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El enfrentamiento de pobre contra pobre.

“Policías y obreros o campesinos pertenecen todos a la clase pobre. La maldad del sistema es lograr el enfrentamiento de pobre contra pobre. Dos policías muertos son dos pobres que han sido víctimas de otros tal vez pobres también, y que en todo caso son víctimas de ese dios Moloc, insaciable de poder, de dinero, que con tal de mantener sus situaciones injustas no le importa la vida ni del campesino, ni del policía, ni del guardia, sino que lucha por la defensa de un sistema lleno de pecado.” (30 de abril de 1978)

Lo que monseñor Romero denunció en relación con el enfrentamiento entre los pobres sigue siendo una dura realidad.

La expresión más violenta son los asesinatos, desapariciones y extorsiones perpetrados por las pandillas (en su gran mayoría, miembros de familias pobres), que el pueblo salvadoreño ha sufrido durante varias décadas. Aunque la cantidad de homicidios ha bajado drásticamente, no han desaparecido.

Menos violento, pero igual de grave, es el enfrentamiento entre pobres utilizado en las campañas electorales de los partidos políticos. De repente, aparecen candidatos y candidatas a diputados que van «al terreno» para, según dicen, «conocer la problemática de la población». Muchos de ellos ya han estado en la Asamblea. No faltan los regalos electorales, como camisetas, gorras, broches, banderas, láminas, escobas y, sobre todo, un rosario de promesas que solo pretenden conseguir votos. Luego, en las mismas comunidades, los pobres seducidos por un partido se enfrentan a los pobres seducidos por otro partido. Los partidos, como indica su propio nombre,  parten, «dividen» al pueblo según sus intereses. «En todo caso, son víctimas de ese dios Moloc, insaciable de poder y dinero». Todos prometen resolver los grandes problemas del país y sacar a la gente pobre de la miseria, pero, una vez en el poder y disfrutando de todos los beneficios del cargo (en la Asamblea, la alcaldía o el gobierno), ya no mencionan sus promesas ni vuelven al terreno. Las y los pobres son seducidos para hacer campaña por el partido y, para ello, deben excluir a las y los pobres de los otros partidos, a los que se considera traidores, vendidos, lamebotas, etc.

Y las iglesias tampoco estamos fuera de ese enfrentamiento entre pobres. En los barrios de las ciudades, en las aldeas, caseríos y cooperativas de zonas rurales, las iglesias también tratamos de convencer, de «seducir», a las personas pobres para que se afilien a «nuestra iglesia». El proselitismo sigue siendo muy agresivo en nuestro país y no se observa mayor ecumenismo entre iglesias. Lo más triste es que se acusa a la otra iglesia de ser culpable de la deserción de nuestra comunidad, sin preguntarnos por qué no somos capaces de vivir y predicar el evangelio de tal manera que las personas pobres se reconozcan en ella. No faltan acusaciones graves que son meras manipulaciones debidas a la falta de conocimientos bíblicos básicos, de manera que las y los pobres de una iglesia lleguen a odiar y excluir a los de otra iglesia. Las iglesias juegan un papel importante en la dinámica de división del pueblo y enfrentamiento entre pobres. En lugar de unirnos para luchar juntos por «arrancar de raíz el sistema injusto» que provoca y genera pobreza, muchas veces fortalecemos la indiferencia, la separación y la división. Pertenecer a mi iglesia, a mi culto, es más importante que seguir a Jesús en la construcción del Reino de Dios en esta historia. Es triste.

Monseñor Romero denunció todas esas dinámicas que generan enfrentamiento entre pobres. Como iglesias, tenemos que revisar nuestra conducta y nuestras actitudes. Si no somos semilla del Reino de Dios ni fermento de unidad del pueblo en sus luchas por la vida, dejamos de ser cristianos, a pesar de nuestro culto, nuestra doctrina, nuestra estructura y nuestros templos. No tengamos miedo de asumir como prioridad la causa de los pobres y su liberación.

Cita 9 del capítulo V  (Pecado y conversión)  en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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