¿Un email intimidatorio por escribir sobre abusos en la Iglesia?
Esta semana he recibido un correo inquietante relacionado con lo que escribo sobre el Camino Neocatecumenal. No quiero entrar hoy en su contenido —ya lo he hecho en varias ocasiones en este medio — porque hay algo en la forma del mensaje que me parece más importante que el fondo.
Empiezo por el detalle que más me ha llamado la atención: la dirección desde la que llegó el correo. Lleva el nombre oficial de una página web del Camino Neocatecumenal, pero se envía desde una cuenta de Gmail (neo…er@gmail.com), no desde el dominio oficial de esa entidad. Es decir: utiliza el nombre de una organización real, reconocida y con presencia pública, pero a través de una cuenta de correo gratuita y personal.
El mensaje dejaba claro, desde el primer momento, lo que pretendía. No recurría a una amenaza explícita, sino a una advertencia disfrazada de cortesía. Tras exponer sus razones e invitarme a “reflexionar” sobre lo que escribo, el remitente se aseguró de dejar constancia de que sabe quien soy y donde vivo.
Lo que también me parece relevante no es lo que el correo dice, sino lo que el correo es. Porque solo caben dos posibilidades, y ambas merecen atención.
Primera: que el correo sea oficial, esto es, que quien lo envía pertenezca a la estructura del Camino y escriba con su conocimiento o su permiso, al amparo del nombre de esa web. De ser así, estaríamos ante algo serio: una organización religiosa que, en lugar de responder a un crítico por los cauces habituales —una carta abierta, un artículo, una réplica pública y firmada—, le escribe en privado para señalarle, con tono condescendiente, hasta qué punto está equivocado. Eso no es un debate entre iguales. Ninguna entidad que se presente como religiosa debería recurrir a algo así.
Segunda: que el correo no sea oficial, que se trate de alguien que actúa por su cuenta y se ha apropiado del nombre de una entidad real del Camino. También sería serio, de otra manera. Significaría que una persona está usando el nombre y la imagen de una organización reconocida para enviar mensajes intimidatorios, sin que esa organización lo sepa ni lo controle. Cualquiera podría hacerlo. Y todo lo que ese remitente escriba quedará asociado, a ojos de quien lo reciba, a la entidad cuyo nombre ha tomado prestado.
No sé cuál de las dos posibilidades es la cierta. No tengo manera de saberlo y no doy ninguna por hecha. Lo escribo precisamente por eso: en ambos casos el problema existe, y en ambos correspondería al propio Camino Neocatecumenal aclararlo. Si el correo es suyo, debería explicar por qué responde de este modo. Y si no lo es, debería preocuparle que alguien hable en su nombre.
Las organizaciones tranquilas con lo que hacen no necesitan recordar a sus críticos dónde viven, ni resguardarse tras una cuenta de Gmail con nombre prestado. Discuten a cara descubierta, porque no tienen nada que ocultar ni a nadie que silenciar.
Y conste que esto, como todo lo que escribo sobre el tema, es solo mi opinión personal.