Hazte socio/a
Última hora:
DOCUMENTOS RD: Lee aquí 'Magnifica Humanitas'

Por qué no digo «Soy Amor» (y por qué debería empezar a decirlo)

Antes de escribir este artículo he hecho un pequeño experimento. Solo, frente al teclado, con el Word en blanco, he empezado a escribir cosas que soy: soy una persona, soy alto, soy español… Y de pronto he pensado en algo que, en realidad, somos todos, como hijos de Dios que compartimos su esencia. Y aun así, no me atrevía a teclearlo. Incluso ahora lo escribo con cierta vergüenza: “Soy amor”.

Soy amor, eres amor, somos amor | Ramon Fandos

La culpa tiene mucho que ver. Cada uno conoce la suya. Por más buena imagen que demos, todos cargamos con lo nuestro: un carácter que a veces muerde, palabras que hieren, silencios que abandonan. Y ahí crece una culpa que susurra: no eres amor, mira lo que hiciste ayer.

Con esa culpa encima, en el mejor de los casos nos atrevemos a decir “soy bueno”. Pero “soy amor” nos parece arrogante, ingenuo o directamente falso.

En realidad tememos la vulnerabilidad. Porque si digo “soy amor”, me expongo. Ya no puedo esconderme detrás de mis errores. Tengo que asumir que, aunque falle, aunque me hieran, aunque la vida sea injusta, el amor sigue siendo mi norte. Si digo “soy amor”, me quedo sin excusas para no ayudar al prójimo. Cada vez que lo diga, tendré que preparar la otra mejilla sin refugiarme en el “soy un cristiano en camino” para justificar mi falta de caridad. Quizás es más cómodo decir “soy un desastre” o “soy pecador” y quedarse ahí.

Si Dios es amor, y yo fui hecho a su imagen, entonces o soy amor… o no soy nada. Y ser algo es muy distinto de cumplir algo. Ser amor no tiene que ver con obedecer leyes, sino con reconocer una identidad que estaba antes de cualquier norma.

Desde pequeño me han enseñado a decir “soy pecador” con la cabeza baja. Pero nadie me enseñó a decir “soy amor” con la cabeza alta. Y, sin embargo, el Evangelio es una buena noticia precisamente por eso: porque nos recuerda que somos algo inmensamente grande.

Así que hoy me atrevo a escribirlo, a decirlo, a gritarlo si hace falta: ¡Soy amor!. No soy perfecto ni constante. Tampoco soy un héroe. Pero soy amor. Cuando dejo de medirme y me dejo mirar por Aquel que no juzga como yo juzgo… soy amor.

Ahora entiendo por qué tenía miedo. No era miedo a mentirme. Era miedo a la libertad de saberme ya amado. Y esa libertad da más vértigo que cualquier otra cosa.

También te puede interesar

Lo último