“Tras conocer las “poblaciones callampa” durante su paso estudiantil y pese a la resistencia de sus padres, abandona la carrera de arquitectura en la PUC para seguir su vocación religiosa. Una vez sacerdote, es enviado a Europa obteniendo el grado de Doctor en Teología Moral”,
“Su sensibilidad social y su sintonía con la izquierda lo hacía blanco de críticas en la Iglesia. De hecho, hubo un proyecto para suspenderlo por su simpatía con el marxismo, acción que fue evitada por el monseñor Carlos Oviedo Cavada. Se vivían los tiempos de la UP”
“En el ’74 fue capturado mientras trabajaba y conducido a Villa Grimaldi y Tres Álamos, episodio que recordaría como la peor de las siete detenciones a que fue sometido. “A todos quienes no creen en que se torturaba puedo decirles que las atrocidades fueron terribles“
La dimensión espiritual religiosa o Inteligencia Espiritual , forma parte del ser de la persona y tiene la función de iluminar a las demás inteligencias (Inteligencia Racional e Inteligencia Emocional)
La Inteligencia espiritual proporciona el sentido y la orientación de la vida ante la angustia existencial que produce la muerte, lo efímero de nuestra existencia y la fragilidad de nuestra vida.
Esta fotografía es de los últimos años de Foucauld entre 1914 y 1916
Charles de Foucauld a los cincuenta y seis años, parece una persona mayor. Su salud era bastante pobre, según el diagnóstico del Dr. Vermale, quien lo tratará contra el escorbuto
Hay que salir de nosotros e ir al encuentro del otro. No solo somos dependientes unos de otros, sino también que ninguno de nosotros tiene todos los dones.
La mansedumbre es incompatible con los métodos violentos de la acción, ya sea física o psicológica, pues no impone nunca al otro el propio modo de vivir.
Hay algo de sagrado en la hospitalidad y en sentarse a la mesa amigablemente, pues hace que se desplomen las barreras y nos abramos a la comunicación.
Hay que aprender a escuchar atentamente “con el oído del corazón” y respetar a las personas, pues cada una de estas es un misterio que nunca puede ser plenamente comprendido.
La «teología de la prosperidad», afirma que «la opulencia y el bienestar son el signo de la predilección divina que se consigue mágicamente con la fe»
En los Estados Unidos millones de personas frecuentan asiduamente «megaiglesias» que difunden la teología de la prosperidad.
En el Evangelio de la Navidad descubrimos, como los pastores en la noche estrellada, el valor del silencio, de la contemplación, de la sencillez, la humildad y la pobreza.
Si se logra encontrar el mecanismo del envejecimiento y la solución biológica y genética para prolongar la vida, no ganaremos dos, o cinco años, sino que podría ser una cosa increíble, de cien años más, quinientos, nadie lo sabe.
Los transhumanistas ya preveen hoy, con el aumento de las desigualdades, que habrá unas élites, que podrán vivir mucho, en sus planetas o islas artificiales y los demás no.
En el pasado, los hombres de Occidente saboreaban las profundidades y los matices del silencio… y hoy en día es difícil estar en silencio, lo que nos impide sentir esta palabra interior que calma y que tranquiliza
Toda criatura, ya en el cielo o en la tierra, ha de permanecer en silencio, ha de callar para poder adorar y admirar la grandeza de Dios
En este estado de silencio se reproducen las neuronas. Bastan dos minutos de silencio para disminuir la presión arterial y el ritmo cardíaco.
Hay que aprender a detenerse y respirar. Pues el ruido mata. Vivimos en un mundo regido por la economía de la atención: sugerencias, distracciones, bombardeo de información, continuas interrupciones en el trabajo…, eso provoca sobrecarga cognitiva, agota al cerebro.
Cuanto más nos haya impactado un acontecimiento desde el punto de vista emocional, más anclado queda en nuestra memoria, como fácilmente podemos ver en la seducción que utiliza la publicidad.
La estrategia más importante para manipular una persona es impedir que piense, que funcione su hemisferio izquierdo. Se trata de utilizar lo emoción, que dirige la razón, para que las personas piensen y actúen como se desea.
A diferencia del animal, solamente la persona está capacitada para interrogarse, pues constitutivamente lleva en sí el enigma permanente de su propia plenitud
La persona siente angustia ante la carencia o la pérdida de sentido y se sumerge en el vacío cuando no es capaz de dar respuesta a los interrogantes vitales.