A seguir rugiendo saludando a la Virgen de Pompeya
Un pontificado que seguirá el camino sinodal con todos sus riesgos frente a los lobos en su primer aniversario
León XIV, tras el anuncio de su elección a la Cátedra Petrina, recordó a la muchedumbre en la Plaza que aquel día fue la memoria de la Virgen de Pompeya. Y para ‘saldar la deuda’ contraída con ella, pasará el primer aniversario de su pontificado que promete ser muy fructífero.
Tras el anuncio del fallecimiento de Francisco por el cardenal camarlengo, yo me preguntaba acerca del porvenir de su legado colosal sobre todo con la presencia de varias fuerzas contradictorias dentro de la Iglesia. Desde luego, yo no quería volver al modelo cultivado desde octubre de 1978 y que ya cojeaba en febrero de 2013, tras varios escándalos que dejaban patente el fracaso de dicho modelo. Era necesario un cambio de paradigma, en expresión feliz de Kuhn. O, más bien, una revolución eclesial para revocar una tendencia que alejaba a la Iglesia cada vez más de la realidad, que hacía que esa misma Iglesia se refugiara tras una cortina densa de tipo elitista y exclusivista, favoreciendo la clase clerical y marginando a los seglares. Francisco era la explosión de esta involución, la impulsión de esta salida creando un cráter en donde pudieran caerse para eventualmente desaparecer el clericalismo nocivo tan prevalente en unos papas que no confiaban en los demás y que querían tomar todo el asunto en sus propias manos, con sus ejecutores (más que colaboradores). Sin embargo, como bien se sabe, muchos de estos dejaban mucho que desear, empezando en la dimensión moral.
Un agustino en la cátedra ocupada por un jesuita con espiritualidad franciscana y la ruptura de moldes
Un agustino sucedió a un papa jesuita con talante franciscano. El papa Bergoglio era una ruptura con el modelo centrista inaugurado por el papa Wojtyla y consolidada por el papa Ratzinger.El papa argentino, con su talante jesuita cuyo clave era el discernimiento, intentó recuperar el talante dialogal de Montini que empezó a cuajarse en el Concilio Vaticano II pero quedó truncado por diversos factores culturales y por la muerte de un papa que quería dialogar con el mundo y no presentar la Iglesia como una fuerza contracultural que se subrayó con arengas en tiempos del papa polaco y con discursos o lecciones magistrales, siempre académicas sí pero a veces ofensivas como la pronunciada en Ratisbona, en la época del papa alemán.
El discernimiento implicaba tomar riesgos. De ahí, una iglesia no muy centrada en sí misma. Esta fue la interpretación de la corriente woytliano-ratzingeriana del talante eclesiológico del Concilio. Bergoglio tomó la clave del sentido dialogal de Montini y la abordó en la Iglesia en salida por lo que trabajó con la finalidad de desarrollar un modelo de una Iglesia descentralizada en que Cristo no sea un ídolo contracultural para las masas u objeto de indagación de tipo especulativo o teológico. Una iglesia que no se mire a sí misma en un espejo de admiración, como en aquellas primeras Jornadas de la Juventud, como portadora exclusiva del mensaje cristiano; no se levanta un espejo para admirarse o mirarse ni siquiera el ombligo sino una Iglesia que sale de sí misma, para acercarse a los marginados, a los mismísimos marginados de la Iglesia como los divorciados, homosexuales, los denominados pecadores ‘públicos’ que habían sufrido tanto en una Iglesia farisaica pero encubridora de abusadores sexuales, entre otras cosas, por su cultura marcada por el cáncer del clericalismo.
