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Primer aniversario de la elección de León XIV

León XIV no viene a alimentar trincheras

Me impresiona ver cómo algunos utilizan el nombre de “cristianos” mientras promueven división, enfrentamiento y odio. Utilizar el nombre de Dios para atacar, desacreditar o sembrar discordia no responde al Evangelio. El Evangelio nunca se impone desde la agresividad, ni desde la descalificación permanente, ni desde el resentimiento

Sor Lucía Caram, con el Papa León | Mario Tomassetti

He visto con tristeza cómo algunos sectores están intentando politizar la visita del Papa León a España. Y sinceramente creo que no han entendido ni quién es el Papa, ni cuál es su misión, ni qué significa realmente el Evangelio.

El Papa no viene a hacer campaña política, ni a alinearse con ideologías, partidos o estrategias de poder. Viene como pastor. Viene a abrir caminos de encuentro, a confirmar en la fe, a recordar la dignidad humana y a poner en el centro a los últimos, a los pobres, a las víctimas de las guerras, a los descartados y a quienes sufren. Esa ha sido siempre la misión de la Iglesia cuando es fiel al Evangelio.

Me impresiona ver cómo algunos utilizan el nombre de “cristianos” mientras promueven división, enfrentamiento y odio. Utilizar el nombre de Dios para atacar, desacreditar o sembrar discordia no responde al Evangelio. El Evangelio nunca se impone desde la agresividad, ni desde la descalificación permanente, ni desde el resentimiento. El Evangelio llama a la fraternidad, al respeto, a la verdad y a la misericordia.

El propio Papa León lo dejó claro cuando algunos quisieron empujarlo a polemizar políticamente sobre Donald Trump. Él respondió que no había venido a enfrentarse con políticos, porque su misión no era la de un dirigente político, sino la de un pastor. Y esa diferencia es fundamental. Mientras muchos viven atrapados en la lógica del enfrentamiento permanente, el Papa insiste en que la Iglesia debe construir puentes y no muros.

Por eso duele ver cómo algunos quieren convertir su visita en un arma ideológica. Intentar utilizar al Papa para las propias batallas culturales o partidistas es una forma de profanar el sentido profundo de su presencia. Es usar el nombre de Dios en vano.

Tal vez haría falta levantar un poco la mirada y salir de ciertas dinámicas cerradas, de ciertos discursos alimentados por el miedo y la hostilidad. El mundo ya tiene demasiado odio, demasiada polarización y demasiada violencia como para que también los creyentes contribuyamos a eso.

Ojalá que la visita del Papa León nos deje algo distinto. Ojalá nos ayude a reencontrarnos con lo esencial: la fe, el respeto, la dignidad humana y el compromiso con los demás. Ojalá nos deje una Iglesia más abierta, más humana y más evangélica. Y ojalá entendamos, de una vez, que el Evangelio no se utiliza para dividir, sino para recordar que todos somos hermanos.

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