Nuestra “Penitencia” se ha alejado del Evangelio (Domingo 23º TO A 06.09.2026)
La Penitencia se ha convertido en un “ajuste de cuentas”, que violenta la dignidad personal
Jesús, ilumina a los responsables de la Iglesia para vivir los derechos humanos también en la iglesia
Comentario: “... allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 15-20)
El capítulo dieciocho se le califica de “discurso eclesiástico o comunitario”. El clima comunitario debe ser la confianza y sinceridad de los niños (1-5). El trato mutuo tiene peligros (6-14). Solución de conflictos (15-20). El perdón debe ser constante (21-35). Ya el “sermón de la montaña” daba la pauta base para arreglar conflicto personales: frente al “no matarás” mandaba el Amor fraterno (Mt 5,21-26).
En la comunidad de Mateo hay problemas:gente ávida de primeros puestos, escándalos, desprecio de débiles, luchas y ofensas. Leemos, en primer lugar,una conducta personal:“Si tu hermano peca contra ti”. Quien hace daño a otro, “peca”: ofende al Padre, al Hijo y al Espíritu. ¿Cómo recuperar la reconciliación? Jesús no recurre un rito, ni a una persona sagrada con poderes especiales y únicos para perdonar en nombre de Dios. Jesús da como salida la reconciliación mutua: “repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano”. “Has salvado” es lo mismo que le has devuelto a la vida en Cristo, al Amor.
El mutuo perdón es perdón de Dios: “todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos”. Dios está en la reconciliación. Santiago sugiere:“confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo” (Sant 5,16).La intervención de dirigentes eclesialesempieza en el s. III. Hasta el s. XVI vale el perdón dado por la bendición de un cristiano. San Ignacio de Loyola cuenta que “venido el día que se esperaba la batería, se confesó con uno de aquellos sus compañeros en las armas” (Autobiografía c. I,1).
“Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos”. No es fácil analizar problemas, examinar responsabilidades, reparar los daños, propiciar enmiendas… Último recurso: “díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano”.Pasos necesarios en situaciones complejas y de cerrazón, para ampliar la mirada, discernir, ser neutrales… Si no quiere la reconciliación, no acepta la comunidad. Y si no acepta la comunidad, debe considerarse “como un pagano o un publicano”. En los sinópticos, Jesús se sienta a la mesa “con publicanos y pecadores” (Mt 9,10ss, Mc 2,15ss; Lc 5,29-39). Dignos de atención preferente.
El grupo cristiano tiene “poder de atar y desatar”: interpretar y solucionar, con el espíritu de Jesús, toda situación.La evolución del sacramento de la Penitencia ha sido lenta y se ha optado por el control excesivo de los dirigentes eclesiales. El concilio de Trento aprobó una disciplina (la necesaria declaración detallada de pecados graves) fundamentada en dos hechos falsos. Uno: que siempre fue así. Y otro: que el sacerdote actúa como juez, función que Jesús no adjudicó a los apóstoles. La disciplina actual permite tres formas de celebración. Pero la más evangélica, forma “C” (confesión y absolucióngrupal), está limitada a “necesidad urgente”. A pesar de sermás humana (no se puede obligar a revelar la intimidad), y “estarevangélicamente fundada, históricamente ratificada, dogmáticamente correcta, pastoralmente recomendable” (D. Fernández García: Celebración comunitaria de la Penitencia. Ed. Utopía. Madrid 1999. J. Costadoat sj: “El sacramento de la reconciliación no se corresponde con los estándares de la humanidad de la época” (RD 10-03.2023).
Los cuatro últimos versículos avalan la presencia de Jesús en su comunidad.Como reconoce Pablo: “nosotros tenemos la mente de Cristo” (2Cor 2,16). Desde la conversión a Jesús nos hacemos cargo de este impresionante don: “todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos…. Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (vv. 18-20). La autoridad eclesial lo ha parcelado yjudicializado. Ha sometido a su control total el “sentido de los fieles” (el Espíritu de Jesús que nos habita). Tras ignorar durante siglos elque “los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir” (He 15,22. 25.28…), están volviendo a la sinodalidad original. Pero hay temas que se niegan a analizar y, peor aún, a darles solución evangélica. Están dando fragmentos de poder, pero la disciplina clerical y sus poderes no se tocan. Creo acertado el diagnóstico de R. Narbona: “Desgraciadamente, tras el invierno eclesial propiciado por Wojtyla y Ratzinger, ya quedan muy pocos curas de la “vieja escuela”. Los jóvenes seminaristas han recuperado el alzacuello y a veces la sotana. Me parece una involución lamentable. La Iglesia católica corre el riesgo de convertirse en un fundamentalismo antidemocrático... Necesitamos sacerdotes que remen a favor del camino sinodal... Abran las puertas a los grupos tradicionalmente excluidos de la Iglesia... Es muy descorazonador que las mujeres sigan excluidas del sacerdocio y el diaconado, pese a que Jesús se rodeó de mujeres y rompió tabúes...” (Rafael Narbona. Entrevista. RD 13 mayo 2026).
