Las tropelías del arzobispo de Oviedo: Del atropello de hace doce años en el cementerio de El Salvador al despotismo actual en Tineo
OPINIÓN | LIBERTAD DE CULTO Y PLURALISMO RELIGIOSO EN ASTURIAS
"Doce años de autoritarismo impositivo eclesial que intenta silenciar la pluralidad religiosa amparándose en mentiras y falacias de tipo pastoral y paternalista, pero con un único trasfondo que es el económico"
Quienes conocemos de primera mano la gestión eclesiástica en Asturias sabemos bien que el tiempo no suaviza las formas cuando se choca contra el inmovilismo. Hoy asistimos a la repetición exacta del conflicto que hace ya doce años me enfrentó personalmente, como responsable de la Iglesia Anglicana en nuestra comunidad, con el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. Lo que en su día sufrí como una muestra inequívoca de su carácter hosco, excluyente y autoritario, vuelve a manifestarse hoy bajo la misma premisa: el desprecio a la diversidad y el empeño en imponer un monopolio religioso a golpe de decretazo.
Aquel intento de atropello institucional, consumado el 2 de noviembre en Oviedo, no se limitó a un veto administrativo. El arzobispo —haciendo gala de su talante dictatorial— pretendió imponerse por la fuerza haciéndose acompañar por la Guardia Civil y la Policía Local, quienes se personaron al exterior de la capilla del cementerio, un espacio que es de estricta competencia municipal. Sin embargo, la verdad y la justicia contaban con un respaldo fundamental: el día anterior, la Policía Nacional me había advertido discretamente de la situación, presentándose en el lugar de paisano para observar lo que allí ocurría. Sus actas de observación e informes sirvieron posteriormente como un testimonio irrefutable a la hora de formalizar la correspondiente denuncia ante los tribunales de justicia, evidenciando un abuso de poder que pretendía coaccionar la libertad de culto utilizando a los cuerpos de seguridad.
Hoy, la historia se traslada de Oviedo a Tineo. Las mismas tropelías, el mismo autoritarismo y el idéntico despotismo episcopal pretenden repetirse en este pueblo asturiano, amparándose en la confusión deliberada sobre si un terreno es de propiedad eclesial o pública. Ante esta manipulación, conviene ser tajantes: la titularidad de la tierra del cementerio jamás puede ser un escudo para el sectarismo. Un tanatorio o una sala de duelos es un servicio público destinado al amparo y la despedida de las familias en sus momentos más vulnerables. Por tanto, nada impide ni debe impedir que en estas dependencias se celebren funerales de diferentes confesiones. Vetar la diversidad espiritual en un tanatorio bajo el pretexto de lindes de propiedad es una vulneración directa de la libertad de culto consagrada en nuestra Constitución.
Toda esta maniobra pretenden ahora, como pretendieron entonces, disfrazarla con un argumento falaz y paternalista: alegan que los pastores y sacerdotes de otras confesiones "engañan" al pobre católico. Semejante justificación es una infamia dictada desde la mentira y el engaño. En un país como España, donde históricamente se tuvo que ser católico romano por imposición histórica, la ciudadanía es plenamente madura y consciente; la gente sabe perfectamente a quién dirigirse para demandar un sacramento o cualquier otro servicio religioso. Tratar a los fieles como ignorantes manipulables es el recurso desesperado de quien ve peligrar su control.
El trasfondo de este conflicto, hoy y siempre, sigue estando motivado por el control absoluto de los estipendios y el sustancioso beneficio económico que hay detrás de estas festividades tan especiales. El Día de Todos los Santos y los fieles difuntos generan una importante recaudación económica a través de misas, intenciones y cultos. Es este negocio financiero el que el arzobispo pretende blindar con mano de hierro, mercantilizando el dolor de las familias en fechas tan sensibles para asegurar el rédito de su ventanilla en detrimento del diálogo cristiano, la pluralidad y la dignidad de los propios ciudadanos.
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