Robert Prevost vuelve a España como León XIV
En vísperas de la visita del papa actual a España, le hemos hecho unas preguntas a su amigo, antiguo compañero y biógrafo Rafael Lazcano. Este le había acompañado durante su primera visita a España siendo aún Robert Francis Prevost O.S.A. Ahora nos ofrece unas reflexiones con mucha enjundia acerca de esta primera visita como León XIV.
Preguntas:
1. ¿Me puedes decir algo de tu 'trasfondo biográfico agustiniano' año y lugar de nacimiento, fecha de primera profesión y provincia religiosa y, si quieres, también el año de tu salida? También unas palabras acerca de tu situación actual.
RESPUESTA.- Mi trasfondo biográfico se sitúa en Mondreganes (León), donde nací en 1957. Realicé los estudios de Bachillerato en el Colegio-Seminario Santo Tomás de Villanueva, de León —actual Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo—, e hice mi primera profesión religiosa el año 1977 en la Provincia Agustiniana de Castilla.
Luego cursé tres años de Filosofía en la Universidad Pontificia Comillas (Cantoblanco, Madrid), y los estudios de Teología en el “Augustinianum” de Roma. Obtuve la licenciatura en Teología Moral por la Academia Alfonsiana de la Pontificia Universidad Lateranense (Roma, 1985), y la licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación (Sección Filosofía) por la Universidad Complutense de Madrid (1987).
Durante años desempeñé diversas responsabilidades académicas, editoriales y de gobierno. Fui profesor de Teología Moral en el Centro Teológico San Agustín (Madrid) entre 1995 y 2001, y director del mismo de 1998 a 2000. Ejercí también el cargo de consejero provincial y administrador provincial de la Provincia Agustiniana de Castilla (1989-1997), así como director del Colegio Mayor Universitario San Agustín de Madrid (1997-2001).
Durante dieciséis años trabajé en Revista Agustiniana (1985-2001), primero como secretario-administrador y posteriormente como director. En 1988 fundé la Editorial Revista Agustiniana — ahora Editorial Agustiniana —, de la que fui director hasta 2001. Asimismo, formé parte del Instituto Histórico Agustiniano (1991-2001), del que fui presidente entre 1994 y 2001. Permanecí vinculado jurídicamente a la Orden de San Agustín hasta el año 2001.
Mi actividad investigadora se ha centrado especialmente en la historia de la Orden de San Agustín, la biografía, la bibliografía y la cultura agustiniana, principalmente. Como biógrafo y bibliógrafo he publicado varias obras sobre grandes figuras de la familia agustiniana y de la cultura universal, entre ellas fray Luis de León, Martín Lutero, fray Alonso de Veracruz, Ana Catalina Emmerick, Gregorio Mendel, santo Tomás de Villanueva y san Alonso de Orozco. He colaborado además en obras de referencia como el Diccionario Biográfico Español —con más de 180 voces— y el Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclésiastiques (DHGE), con 32 colaboraciones. He editado más de un centenar de libros y preparado ediciones críticas y literarias de obras clásicas, entre ellas la España Sagrada del P. Enrique Flórez, publicada en 57 volúmenes.
Soy autor de más de trescientos artículos y de algunas decenas de libros. Entre mis principales obras destacan la biografía de Martín Lutero; el Episcopologio agustiniano, integrado por tres extensos volúmenes con 953 bio-bibliografías de miembros de la jerarquía agustiniana; y el Tesauro Agustiniano, proyecto concebido a modo de diccionario bio-bibliográfico en 20/22 volúmenes de algo más de 400 páginas cada uno. Hasta la fecha (25 de mayo) han aparecido los dieciséis primeros volúmenes. El 17 lo dedicaré todo él a “Prevost Martínez, Roberto Francisco (1955- )”, cuya publicación está prevista para finales del año próximo, 2027.
