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Nueva 'ministra' de comunicación del Vaticano

Un banquete para todos

“Maestro, lo que yo no entiendo de la Iglesia es cómo es una organización donde es difícil entrar y muy difícil salir”.

Con esas palabras se dirigía a mí un alumno en clase en un debate improvisado en el que los alumnos querían pedirme mi opinión sobre la Iglesia. En ese debate los escuché, les di la razón en todo lo que evidentemente la llevaban y defendí siempre el amor a la Iglesia: que podrá ser la madrasta de Blancanieves en algunas ocasiones, pero al fin y al cabo es Madre.

Todos, todos, todos

Este artículo ha sido escrito por un lector que nos pidió conservar el anonimato.

Lo cierto es que si el debate llego a tenerlo con ellos después de haber leído la carta que con ocasión de la festividad del Corpus Luis Argüello ha escrito a su diócesis… el tono hubiera sido bastante distinto.

La carta, publicada días antes de la llegada del papa León XIV a España, se ajusta perfectamente a lo que la Iglesia propone, pero al mismo tiempo, delata profundamente el estilo y evidencia el cambio de “estilo” que se ha producido con el cambio de pontificado.

Una carta así, dudo mucho que en tiempos del papa Francisco se hubiera escrito y propuesto a los fieles por parte de alguien que, además, es presidente de la CEE.

En la fiesta en la que celebramos el misterio de la Eucaristía nos recuerda el señor arzobispo que es sacrificio, banquete y presencia real. Y más adelante en la carta se nos advierte que para estar en el banquete y participar de él hemos de estar debidamente preparados. Nos recuerda esos casos en que “por estar en situación de pecado” no podemos comulgar. Se dice literalmente lo siguiente:

Si nuestra situación o estado de vida es incompatible con la plena comunión con el Señor y su Iglesia por estar participando de una relación pecaminosa, en abusos respecto de otras personas, ya sea en el campo económico, laboral, ya sea en el campo psicológico o afectivo, o defendiendo públicamente posiciones contrarias a la moral cristiana, no podemos acercarnos a comulgar sin una decisión firme de cambiar de vida restituyendo el daño provocado por nuestra situación de pecado.

Me gustaría saber qué entiende Luis Argüello por “una relación pecaminosa”. Lo que entiende por “abusos” queda claro, y quizás queda muy en el tintero eso de “defender públicamente posiciones contrarias a la moral cristiana”.

Entiendo que las “relaciones pecaminosas” se refieren a lo de siempre… y que lo de defender públicamente posturas contrarias a la moral de la Iglesia, no es tan malo como defenderlas en privado, o saltárselas en la intimidad,

Entiendo que las “relaciones pecaminosas” se refieren a lo de siempre… y que lo de defender públicamente posturas contrarias a la moral de la Iglesia, no es tan malo como defenderlas en privado, o saltárselas en la intimidad, tal y como hacen todos los que se convierten en censores de lo ajeno y no miran en su propia conciencia, desembocando en aquello que decía Jesús “no entran ni dejan entrar”. Vuelve a preocupar profundamente lo “público”, es decir, lo que compromete a la Iglesia porque evidencia que entre lo que se dice y lo que se hace hay un buen trecho.

Conozco yo a alguien apartado de su labor como catequista por ir con el cuento al “párroco” de que era pareja de hecho de un chico. Mientras se supo “por lo bajini” pudo desarrollar su labor en la parroquia nada menos que veinticinco años. El problema vino cuando le fueron con el “cuento”. El párroco (que en paz descanse) le argumentó: la Iglesia puede permitir que estés soltero y caigas y te confieses las veces que haga falta… pero formalizar tu relación de una forma u otra es “pactar con el mal”. El catequista le intentó hacer ver que era mejor estar con alguien estable que vivir en promiscuidad, pero se ve que al pastor-legislador le importó poco la misericordia y menos aún el sentido común. Espero que donde ya esté caiga en la cuenta de que el pecado de “ir con el cuento para depurar la institución” es de una gravedad a los ojos de Dios terrible, pues cierra la puerta de la felicidad a las personas que intentan buscarla con honestidad y de la mano de Dios.

