La dignidad humana ante todo
Una encíclica esperada a la luz de los temores contemporáneos de tipo laboral
Sigo convencido de que varios colegas y un servidor perdimos nuestros empleos de traductor, redactores de comunicaciones y consultores, por recorte personal, cuando el auge de la pandemia empezaba a remitir en gran parte a la Inteligencia Artificial (IA). Muchos entonces ya usaban los traductores automáticos o la IA para redactar informes o comunicaciones sin importarles tanto la falta de contexto de la producción mecánica como las numerosas inexactitudes o errores de la misma producción. Desde entonces he venido sosteniendo diálogos, ‘ a distancia’ conforme a las tecnologías se pusieron de moda en mi tierra en lo más recio de la pandemia, con personas, si bien temerosas de perder su empleo por la IA, son también los ‘entrenadores’ de la misma, es decir, son las fuentes de información amén de ser los encargados de adiestrar a la misma para actuar como si fuesen seres humanos en determinadas circunstancias o frente a ciertas cuestiones.
Tras esas conversaciones largamente tenidas he llegado a la siguiente conclusión: El auge de la tecnología se debe ante todo al afán humano de acelerar todos los procesos sin pensar en las consecuencias. Ello desvela que el hombre no desea madurar y crecer sino lograr, llegar, obtener lo deseado sin pensar en los procesos, en sí ya enriquecedores. Esto es, el enriquecimiento se confunde con los logros, con los resultados sin pensar en los medios, en los protagonistas o actores de los hechos. Por las nuevas tecnologías, los procesos, que son necesarios para que todo empeño sea verdaderamente humano, es decir, ético, se han apartado o relegado a un lugar insignificante hasta el punto de ser excluidos de toda deliberación de tipo axiológico por lo que vendría bien recordar aquel axioma ético que reza así: los medios no justifican el fin. Este axioma es solo una cara de la misma moneda. He aquí la otra: el fin no justifica los medios.
A tenor de todo ello, en estas reflexiones preliminares acerca de esta encíclica que es preciso leer muchas veces quiero centrar mi atención en este párrafo jugoso extraído de la misma:
«En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa» (n. 15).
La raíz del magisterio social de la iglesia es la dignidad humana. Es decir, tiene raíz antropológica con un enfoque cristológico. El avance de la tecnología se ha caracterizado por la deshumanización en que el ser humano se ha visto reducido a un mero medio en vez de ser la finalidad de la tecnología. En otras palabras, en lugar de servir al ser humano este se ha reducido a un esclavo de la tecnología.
El hombre, esto es su bienestar, es el único fin de todo, incluyendo de la Iglesia, que es servidora del hombre creado a ‘imagen y semejanza de Dios’ (Gen 1, 27). Cristo es la revelación plena de esta verdad por lo que la Iglesia tiene el deber urgente y permanente de luchar por la dignidad humana que ella ve desde el prisma de Cristo.
La IA está reemplazando al hombre. Le está quitando posibilidades de un empleo digno y estable en un mundo constantemente sacudido por inseguridades y tensiones. En nombre de la rapidez y de la eficacia, este mundo se está volviendo inhumano por no solo reducir al hombre en medios o instrumentos sino por, sobre todo, ser excluido de su lugar de ser el protagonista del mundo mediante el trabajo digno y estable.
El papa subraya que el verdadero progreso nace en la mirada dirigida hacia el otro, hacia un humanismo relacional y personal centrado en el bienestar del ser humano, empezando con el ser humano que busca medidas para sostenerse económicamente.
A la vez, León XIV advierte que sin la escucha todo se reduce en un sistema inhumano. Y esto ha quedado evidente, por ejemplo, en los recientes eventos en Filipinas en donde 13 traidores, que son senadores de la república, no han querido escuchar al pueblo; solo han querido o siguen queriendo imponer su sistema inhumano encarnado esta vez en Sara Duterte, la heredera de un régimen corrupto e inhumano, cuyo patriarca está encarcelado en La Haya por crímenes de lesa humanidad.Todo ello se debe al afán de perpetuar su comodidad, su dominio tecnológico sobre el pueblo a quien toda comodidad debería corresponder, pues la tecnología, por ser el afán de facilitar todo proceso o hacerlo más cómodo, ha de proveer la comodidad al ser humano.Y no al revés. El ser humano no debería reducirse en comodín o carta en una partida de estrategia política para ser el instrumento de la perpetua comodidad de un régimen y sus aliados.
