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“A ella le pidieron silencio; él siguió en la parroquia”: las preguntas sin respuesta en el caso del sacerdote presunto abusador Jimmy Mogrovejo

La audiencia judicial en contra del sacerdote Jimmy M., procesado por la presunta violación de una adolescente en el norte de Quito, fue suspendida este miércoles 19 de agosto de 2026 en el Complejo Judicial Norte

El arzobispo de Quito, monseñor Espinoza, y Jimmy Mogrovejo en una foto de 2023

La audiencia judicial en contra del sacerdote Jimmy M., procesado por la presunta violación de una adolescente en el norte de Quito, fue suspendida este miércoles 19 de agosto de 2026 en el Complejo Judicial Norte. La diligencia no pudo llevarse a cabo debido a incidentes procesales. Ante este escenario, el tribunal penal correspondiente deberá reprogramar la sesión y notificar una nueva fecha para la comparecencia de las partes.

El caso, que ha generado una profunda indignación social, se remonta a denuncias de agresiones sexuales sufridas por la víctima desde que tenía 14 años de edad. La Comisión de Víctimas de Violencia Sexual Clerical en Ecuador (COVSFE) ha mantenido un rol activo en el acompañamiento y visibilización de este proceso. La organización exige celeridad y transparencia radical a la Función Judicial para evitar que el paso del tiempo devenga en impunidad.

Actualmente, el implicado afronta el proceso penal en libertad, bajo la vigencia de medidas sustitutivas que le imponen presentarse de forma periódica ante la autoridad judicial y la prohibición de salir del país. En los próximos días, la defensa de la víctima y la Fiscalía General del Estado esperan la nueva convocatoria para presentar las pruebas testimoniales, periciales y documentales recabadas durante la etapa de instrucción.

En fefinitiva, la última información verificable disponible sobre el caso de Jimmy Antonio Mogrovejo mantiene abiertas las preguntas esenciales: qué respuesta recibió la denuncia de una menor, qué medidas cautelares o canónicas se adoptaron y por qué, según las denuncias publicadas, el sacerdote continuó vinculado a su parroquia mientras la víctima y su familia reclamaban protección.

En un reportaje de Religión Digital, publicado en septiembre de 2024, se señalaba que la madre de la adolescente había presentado una denuncia ante la Fiscalía ecuatoriana y que Mogrovejo había negado los hechos en sede judicial.

La gravedad del caso no reside únicamente en las acusaciones contra el sacerdote, entonces párroco de Santa Cruz de Casitagua, en el noroccidente de Quito. Interpela también a quienes, teniendo responsabilidad pastoral e institucional, debían priorizar a la presunta víctima, activar los protocolos de protección y evitar cualquier forma de presión, silencio o revictimización.

Jimmy Antonio Mogrovejo Castro, religioso agustino exclaustrado e incardinado en la arquidiócesis de Quito, fue denunciado por la madre de una adolescente -identificada con el nombre ficticio de Fanny- por presuntas agresiones sexuales reiteradas. El sacerdote era miembro del Camino Neocatecumenal y dirigía catequesis de los Kikos en la parroquia de Santa Cruz de Casitagua, según el relato publicado por Religión Digital.

La historia se remonta a octubre de 2023. La menor, que padecía epilepsia y depresión tras sufrir acoso escolar, acudía a las catequesis del movimiento. De acuerdo con el reportaje, Mogrovejo habría conocido durante una confesión la mala relación de la joven con su padre y se habría ofrecido a ocupar ese lugar. El “yo puedo ser tu papá” habría sido el inicio de una relación de control y dependencia espiritual que, según la denuncia de la madre de la niña, derivó en llamadas nocturnas, mensajes y encuentros a solas.

La investigación periodística describe un mecanismo de manipulación especialmente grave, al mezclar autoridad religiosa, temor y coerción emocional. Según ese relato, el sacerdote habría advertido a la adolescente que Dios la castigaría si no acudía a sus citas y le habría pedido usar una aplicación que borraba los mensajes. Entre enero y marzo de 2024 se habrían producido los abusos denunciados.

