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"Esperanza en un mundo vulnerable" - Boletín Iesus Caritas (Familia espiritual Carlos de Foucauld) - Octubre-Diciembre 2021

Boletin Iesus Caritas Octubre-Diciembre 2021

«Hacemos el bien no en la medida de lo que hacemos, sino en la medida de lo que somos» (Carlos de Foucauld)

«Un alma irradiante basta para encender un brasero» (Hermanita Madeleine)

«A primera vista, sobre la situación de los mundos la conclusión es la desesperación.

Pero, para el cristiano, la última palabra es siempre la de la esperanza.

Con todo, no nos interesa una esperanza falaz o alienante con soluciones únicamente para la vida eterna,

como si la eternidad no empezase ahora y aquí, porque es ahora y aquí donde construimos la vida eterna» (Helder Camara)

"Si vivimos con plena esperanza y confianza en Aquél de quien nos podemos fiar seremos hombres nuevos que no temeremos a nada y que sólo nos preocupará “hacer la voluntad de Dios Padre” aunque comporte sacrificios y molestias" (Emérito de Baria)

SIEMPRE, AUNQUE SEA EN LONTANANZA,

HAY LUCES DE ESPERANZA

La pandemia inesperada está siendo para la humanidad,

especialmente del mundo de la abundancia, una gran prueba al

poner límite a la autosuficiencia del ser humano. La alta

tecnología y el estado de bienestar han sido humillados por un

insignificante y mortal virus que solo parece vencido con el

distanciamiento social y, en consecuencia, con la desaparición de

fiestas y aglomeraciones. Algunos, con innegable buena

voluntad, pensaban que “saldríamos de ésta fortalecidos”.

Cuando escribo estas líneas, septiembre de 2021, parece que hay

cierta esperanza en volver poco a poco a la normalidad, pero ahí

quedan las huellas de una lucha. En general, me remito a los

datos a los estudios sociológicos divulgados estos últimos días

donde se habla de una apostasía silenciosa en la Iglesia española.

El título y el contenido de este BOLETÍN fue concebido y diseñado

en los momentos más virulentos de la pandemia. Su título sigue

siendo de una actualidad grande porque intentamos

humildemente sembrar esperanza en este mundo que se nos ha

revelado tan vulnerable donde necesariamente está naciendo un

mundo nuevo como leemos en la imagen simbólica de san Pablo:

«La creación entera gime dolores de parto» (Rom 8,22).

Ante la situación global que padecemos, prendemos la

humilde lámpara de la esperanza. Todos necesitamos esperar

algo. Ahora bien, las cosas pueden ofrecernos satisfacciones, pero

no nos aportan la felicidad. Así pues, no nos basta con esperar

algo. Necesitamos esperar a alguien. Lo sabemos por experiencia

todos cuando aguardamos la aparición de la persona en la que

deseamos depositar nuestro amor. Y lo saben los esposos que

esperan la llegada de sus hijos. Vivir “en estado de esperanza” es

la imagen de toda la existencia humana. Esperar a alguien exige

estar muy atentos a los signos que pueden anunciarnos su

llegada. No dejar pasar el momento. Y hacer de él un verdadero

encuentro que nos saque de nosotros mismos. Además de esperar

a alguien, necesitamos esperar en alguien. Poner en otra persona

nuestra confianza. Descansar en ella. Eso es lo que acerca la

esperanza a la fe humana y al amor interpersonal. Claro que el

esperar en otro puede a veces defraudarnos. A fin de cuentas,

deseamos poder esperar en Otro, mayor que nosotros. Queremos

que nos acoja con alegría y generosidad, que nos ame hasta

perdonarnos y que nos ayude a comenzar el camino cada día,

como si fuera el primero de nuestra vida. En realidad, de esa

forma solo podemos esperar en Dios.

Y, finalmente, necesitamos que alguien espere algo bueno

de nosotros. Y que espere en nosotros. Necesitamos sentirnos

necesitados. Todos agradecemos que los demás confíen en

nosotros y se fíen de nosotros. Queremos que estén seguros de

que podemos hacer algo significativo en nuestra vida y para la

vida de los demás. Pues bien, una esperanza tan firme y tan

inmotivada, tan amante y tan fiel, sólo Dios nos la puede

demostrar.

En este Boletín que anuncia el invierno divisamos en

lontananza las luces de esperanza como invitación de mirar a

Jesús y volver al Evangelio. El camino de la esperanza se rotula

acompañando a los débiles (A. Rodríguez Carmona) y frágiles de

los que Dios protector y materno, como un ave que recoge a sus

polluelos y bajo cuyas alas se encuentra refugio (Rut 2,12) (D.

Aleixandre), en misión y en camino hacia los más débiles (B.

García Traba). Un glosario espléndido de testimonios arropa la

reflexión sobre la esperanza cristiana y la lección de vida de

Mons. López Romero. El Manifiesto de la Esperanza, las letanías

de la esperanza y varios poemas escogidos llenan nuestro

apartado para la reflexión y oración.

Nuestra gratitud a Natalia Fernández por sus dibujos y a

Demetrio González Cordero por su reflexión sencilla y profunda

sobre esta virtud teologal en ediciones Paulinas (2000).

MANUEL POZO OLLER

Director

SUMARIO:

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