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¿Por qué Roma no prohibe de paso predicar a muchos curas?

¿Qué diferencia hay entre la reflexión de una laica y un laico que reúnen, ante la ausencia de cura, a la comunidad cristiana en un pueblo apartado de la Alemania o la España profunda? ¿Acaso a esa comunidad esa actuación no les hace crecer en la Fe? Muchos predicadores de la Iglesia Primitiva, que extendieron el evangelio con entusiasmo no eran curas. Eran enviados por sus comunidades, como Pablo

Anunciar el Evangelio es tarea de todos

Este es el titular de la noticia, que publicaba Jesús Bastante: “Roma prohibe a los obispos alemanes dejar que los laicos pronuncien la homilía”.

Me precio de tener muy buenos amigos y alumnos curas de pueblo o de ciudad, y me consta que preparan concienzudamente sus homilías dominicales, e incluso diarias. Y por eso su predicación llega a la gente, incitándoles a vivir con mayor profundidad su vida cristiana. Por el contrario, conozco también curas, que ni se preparan la homilía, ni saben de la gente que tienen delante y por lo tanto su predicación no sólo no llega, sino que espanta a las personas creyentes. 

Para una “buena” homilía no es necesario que el cura sea un dechado de la oratoria. ¡Cuántas homilías aparentemente brillantes solamente sirven para que el cura de turno sea encumbrado en olores de santidad y nada más! Como decía San Francisco en una de sus admoniciones:”los santos hicieron las obras y nosotros, recitándolas, queremos recibir gloria y honor”. Unas sencillas palabras, bien rezadas, meditadas y pensadas sin duda pueden sonar a sentidas y convincentes. Y, sobre todo si están acompañadas de un testimonio vital de entrega y pasión por la Palabra de Dios.

A Roma parece que le duele el término “homilia”, reservado exclusivamente a los curas, pero no le duele la mala praxis homilética de muchos sacerdotes, que muchas veces se dirigen a sus fieles a salto de mata sin ningún calor, ni tampoco preparación

A Roma parece que le duele el término “homilia”, reservado exclusivamente a los curas, pero no le duele la mala praxis homilética de muchos sacerdotes, que muchas veces se dirigen a sus fieles a salto de mata sin ningún calor, ni tampoco preparación. Sin olvidar aquellos que les gusta disponer del tiempo de sus fieles prolongando sus reflexiones más allá de la media hora, repitiendo siempre lo mismo y sin ningún anclaje con la realidad de los fieles. Además muchas veces los horarios de las misas coinciden con las horas antes de las comidas, y Como decía un viejo “adagio”, el que no mueve los corazones a los cinco minutos, los fieles, empiezan a mover otra cosa….Muchos curas después de estudiar la carrera eclesiástica no han leído un sólo libro de teología bíblica, ni tampoco se han actualizado en ninguna de las ramas del currículo teológico. Lamentablemente se limitan a repetir como loros, de manera acrítica, muchas enseñanzas ya obsoletas al menos en la forma. 

¿Qué diferencia hay entre la reflexión de una laica y un laico que reúnen, ante la ausencia de cura, a la comunidad cristiana en un pueblo apartado de la Alemania o la España profunda? ¿Acaso a esa comunidad esa actuación no les hace crecer en la Fe? Muchos predicadores de la Iglesia Primitiva, que extendieron el evangelio con entusiasmo no eran curas. Eran enviados por sus comunidades, como Pablo (Hch 13,1-3). 

La Iglesia Alemana, a la que conozco muy bien, si continúan con esa dinámica se les puede ir de la mano. Si hay un laicado en Europa bien preparado teológicamente y comprometido es el alemán. Hay que revisar y actualizar ciertos postulados, que no deben ser dogmáticos, a la luz de los signos de los tiempos. O es el tiempo, en serio y de verdad, de la Sinodalidad y de la emergencia de los laicos en las tareas eclesiales o no seremos creíbles. 

Si Roma continúa con las prohibiciones llegará un día que el cura tendrá que leer las lecturas, el evangelio y la homilía. El miedo atenaza a los purpurados romanos responsables de estos menesteres. Y el miedo es un mal consejero.

Bravo por los curas que se curran las homilías...

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