10 de abril: Viernes de la Octava de Pascua
10 de abril: Viernes de la Octava de Pascua
Texto evangélico
“Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red” (Jn 21, 2-11).
Comentario
El texto señala a siete de los discípulos que se fueron a pescar. No obtuvieron peces, por más que pasaron toda la noche. El siete simboliza la totalidad, y el hecho de que se fueran a pescar indica hasta qué punto habían desistido de Jesús, pues regresaron al trabajo que ejercían antes de haber sido llamados por el Nazareno.
Sorprende la abundancia de las redes llenas, la cantidad de peces grandes, que evoca rápidamente otra experiencia: «Rema mar adentro y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse (Lc 5, 4-6).
Aquí, el discípulo amado reconoce al Señor, y Pedro es quien arrastra la red repleta de peces, una prodigalidad que se une a la multiplicación de los panes y los peces, a las seis tinajas de piedra llenas de agua convertida en vino, al derroche de amor del padre de la parábola y a la llamada a perdonar setenta veces siete.
Propuesta
Confiesa a Jesús, Señor resucitado.
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