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Benavent, Arzobispo de Valencia:”Resucitemos con Cristo a una vida llena de esperanza”

Arzobispo Benavent visitando los lugares afectados por la dana | V. Gutiérrez

En su carta pastoral con motivo de la Pascua para felicitar y animar a sus diocesanos, Enrique Benavent, comienza desde la emotividad y los sentimientos, invitándonos a ponernos en el lugar de aquellos hombres y mujeres que siguieron de cerca a Jesús e intenta responder a esta pregunta: ¿Qué sentirían en lo más profundo de su ser esa noche del viernes santo? Responde: “Una tremenda desilusión les invadía. Ellos y ellas habían conocido a Jesús, lo habían dejado todo y le habían seguido, habían escuchado su palabra y se habían ilusionado con su persona y con su mensaje. Pero ahora el Señor estaba muerto”. Entre la ilusión y la desilusión se imponía el hecho inexorable de la muerte de Jesús. 

Y compara esta realidad con nuestras experiencias vitales para que podamos adivinar o acercarnos a aquellos primeros testigos: “Su situación sería semejante a la que experimentamos las personas cuando nos ilusionamos con algo o con alguien y esa ilusión desaparece de pronto del horizonte de nuestras vidas. Lo único que nos queda a las personas cuando vivimos una situación como esa es un vacío inmenso”. La experiencia del vacío inmenso, unida a otros sentimientos: “Los sentimientos de los personajes que aparecen en los relatos pascuales no dejan lugar a dudas: habían perdido la esperanza (Lc 24, 21), tenían miedo y cerraban las puertas cuando se reunían (Jn 20, 19), el dolor les invadía el corazón (Jn 20, 11), eran duros para creer (Mc, 16, 11; Lc 24, 11), estaban turbados y dudaban (Lc 24, 38), etc…”. Pérdida de esperanza, miedo, dolor, turbación y dudas. Todo esto será la puerta de entrada para entender la experiencia de la Resurrección: “Los encuentros con el Señor transforman los sentimientos de los personajes de la Pascua: donde había duda aparece la fe, en medio del dolor brota el gozo, la turbación deja paso a la paz de quien se ha encontrado con el Señor, un horizonte nuevo de esperanza aparece en la vida de aquellos creyentes. A medida que se encontraban con el Señor y eran recuperados para la fe experimentaban no sólo que Cristo había resucitado, sino que ellos resucitaban con Él”.

Por eso, como resume Benavent en su carta: “La muerte no había tenido la última palabra sobre Cristo. Él estaba vivo. Encontrarse con Él había sido el gran regalo que Dios les había hecho. Fue también una experiencia de libertad: ni el pecado ni la muerte tienen la última palabra sobre el hombre. La victoria es de nuestro Dios y del Cordero”. En consecuencia la primera comunidad cristiana asumió esta verdad: “Desde esa certeza, ellos vivirán para anunciar a Cristo: Cuando van a anunciar a otros la resurrección de Cristo y lo dan a conocer, cuando se conviertan en anunciadores del Evangelio y en testigos del resucitado…”.

Finalmente, el Arzobispo de Valencia, felicita a todos y nos invita: “Nosotros no podemos celebrar la Pascua como un recuerdo de algo que sucedió en el pasado. Cristo ha resucitado, resucitemos con Él a una vida nueva, resucitemos con Cristo a una vida llena de esperanza. Que la alegría de haber conocido al Señor, sea el mejor testimonio que ofrezcamos a nuestro mundo”. La liturgia de estos días nos recuerda es la actualización de nuestra fe, aquí y ahora.

Que la oscuridad del viernes santo nos lleve a la luz de la Resurrección y amplíe nuestros horizontes de esperanza, a pesar de las grandes sombras de nuestro mundo actual. 

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