El presidente de la CEE lanza la pelota, muy desafortunadamente, al ámbito de los divorciados. Total, siendo el día del Corpus… escudándonos en el ser vigilantes de la verdad y de la ortodoxia… echemos por alto la alegría de los que se acercan a comulgar en este día tan especial en tantos pueblos de España en los que el Corpus se celebra con intensidad, recordándoles que “no merecen la comunión” y ayudándoles a sentir “el dolor de no comulgar” (así lo dice) para poder ponerlos en camino de cambio y conversión.  En verdad, es lo último ya: el deseo de comulgar y el dolor por no hacerlo como un “camino de purificación”.

Luis Argüello ha querido dejar claro que a pesar de la misericordia y del valor medicinal de la mesa donde caben todos, todos, todos… tal y como recordaba el papa Francisco, está la exigencia de la ley. El discernimiento en esta carta pasa a un segundo plano, ni se invita a él… no lo ha debido de oler en el pontificado anterior, tremendamente incómodo para tantos.

Olvida Luis Argüello que Dios es mucho más grande que todo eso (expresión que el papa Francisco solía decir en privado ante las dificultades) pesa más que todas las limitaciones que imponemos a los hombres y de las cargas que no podemos llevar.

Ha llegado la hora de recordar que por encima del “sagrario de la conciencia” y del “discernimiento de las situaciones particulares” está la Ley externa que olvida que Jesús lavó los pies en la última cena al traidor, al que lo negó y a todos los que huyeron dejándolo solo. Olvida Luis Argüello que Dios es mucho más grande que todo eso (expresión que el papa Francisco solía decir en privado ante las dificultades) pesa más que todas las limitaciones que imponemos a los hombres y de las cargas que no podemos llevar.

Pongo dos ejemplos por si le hacen pensar. Uno el de una familia que pertenece al Camino Neocatecumenal en la que su hijo, casado en segundas nupcias con dispensa de la Iglesia, no es aceptado y está para ellos “muerto en vida”por cometer adulterio. Los padres no aceptan las segundas nupcias por la Iglesia a pesar de la nulidad concedida. Para ellos su hijo es un adúltero. ¿Son esos padres más dignos de participar en la Eucaristía? ¿Han entendido eso de la “misericordia”? ¿Sabe Luis Argüello que estas cosas pasan o es que les da igual que pasen? Cuando gente así lea la carta se asegurarán en sus planteamientos que se saltan hasta los afectos más humanos: los de la carne y sangre.

El otro ejemplo lo conoce bien don Luis, seguro…: las personas que han de vivir el celibato y, por tanto, no llevar doble vida… ¿son dignas de presidir los sacramentos y, más aún, de poder negar la comunión a los fieles? Porque esas personas lo hacen en esos pequeños pueblos donde todo el mundo conoce al que o la que se acerca a comulgar y ven cómo el párroco les niega la comunión. Un día puede estallar del todo el escándalo en muchos sitios donde se conoce la “incoherencia” del pastor en su vida pública y privada.

Usted nos invita a “ser custodias”, pero ¿opacas? o translúcidas. ¿Quiere que transparentemos al Señor o que lo distorsionemos?.

Usted nos invita a “ser custodias”, pero ¿opacas? o translúcidas. ¿Quiere que transparentemos al Señor o que lo distorsionemos?.

Antes de hablar, mire para adentro. No atormente más a los que ya tienen bastante con sus situaciones y… no olvide que el pueblo que ha estado “al margen” y que ha encontrado acogida con el papa Francisco no ha olvidado que la Iglesia es “hospital de campaña” y no “aduana” donde comen y beben del banquete eucarístico “los perfectos”. Piense que sus palabras pueden hacer daño en manos de los que se vuelven talibanes de la fe porque arrojan sus creencias como armas contra los demás.

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