Mi palabra quiere ser una palabra de esperanza y de fe
“Y verán queridos pobres, queridos oprimidos, queridos marginados, queridos hambrientos, queridos enfermos, que ya está fulgurando la aurora de la resurrección. Para nuestro propio pueblo también ha de llegar esa hora, hermanos. Hemos de esperarla, como cristianos, no solo en dimensiones políticas coyunturales, sino en dimensiones de fe y esperanza. Esta es la misión que yo estoy cumpliendo. Y por eso mi palabra quiere ser una palabra de esperanza y de fe en Jesucristo.” (11 de noviembre de 1979).
Las protestas populares en El Salvador contra el proyecto de construcción de viviendas, iglesias (entre otras, la catedral de la Virgen de Fátima, de los Heraldos del Evangelio), hoteles y centros comerciales en una zona fundamental para la recogida de aguas lluvias, cerca de San Salvador, promovido por la familia oligárquica Dueñas, no han tenido éxito. El proyecto está en marcha. Los Heraldos ya tienen su catedral. Durante años se ha luchado para detener y prohibir la minería metálica en El Salvador y se logró una ley que la prohibía; sin embargo, las leyes pueden cambiarse y ahora nuevamente se ha abierto la posibilidad. La situación económica familiar no ha mejorado sustancialmente y muchas familias sobreviven gracias a las remesas de sus familiares en el extranjero.Durante varias décadas, las familias han sufrido extorsiones, robos y asesinatos en masa. Hoy, con mucha menos violencia diaria en las calles y barrios, hay miles de familias que tienen a algún miembro en la cárcel. También hoy hay mucha «cruz» en nuestros pueblos.
Monseñor Romero ubica su misión pastoral en esa línea: «Para nuestro propio pueblo también ha de llegar esa hora (de la resurrección), hermanos». La pandemia de hace unos años afectó a la salud y a la economía de nuestro pueblo. Aunque no ha sido demasiado grave, los huracanes que han pasado por Centroamérica han afectado a varias familias, que son las primeras víctimas de la destrucción causada por el ser humano. Hace poco vimos la tremenda destrucción causada en Jamaica, Cuba y Haití. Y, por supuesto, también hemos llegado a situaciones de crisis y confrontación a nivel político.
¿Dónde encontramos hoy palabras de esperanza? En algunas iglesias se predican mensajes baratos sobre la salvación en Cristo que no tienen nada que ver con la realidad de crisis que vivimos como personas, como familias y como país. En otras, se limitan a repetir textos oficiales sobre la fe y la esperanza. En realidad, hoy en nuestros países se escuchan muy pocos mensajes de esperanza relacionados con las crisis que estamos viviendo. Algunos analistas acusan al presidente de sembrar el miedo, mientras que, en sus análisis de la actuación del Gobierno, no hacen otra cosa que anunciar – muchas veces en un lenguaje vulgar - la destrucción apocalíptica de la frágil democracia, fruto de los Acuerdos de Paz. Monseñor afirma: «Esta es la misión que estoy cumpliendo. Y por eso mi palabra quiere ser una palabra de esperanza y de fe en Jesucristo».Para él, esa palabra estaba encarnada en la realidad, nacía de las heridas del pueblo.
Hoy vemos esperanza en las pequeñas iniciativas de algunas comunidades cristianas que siguen siendo sal, luz y fermento en su barrio, y que atraen a los vecinos precisamente por la esperanza que irradian. Vemos esperanza en los compromisos concretos de servicio del personal sanitario, tanto en el terreno (las promotoras) como en centros de salud y hospitales. Vemos esperanza en los esfuerzos de tanta gente sencilla con sus pequeñas actividades económicas de subsistencia. Vemos esperanza en los maestros y maestras que, a pesar de las limitaciones, siguen su vocación.
En Europa también suenan tambores de guerra y, en lugar de prepararse para la paz, los gobiernos prefieren prepararse para la guerra. Se invierten millones y millones de euros en la compra de armas. Nuestros gobiernos quieren «ahorrar» y, en lugar de exigir aportaciones reales a los más ricos, prefieren quitar prestaciones sociales a quienes no son tan ricos, incluso a los más débiles, que apenas logran sobrevivir.En la última campaña electoral holandesa, el líder del partido de extrema derecha dijo: «Hay que quitar todo el apoyo al desarrollo (a los países del sur) y bajar los impuestos sobre la comida en Holanda», y añadió: «En África habrá un poco más de hambre, pero habrá menos en Holanda». A los migrantes se les considera la causa principal de las crisis que sufrimos.También en Europa tenemos que seguir construyendo esos espacios de esperanza.
Ahí donde se asoman los valores del Reino de Dios, se escucha y se vive «una palabra de esperanza y de fe en Jesucristo». Estemos atentos y despiertos para captarla.
Cita 8 del capítulo IX(La esperanza) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”