Para un bello río
¡Feliz lunes! La música de hoy es muy conocida porque ha sido utilizada en multitud de ocasiones. Y es que si la música da para todo eso (y para más) esta en particular es especialmente adecuada. Sin embargo, el compositor, aunque conocido, no está del todo presente que debiera en las salas de conciertos.
El maestro de hoy es Bedřich Smetana (1824-1884), compositor checo nacido en Litomyšl. También era director de orquesta y crítico musical. Sus obras tenían tanta personalidad que su estilo se convirtió en paradigma del estilo musical checo. Sus óperas se convirtieron en el canon de la ópera nacional. Aunque procedía de familia adinerada, sus miras fueron siempre dedicarse a la música, cosa que consiguió. Una vez consolidada su formación, llegó a tener mucha fama en la sociedad checa. Sus óperas se convirtieron en un modelo de exaltación nacionalista checa. La que le consagró definitivamente fue La novia vendida, influyendo en otros compositores checos como Antonín Dvorák. A finales de 1874 se volvió completamente sordo, pero eso no le impidió componer, al contrario: empezó uno de los periodos más fructíferos de su vida.
Una de sus obras más conocidas es el ciclo de poemas sinfónicos llamado Má vlast («Mi patria»). De esos poemas sinfónicos, en 1874 compuso el llamado Vltava («El Moldava») dedicado al famoso río que, entre otros lugares, pasa por Praga. Se trata de una pieza totalmente descriptiva (que no programática) del río durante todo el curso del mismo. Surgió tras un viaje del compositor a lo largo del río. La composición describe el curso del Moldava, empezando por las dos pequeñas fuentes, el Moldava cálido y frío, y luego a la unión de las dos corrientes en una; viene a continuación el curso del Moldava a través de los bosques y paisajes en los que se celebra la boda de un campesino, una danza de las ninfas a la luz de la luna, en las rocas de los castillos, palacios y ruinas. El Moldava luego fluye por los rápidos de san Juan y continúa ensanchándose hasta su paso por Praga, pasa en castillo del Vyšehrad y mayestáticamente se desvanece en la distancia, terminando por desembocar en el Elba.
La interpretación es de la Orquesta Filarmónica Checa dirigida por Semyon Bychkov.