En fechas todavía cercanas he publicado una trilogía dedicada al papa León XIV —compañero de estudios y de comunidad en el Colegio Internacional Santa Mónica de Roma (198-1985)—, editada por San Pablo, con los títulos: Biografía de León XIV: El Papa agustino, peregrino hacia Dios (3ª ed., 2026); León XIV. El camino de un pastor (2ª ed., 2026) ; y 365 días con el papa León XIV (2026).
En la actualidad continúo dedicado principalmente al estudio, la investigación histórica y la actividad cultural, especialmente en el ámbito del agustinismo y de la historia eclesiástica, manteniendo vivo el interés por la tradición agustiniana y por cuanto significó en mi formación humana, intelectual y espiritual.
2. Los años en que coincidiste con Prevost en Roma y la fecha de aquella audiencia que te concedió.
RESPUESTA. - Coincidí con Robert Francis Prevost —hoy papa León XIV— entre los años 1981 y 1985 en Roma, cuando ambos éramos estudiantes y residíamos en el Colegio Internacional Santa Mónica. Fueron años intensos y fecundos, vividos con entusiasmo juvenil por el estudio, la vida comunitaria y el descubrimiento intelectual y espiritual. Compartimos el interés por el carisma agustiniano, el amor al conocimiento, la reflexión teológica y la búsqueda de esa “sabiduría del corazón” tan presente en la tradición de san Agustín. Aquella convivencia fraterna, en un ambiente internacional y universitario, dejó también huellas de amistad y estima mutua que el paso de los años no ha borrado.
A lo largo del tiempo volvimos a encontrarnos en diversas ocasiones, tanto en España como en Roma, con motivo de las Jornadas Agustinianas y de distintos congresos organizados por el Instituto Histórico Agustiniano. Más recientemente, ya siendo él papa León XIV, tuve la oportunidad de mantener una audiencia personal con Su Santidad el día 9 de abril de 2026. El encuentro estuvo marcado por el recuerdo agradecido de aquellos años romanos y por un diálogo cordial sobre el presente y el horizonte de futuro de su pontificado. Percibí en él la misma cercanía humana, hondura espiritual y sentido de servicio a la Iglesia que ya se manifestaban durante nuestra etapa de formación en Roma.
Para mí fue una doble satisfacción. Por una parte, el reencuentro con un antiguo compañero de estudios y de comunidad, hoy llamado a ejercer una responsabilidad universal al servicio del pueblo de Dios; y, por otra, la posibilidad de acercarme personalmente al papa León XIV también en mi condición de biógrafo suyo.
3. El año cuando le acompañaste a España siendo aún los dos estudiantes en Roma y los lugares visitados por él.
RESPUESTA. - En el verano de 1982, cuando ambos éramos todavía estudiantes en Roma y residíamos en el Colegio Internacional Santa Mónica, tuve ocasión de acompañar a Robert Francis Prevost en un viaje por España, realizado en compañía de otros jóvenes estudiantes agustinos. Aquel recorrido nos permitió compartir más de cerca la convivencia, el diálogo y el descubrimiento de diversas realidades culturales, religiosas y agustinianas de mi país.
Visitamos especialmente tierras de Galicia, Castilla y León y Madrid, recorriendo ciudades de profunda significación histórica y espiritual como Santiago de Compostela, Salamanca, León, Segovia, Madrid y Toledo. Recuerdo particularmente su interés por el patrimonio cultural, artístico y religioso, por la historia de España y por el conocimiento directo de la tradición agustiniana en sus diferentes comunidades.
Aquel viaje contribuyó también a fortalecer una amistad nacida de la convivencia y del trato cordial y fraterno vivido en Roma, dejando en ambos un recuerdo especialmente grato de convivencia, estudio y descubrimiento compartido.
4. ¿Cómo crees que esta visita de León XIV es diferente a las visitas hechas a España por los anteriores papas?
RESPUESTA. - Creo que la visita de León XIV a España será distinta a las anteriores porque su mensaje puede situarse menos en el plano de los grandes gestos institucionales y más en el encuentro cercano con las personas y los desafíos reales del mundo actual. León XIV conoce bien la cultura española y europea, pero también las inquietudes de las nuevas generaciones, la fragilidad espiritual de nuestro tiempo y la necesidad de recuperar una fe vivida con autenticidad en la vida cotidiana.