Tras cada uno de esos encuentros, siempre según el testimonio recogido por Religión Digital, Mogrovejo habría presentado la relación como una forma de amor bendecida por Dios: “La única forma de ser una niña buena es seguir con nuestros encuentros, pues el nuestro es un amor que Dios bendice y que salvará tu alma, porque es una nueva forma de amar”. Una frase que, de confirmarse los hechos, revelaría el uso perverso del lenguaje religioso para someter a una menor.

Anulada la audiencia por el caso Mogrovejo

El 6 de febrero de 2024, cuando la chica cumplió 15 años, el sacerdote le habría escrito una carta presentándose como su “papá” e invitándola a comer. Ante la negativa de la adolescente, el clérigo le habría dicho que tenía “otras chicas” que eran “sus hijas” y la habría amenazado con desacreditarla ante el barrio y la comunidad parroquial si lo denunciaba.

La denuncia recoge un episodio posterior, fechado el 5 de marzo de 2024, en el que la menor habría sido engañada para salir de su domicilio, trasladada a un descampado y agredida de nuevo. Al día siguiente, Mogrovejo la habría llamado para decirle: “Conseguí lo que quería”. Religión Digital vincula las agresiones denunciadas con un agravamiento de la depresión de la adolescente y con intentos de suicidio.

La confesión y el silencio

Uno de los aspectos más inquietantes del caso es la supuesta admisión de culpa ante la madre, la menor y responsables del Camino Neocatecumenal. En una de las citas recogidas por el reportaje, Mogrovejo afirmó: “Yo soy el desgraciado, lo peor, la basura, soy el culpable. Yo únicamente, yo abusé de Fanny”. El sacerdote también habría enviado a la madre un mensaje pidiendo perdón “por todo el daño” causado a la familia.

Sin embargo, el reconocimiento extrajudicial referido por la familia no se tradujo, según el reportaje, en una respuesta centrada en proteger a la menor. De hecho, dirigentes del Camino Neocatecumenal pidieron a los padres que no denunciaran, “para no hacer daño al Padre Mogrovejo, a la Iglesia ni a la comunidad”, y les exigieron silencio. Mogrovejo, por su parte, negó posteriormente el delito ante la Fiscalía.

Pancarta contra cura abusador de Quito

La activista Sybel Martínez difundió en septiembre de 2024 que existía una indagación previa interna en la Iglesia y una denuncia ante la Fiscalía por presunta violación de una menor de la parroquia.

La responsabilidad de Quito

La acusación más grave en el plano institucional recae sobre el arzobispo de Quito, Alfredo Espinoza. Religión Digital sostenía entonces (y sigue sosteniendo ahora) que monseñor Espinoza conocía la situación, visitó al sacerdote en varias ocasiones y lo mantuvo al frente de la parroquia; además, no se puso en contacto con la presunta víctima ni con sus padres.

Tras todo este iter, no se trata de exigir una condena pública anticipada ni de sustituir a la justicia. Se trata de una exigencia mínima de protección: cuando una menor denuncia abusos por parte de un sacerdote, la prioridad no puede ser la imagen de una parroquia, un movimiento o una diócesis. Debe ser la seguridad de la víctima, su atención psicológica y jurídica, la preservación de posibles pruebas y la plena colaboración con las autoridades civiles.

Mientras no haya una explicación clara sobre las medidas adoptadas, el silencio de la arquidiócesis alimenta la desconfianza. Y si se confirma que el sacerdote permaneció en funciones tras conocerse las acusaciones, la pregunta deja de ser solo qué hizo presuntamente Jimmy Mogrovejo. La pregunta es qué hicieron -o dejaron de hacer- quienes tenían la obligación de impedir que una menor quedara sola frente al poder de un clérigo y de una estructura que, según la denuncia, priorizó el silencio, capitaneada por el arzobispo Espinoza.

Espinoza y Mogrovejo en 2024

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