Francisco rompió moldes. De ello no cabe duda. Pero no se salió de la Iglesia y, sobre todo, no hizo que la Iglesia se saliera de sí misma, sino que hizo que esta saliera de su ensimismamiento que efectivamente la había convertido en un monolito mastodóntico de seguridades y esencias. Francisco quería volver a las inseguridades, es decir, a las realidades concretas con sus retos y desafíos, del mundo no para que la Iglesia volviera a ser insegura de sí misma sino para fortalecer, validar, vivir la promesa de Cristo en medio de tantas inseguridades.La Iglesia es ante todo riesgo, reto.No algo hecho. Con Benedicto XVI se había iniciado el fin del culto de la personalidad del papa, algo que Francisco intentó continuar pero con mucha dificultad debido a su personalidad impetuosa y arrolladora mas el papa argentino, de verdad, arriesgó esta personalidad para subordinarla a su proyecto de Iglesia en salida, pues como fue evidente en el aula sinodal las mesas eran redondas. En su versión de la Iglesia, las mesas eran redondas como en la vida religiosa. Es algo que continuará con el papa Prevost, una sinodalidad con mesas redondas pero quizás más bien unidas, definidas, perfiladas pero con el mismo ardor de descentralización, lejos de las esencializaciones y más cerca de las concretizaciones en un mundo que sufre en lo concreto y no en una visión panóptica desarrollada en arengas y lecciones magistrales.
La sinodalidad como despliegue del talante dialogal: Una actualidad que resiste al pretérito
De ahí el camino sinodal, el despliegue del camino dialogal expuesto magistralmente en Ecclesiam Suam y que tuvo por primer desarrollo consolidado el mismo Concilio. Mas todo esto ha de seguir, pues los tiempos cambian. No podemos aferrarnos a lo de siempre. No tiene validez lo de ‘semper idem’ que el cardenal Ottraviani abogaba y que los papados de Wojtyla, y en menor medida, Ratzinger promulgaban.Este era más suave y razonable que aquel pero no se puede olvidar su gestión al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe que hizo estragos y que merece ser estudiada con pausa, lejos de los aplausos recientes y el fervor de hacer ‘santo subito’ al papa alemán, sobre todo cuando hay cabos que siguen sueltos.
No es que Francisco hubiera dejado los cabos ya bien atados. Siguen cuestiones pendientes e incluso desconcertantes a raíz de su pontificado. Todo ello corresponde al sucesor para su resolución o al menos allanar el camino, pues se han producido atolladeros y obstáculos pero cada paso es indudablemente un hito significativo e iluminativo.
Con León XIV es imposible hablar de Francisco en pretérito o usando el tiempo pretérito. Robert Prevost tiene su propia personalidad, su propio sello, su propio talante. No es un clon de Bergoglio. Ciertamente, amén de continuar o emular al argentino, ha aprendido de él y ha aprendido la lección. Con Bergoglio y Prevost la Iglesia ha transicionado de un camino de esloganes fácilones y atractivos a un camino caracterizado por el olor a las ovejas, el olor al estiércol que marca las durezas de las pruebas cotidianas que los esloganes no podrían captar adecuadamente, es decir, a las que los esloganes nunca podrían hacer justicia.
Por lo pronto, se puede hablar de la aportación agustiniana de la unidad, recuérdese el lema del papa León XIV ‘In Illo uno unum’, a la impronta jesuítico-franciscana del discernimiento que se ha desembocado en el camino sinodal al que se oponen muchos intentando que la Iglesia vuelve a su cauce de antaño o al redil de seguridades, lejos de los lobos rapaces que desafortundamente abundan y multiplican con el paso de las generaciones como monstruos multicéfalos.
Los retos y los lobos: Cuestiones que siguen actuales a tenor de estos factores
Mas está claro que no hay que huir de los lobos sino que hay que afrontarse a ellos, como ha demostrado el papa estadounidense, quien eligió a ser hispano como su predecesor que era hispano de nacimiento pero cuyas raíces eran europeas (como los Prevost de Chicago). Y sabemos quiénes o quién son o es el gran lobo rapaz. En otras palabras, León XIV sigue luchando con la paz, tal vez el tema más sobresaliente del pontificado leonino. Además su lengua materna es la de los lobos agresores por lo que en el caso de este papa es posible una franqueza sin las mediaciones no siempre deseables de las traducciones, pues estas a veces debilitan la fuerza del tono original de un discurso.