Pienso que su palabra tendrá un tono profundamente humano y profético: una llamada a los jóvenes a no renunciar al sentido de la vida, al pensamiento y a la esperanza; una invitación a que la inteligencia artificial y los avances tecnológicos estén siempre al servicio de la dignidad humana; y una defensa clara de los derechos de toda persona, especialmente de los migrantes, los pobres y quienes viven situaciones de exclusión o sufrimiento.
Al mismo tiempo, León XIV puede insistir en una idea muy agustiniana y muy actual: que la fe no debe quedarse en lo privado o puramente religioso, sino traducirse en la vida profesional, cultural y social de cada día, mediante el compromiso ético, la honestidad, el servicio y la fraternidad. Creo que su visita puede dejar precisamente ese mensaje: una Iglesia más cercana, más humana y más comprometida con la persona concreta y con los grandes retos de nuestro tiempo
5. ¿Cómo ha evolucionado la iglesia y la sociedad españolas desde aquella primera visita realizada por Juan Pablo II en 1982, pasando por las hechas por Benedicto XVI? Puedes también hacer referencia a la transición española, a la iglesia española de Tarancón hasta la actual con Luis Argüello, como presidente de la Conferencia Episcopal.
RESPUESTA. - La España que recibió a san Juan Pablo II en 1982 era todavía una sociedad marcada muy de cerca por la transición democrática. Existía entonces una fuerte memoria del pasado reciente, pero también una gran esperanza colectiva en la construcción de una convivencia nueva, abierta y reconciliada. La Iglesia española, bajo el liderazgo del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, desempeñó un papel importante en aquel proceso histórico, favoreciendo el entendimiento, la reconciliación nacional y la adaptación al espíritu del Concilio Vaticano II.
Aquella primera visita de Juan Pablo II tuvo un enorme impacto religioso, social y emocional. España seguía siendo un país de profundas raíces católicas, aunque comenzaban a percibirse los primeros signos de secularización y transformación cultural. Posteriormente, durante la visita de Benedicto XVI, España era ya una sociedad mucho más plural, globalizada y secularizada, con nuevas tensiones culturales y éticas, pero también con una Iglesia más consciente de la necesidad de dialogar con el mundo contemporáneo desde la razón, la fe y la propuesta intelectual del cristianismo.
En estas décadas han cambiado profundamente tanto la sociedad como la Iglesia. España ha avanzado en libertades, modernización y pluralismo, pero también ha conocido nuevas formas de fragmentación, individualismo y pérdida de referencias espirituales. La Iglesia, por su parte, ha pasado de ocupar un lugar central en la vida pública a vivir una situación más minoritaria, aunque quizá también más evangélica, más llamada al testimonio que a la influencia social.
Desde la Iglesia de Tarancón hasta la actual presidida por monseñor Luis Argüello se percibe igualmente una evolución significativa. Tarancón representó la reconciliación y el diálogo en el contexto de la transición; hoy, Luis Argüello, presidente de la CEE, encarna una Iglesia preocupada por la evangelización en una sociedad secularizada, por la dignidad de la persona, la defensa de la vida, el acompañamiento de los jóvenes y la necesidad de reconstruir vínculos humanos y espirituales en medio de una cultura marcada por la incertidumbre y el individualismo.
Pienso que la Iglesia española atraviesa actualmente un momento de renovación. Ya no puede apoyarse únicamente en tradiciones sociológicas o estructuras heredadas, sino en la credibilidad del testimonio, en la cercanía humana y en la capacidad de ofrecer esperanza, dignidad y sentido al hombre contemporáneo. En ese contexto, la visita de León XIV a España está llamada a convertirse en una invitación a recuperar lo mejor de la tradición espiritual y cultural cristiana, pero con un lenguaje nuevo, cercano y profundamente humano.
6. Se sabe que Francisco no quería visitar España, por tener 'enemigos' ahí, ¿crees que esta situación ha cambiado? ¿A quiénes se refería el papa argentino?