El régimen de Duterte, asimismo el del Marcos, padre hace décadas, se ha caracterizado por la supresión de la escucha que necesariamente se arraiga en el pensar racional que desea estar por encima de cualquier reducción al sistema o a un régimen sistémico que reduce al ser humano en una máquina que sostiene o sirve al estado, en lugar de que este sea el servidor del ser humano en un régimen monolítico.
La IA es una forma de esclavitud, de dictadura que suprime las voces de la disensión, que anula el sentido crítico por el que se desarrolla la capacidad de la escucha cuyo despliegue es el diálogo racional y respetuoso con finalidad de poder hacer algo juntos (la política) ya que necesariamente hemos de convivir juntos (la sociedad).
La esclavitud conlleva la división, pues nunca se puede suprimir el deseo por el bien común. Ningún régimen monolítico y opresivo ha podido acallar las voces legítimas que claman por el bien común. La IA, por ser renuncia a pensar por uno mismo, es renuncia a ser ser humano con toda su dignidad y capacidad de pensar, criticar, dialogar, hacer algo juntos con otros ser humanos, que es la esencia del ejercicio político, comenzando con las elecciones.
Separar y dividir es la estrategia de la política irracional de los Duterte.Con la IA y los medios digitales, con el régimen nefasto de Duterte se ha vuelto la diseminación agresiva de bulos y posverdades en un rasgo cultural en esta época contemporánea. Todo lo negativo suprimido o escondido por muchos años en la psique filipina ha salido a flote, se ha desatado con dimensiones verdaderamente diabólicas y tecnológicas en tiempos de Duterte usando los medios digitales, incluyendo la IA, hasta aliarse con los Marcos y tener el resultado la alianza dañina de los Marcos y Duterte e 2022 que se deshizo poco después por la división que nace del egocentrismo dinástico.
El éxito de dicho tándem dinástico se debe en gran parte a la IA y los medios digitales que han logrado no solo dividir a la nación sino a engañar a las nuevas generaciones con revisionismos y mentiras institucionalizadas, suprimiendo la dolorosa historia de corrupción y violencia contra los filipinos desde la década de los setenta hasta la intensificación de la guerra inhumana y falsa contra las drogas del régimen Duterte.
Dividir significa quitar al hombre los medios adecuados para vivir dignamente, como es el trabajo. En vez de ser trabajadores para la edificación de la nación, la monolítica, que se sirve de la IA y de los medios tecnológicos para edificar un sistema opresivo, solo acabará edificando los intereses de un régimen y sus aliados, quitando al hombre la oportunidad de ejercer su racionalidad y de vivir su dignidad que el trabajo que necesariamente un sentido crítico del que se desata el ejercicio de la racionalidad dialogal puesto que existen incontables maneras para lograr el deseado bien común conforme a las circunstancias.
No solo debería leerse esta primera encíclica leonina que tiene una faceta policromática, dada la naturaleza del contexto sociopolítico actual y con León XIII sonriendo desde el capitel histórico. Sería preciso adaptar al texto y hacer una lectura proactiva contextual desde la situación particular o nacional de cada uno. De ahí su sentido. De ahí su finalidad. De ahí su uso adecuado. Solo mediante tales lecturas el magisterio, muchas veces distante, del papa se vuelve más cercano, más fehaciente, más factible.
Magnifica Humanitas prometerá ser un texto que marcará tendencia en nuestra manera de pensar y vivir la realidad que nos corresponde que, dicho orteguianamente, es, ante todo, una faena.
Como el Espíritu fue el Don Pascual del Señor, esta primera encíclica es claramente el don pentecostal de este papa cuyo pontificado está siendo un Nuevo Pentecostés tras la Pascua, tras la primavera después de años de invierno y oscuridad, inaugurada por Francisco.