El camino sinodal ha de seguirse y al estilo de Francisco dicho camino se expande con su afán tanto por la unidad de las iglesias cristianas como por el diálogo interreligioso. La reciente visita al Vaticano de la primera arzobispa de Cantorberry no ha puesto el dedo en la llaga sino que ha puesto de relieve que importan menos las teologías dogmáticas tradicionales y lo que verdaderamente importa son las personas en camino hacia el mismo Cristo quien fundó una Iglesia sí pero cuya realidad y vivencia eclesial subsiste o se encarna en diversas iglesias, como reza Lumen Gentium
Por supuesto, están los pobres. Cristo había dicho que ellos estarían siempre con nosotros (Mt 26, 11) por lo que aceptó la unción de aquella mujer, pues se entregaba a ellos. El olor a los pobres o a las ovejas significa un mayor acercamiento a ellos, menos ceremonioso como hiciera varias veces Francisco en sus encuentros que no se limitaban a discursos o fotos sino que se centraban comidas compartidas porque todos, a la postre, compartimos y partimos el mismo pan.
Asimismo queda el tema del medio ambiente. A mi juicio, la llamada a la paz de León XIV tiene mucho que ver con este tema. De momento, abiertamente ha hablado de la urgencia de una respuesta adecuada al fenómeno del cambio climático global. Un mundo herido es un mundo violado, un ambiente menos vivencial. León XIV ha heredado un mundo así, por así decirlo, por lo seguramente seguirá aportando en este campo aunque por el momento se ha hecho eco de Laudato Si. Las cosas harán que el papa actual avance en esta área tan volátil y cambiante como urgente.
Seguimos ansiosos a la espera de la primera encíclica o carta apostólica de León XIV que seguramente tendrá valor eclesiológico y social con un sello agustiniano que no apagará el impulso jesuítico-franciscano sino que lo canalizará en una economía u orden administrativo más adecuado para nuestros tiempos.
El volcán y el león: La misericordia y la unidad juntas
Tras rendirle homenaje a la Virgen del Rosario de Pompeya León XIV se acercará a Nápoles y a su volcán. Muy significativo y simbólico, a mi modo de ver. Con su estilo más sobrio pero no menos valiente, al enfrentarse con los lobos con corbatas, el papa está en o cerca de la boca del volcán. Claramente tiene un ministerio caracterizado por riesgos.Sin duda no lo hará solo sino que llamará a la unidad, pues la Iglesia es de todos y no de una elite consagrada como se había pretendido en tiempos atrás.
Su antecesor era un 'Volcán de Misericordia' que ha explotado con gran potencia y fuerza. León no intentará tapar el cráter del volcán pero hará que todo fluya por medio de los canales adecuados. Por el momento, no veo a León XIV como un volcán pero sí es un león que ha rugido con una potencia que iguala la fuerza del volcán.Tanto las explosiones como los rugidos leoninos seguirán desembocando en el camino sinodal, en el camino de una Iglesia en salida que está dispuesta a arriesgarse para afrontarse a los lobos.
No hace recordar a los lectores que los lobos no solo se limitan a los belicistas sino que también se encuentran escondiéndose detrás o debajo de las sotanas.Se encuentran en el mismo redil y, desafortunadamente, al menos en teoría, forman parte del mismo rebaño. Los consabidos lobos disfrazados de corderos que huelen a incienso. Estos sí, ¡son los peores!
Esto lo sabe muy bien el león de Chicago que ahora ocupa la Silla de Pedro. Seguramente se le definirá como el 'León de la Misericordia Unida'. Que sigan sus rugidos que igualen la explosión de un volcán. A este león batallador solo nos cabe desearle desde estas islas que retuestan bajo un sol inmisericorde durante estos meses: Ad multos annos!