RESPUESTA. - Pienso que las palabras atribuidas al papa Francisco sobre sus “enemigos” en España deben interpretarse más en clave eclesial y cultural que en un sentido personal o político estricto. Francisco fue un pontífice profundamente libre y consciente de las resistencias internas que sus propuestas de reforma, diálogo y renovación pastoral generaban en determinados ambientes de la Iglesia universal, y España no era ajena a esas tensiones.
Cuando hablaba de “enemigos”, creo que no se refería tanto a personas concretas cuanto a sectores eclesiales e ideológicos que miraban con desconfianza algunas de sus prioridades pastorales: una Iglesia más cercana a los pobres y migrantes, menos autorreferencial, más abierta al diálogo cultural y más preocupada por la misericordia que por la confrontación doctrinal o política. Francisco optó por priorizar las “periferias” geográficas y existenciales, y evitó en sus 47 viajes apostólicos las grandes naciones europeas. En ciertos ambientes españoles, históricamente muy marcados por debates ideológicos y eclesiales intensos, el pontificado de Francisco encontró también críticas fuertes y, en ocasiones, incomprensiones evidentes.
Sin embargo, creo que la situación ha evolucionado en los últimos años. La Iglesia española ha ido tomando mayor conciencia de que el futuro no pasa por la polarización interna, sino por el encuentro, el testimonio creíble y la reconstrucción de la confianza social y espiritual. También la propia sociedad española vive hoy preocupaciones distintas: la soledad, la crisis de sentido, la fragilidad de los jóvenes, la inmigración, la IA, la dignidad del trabajo, el acceso a la vivienda, o la necesidad de fraternidad en una cultura muy fragmentada.
En ese contexto, pienso que la visita de León XIV tendría un tono diferente. Su perfil agustiniano, dialogante y pastoral puede ayudar a crear puentes y rebajar tensiones que durante años marcaron parte del debate eclesial español. León XIV conoce bien España, su historia social y religiosa, y sus sensibilidades culturales, y se acercará a ella desde la escucha, el diálogo y una propuesta inspirada en la fe y en los valores del Evangelio, buscando siempre el encuentro, la dignidad de la persona y la construcción compartida del bien común.
Tal vez esa sea una de las grandes lecciones de este tiempo: la Iglesia no puede vivir instalada en categorías de amigos y enemigos, sino llamada constantemente a construir comunión, incluso en medio de las diferencias. Y precisamente ahí puede encontrarse hoy el desafío más profundo tanto para la Iglesia española como para la sociedad en general
7. León XIV es un papa religioso, estadounidense, hispano por adopción, ¿tú crees que su estilo y su impacto será diferente a los de Juan Pablo II y Benedicto XVI que fueron miembros del clero diocesano?
RESPUESTA.- Sí, creo que el estilo y el impacto de León XIV serán en parte diferentes, precisamente porque su identidad personal y eclesial reúne elementos muy singulares. No es solamente un papa estadounidense; es también un religioso agustino, un hombre formado en la vida comunitaria, en la espiritualidad de san Agustín y en una experiencia internacional marcada por el contacto cercano con distintas culturas, particularmente la europea y latinoamericana.
Juan Pablo II y Benedicto XVI provenían del clero diocesano y estuvieron profundamente marcados por la experiencia europea del siglo XX: las guerras, los totalitarismos, la defensa de la fe frente al secularismo y la necesidad de afirmar la identidad cristiana en tiempos de crisis cultural. Ambos dejaron una huella inmensa, aunque con estilos diferentes: Juan Pablo II desde el carisma, la dimensión histórica y la fuerza pastoral; Benedicto XVI desde la profundidad intelectual, la reflexión teológica y el diálogo entre fe y razón.
León XIV, en cambio, aporta una sensibilidad distinta, propia de un religioso. La vida religiosa enseña a vivir desde la comunidad, la escucha, el discernimiento compartido y una libertad interior frente al poder y al protagonismo personal. En la tradición agustiniana, además, ocupa un lugar central la interioridad, la amistad, la búsqueda de la verdad y la construcción de la comunión. Todo ello influye notablemente en su modo de ejercer el pontificado.
