroquiales y diocesanos", que busca "modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia".

"Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos", cuando "son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama. Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad".

Un Bernabéu abarrotado

En este sentido, animó a los sacerdotes a "reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio". "Queridos hermanos, sin apartaros de lo esencial, el hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio", fundamentó el pontífice. Frente a ello, "cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu". "No os espantéis de todo esto, disfrutadlo". 

"¡He aquí la Iglesia, queridos hermanos y hermanas! He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso", concluyó el papa, pidiendo a la Iglesia de Madrid "Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios".

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