Oración: “... allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,15-20)
Hoy, Jesús, invitas a mirar nuestra Iglesia,
tu Iglesia, débil y llamada a la perfección;
su realidad histórica está llena de contradicciones;
desde no reconocer que «quemar herejes es contrario
a la voluntad del Espíritu Santo» (DS 1.483),
hasta el individualismo inhumano a costa del destrozo eclesial.
Sus dirigentes defienden los derechos humanos:
pero no los respetan en el seno de la Iglesia;
minusvaloran la libertad de los hijos de Dios:
“Donde está el Espíritu del Señor, hay libertad”(2Cor 3,17);
“Para la libertad nos ha liberado Cristo.
Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan
a someteros a yugos de esclavitud” (Gál 5,1s).
Las mujeres tienen menos derechos que los varones:
“las mujeres siguen sin ser reconocidas en todo su valor
al interior de la estructura jerárquica eclesial;
este es uno de los grandes errores en los que sigue
instalada la Iglesia Oficial actual;
la mujer es tan digna para el sacerdocio,
el episcopado y el papado como el varón;
mientras siga estando tan prohibida y marginada
nunca será la verdadera Iglesia de Jesucristo”
(Último blog de Faustino Vilabrille. RD 09.08.2026).
“El derecho a elección de estado y a fundar una familia”:
está prohibido a los clérigos occidentales,
mientras el Concilio Vaticano II lo incluye entre
los “derechos universales e inviolables” (GS 26);
el celibato “no es exigido por la naturaleza del sacerdocio,
como aparece por la práctica de la Iglesia primitiva (1Tim 3,2ss; Tit 1,6)
y por la tradición de las Iglesias orientales,
en donde… hay también presbíteros beneméritos casados” (PO 16).
Nuestra Penitencia se ha alejado de tu evangelio:
la Penitencia se ha convertido un “ajuste de cuentas”;
“reconciliar” hoy exige violentar la dignidad personal;
hoy tenemos conciencia de la intimidad inalienable;
detallar los pecados hiere la dignidad personal;
igual que los interrogatorios de conciencia.
La Iglesia no puede violar la intimidad:
no lo hiciste tú, Jesús (Lc 7,36ss;15,3ss; 18,9ss;23,40ss; Jn 8,1ss).
Los creyentes actuales creen intolerable
la exigencia de abrir su intimidad.
Saben que esta exigencia no procede del Evangelio,
sino de la disciplina eclesial.
Ahí radica en gran parte el abandono masivo.
No se ha perdido el sentido del pecado.
Ha crecido el valor supremo de su dignidad.
La exigencia evangélica para obtener el perdón:
es arrepentirse sinceramente
y decidir cambiar la vida según el evangelio
ante el representante tuyo, Jesús,
y de los hermanos.
La Iglesia puede revitalizar el regalo del perdón:
haciendo de “la forma C” un modo ordinario
de celebrar este sacramento,
sin necesidad de confesión ulterior;
aceptando la eucaristía como modo de reconciliación,
que lo fue durante siglos para pecados ordinarios.
Sería un gesto concordante con el Evangelio
y con el cristiano actual.
Jesús resucitado, ilumina a los responsables de la Iglesia:
para aceptar que en ti, Cristo, “no hay hombre ni mujer,
todos somos uno” (Gál 3,28);
para reconocer la libertad de los hijos de Dios;
para “no imponer más cargas que las indispensables” (He 15,28);
para vivir los derechos humanos en la sociedad y en la iglesia;
para reconocer que “Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía,
sino de fortaleza, de amor y de templanza” (2Tim 1,7).
rufo.go@hotmail.com