Pienso también que su condición de estadounidense con alma latina le permite tender puentes entre mundos muy diversos. Conoce la cultura americana, pragmática y tecnológica, pero también la sensibilidad latinoamericana e hispana, más relacional, comunitaria y espiritual. En un mundo cada vez más fragmentado, polarizado y dominado por la rapidez tecnológica, esa capacidad de mediación humana, cultural y ética se está convirtiendo en un rasgo importante de su pontificado.
Además, León XIV parece pertenecer a una generación eclesial muy consciente de que la Iglesia ya no puede limitarse a defender estructuras o responder únicamente desde categorías doctrinales tradicionales. Su aportación se sitúa más en la creación de espacios de encuentro, en la defensa de la dignidad de toda persona, en la atención a los jóvenes, los migrantes y los pobres, y en la necesidad de que la fe dialogue con los grandes desafíos contemporáneos, incluida la inteligencia artificial — Magnifica humanitas — y las transformaciones culturales del siglo XXI.
Sostengo, por tanto, que su impacto vendrá de un liderazgo centrado en la autoridad moral y espiritual, sustentado en la cercanía, la escucha, la cultura del encuentro y una propuesta evangélica capaz de hablar al corazón y a la inteligencia del hombre contemporáneo.
8. . Si León XIV te preguntara: Brevemente, dime las cosas más importantes y salientes de la iglesia y sociedad española, ¿qué le dirías?
RESPUESTA.- Le diría, Santo Padre, que España ya no discute principalmente sobre Dios, sino sobre el sentido de la vida. La secularización no ha eliminado las preguntas fundamentales; simplemente las ha desplazado hacia otros lugares: la salud mental, la soledad, el miedo al futuro, la incertidumbre laboral, la inteligencia artificial o la dificultad para construir vínculos humanos duraderos.
Le diría también que la Iglesia española ha dejado de ser un poder social indiscutido y se encuentra ante una oportunidad histórica, como es el pasar de una fe heredada a una fe propuesta; de la influencia cultural automática a la credibilidad moral y espiritual. Durante décadas quizá habló demasiado desde la seguridad institucional y demasiado poco desde la escucha y el testimonio.
España sigue siendo un país paradójico: profundamente individualista y, al mismo tiempo, necesitado de comunidad; tecnológicamente avanzado, pero espiritualmente cansado; muy polarizado en el debate público, aunque con una ciudadanía mucho más moderada y humana en la vida real de lo que aparentan las redes sociales y la política.
A los jóvenes no les preocupa si la Iglesia tiene poder, sino si tiene algo verdadero que decir sobre la fragilidad, la soledad, el trabajo, el amor, el cuerpo, la muerte o la esperanza. Y ahí la Iglesia todavía posee un patrimonio antropológico y espiritual extraordinario, aunque muchas veces no logra traducirlo al lenguaje cultural de hoy.
También le diría que España puede convertirse en un laboratorio decisivo para Europa. Aquí se está jugando buena parte del futuro de la relación entre cristianismo, democracia, secularización y cultura digital. El gran desafío no es defender espacios de poder religioso, sino demostrar que el Evangelio sigue siendo humanamente inteligente en una sociedad gobernada por la prisa, el consumo emocional y los algoritmos.
Y quizá terminaría con una reflexión muy agustiniana. En España hay mucho ruido ideológico, pero también muchísimas personas en búsqueda de interioridad sin saber cómo nombrarla. Ahí permanece todavía para la Iglesia una palabra decisiva de verdad, de sentido y de esperanza.
Muchas gracias, Rafael, por tus respuestas que a mí me han hecho pensar y que darán que pensar a muchos. Tus palabras ayudan muchísimo no solo a contextualizar esta visita sino sobre todo a comprender adecuadamente este pontificado a cuyo despliegue, en tiempos desafiantes, somos todos testigos.