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Asunción: fiesta de María

“Apareció…en el cielo una figura prodigiosa : una mujer envuelta por el Sol” 

"Y el Evangelio confirma lo mismo, recordándonos ya a María, que cumple esa mujer del Apocalipsis: apareció dando claridad del camino del bien"

Virgen de luz

La Primera Lectura, del libro del Apocalipsis, simbólicamente anuncia el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, y su misión de vencer al mal. Dice, en efecto, el texto: “Apareció… en el cielo una figura prodigiosa: una mujer envuelta por el sol”. 

“Pero apareció también en el cielo otra figura: un enorme dragón… con siete cabezas y diez cuernos… Se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz para devorar a su hijo en cuanto este naciera”

Virgen de luz del apocalipsis

Sin embargo: “La mujer, dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones… Y su hijo fue llevado hasta Dios y hasta su trono… Entonces, oí en el cielo una voz poderosa que decía: Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías”

Con estas palabras, la Primera Lectura del libro del Apocalipsis recoge lo que ya había sucedido, es decir, que María vino a mostrarnos el camino de cómo obedecer a Dios para hacer el bien y vencer el mal, ese dragón que siempre está al acecho para capturarnos a cada uno de nosotros. Es la lucha entre el bien y el mal. Porque María nos garantiza el bien al darnos a conocer y al mostrarnos a Jesucristo, su Hijo.  

Y san Pablo, en la Segunda Lectura, recuerda que, si bien moriremos, sin embargo, con Cristo resucitaremos. Es decir, en esta vida luchamos entre el bien y el mal. Cuando hayamos recorrido bien nuestro camino, disfrutaremos eternamente del bien y ya no habrá lucha entre el bien y el mal.  

Si seguimos a Jesús, san Pablo nos garantiza, diciéndonos: “Cristo resucitó y resucitó como la primicia de todos los muertos”. Es el primero que resucitó para garantizarnos que, efectivamente, el mismo destino tiene para nosotros. Dice, además, san Pablo: “En Adán, el primer hombre, todos mueren; así, en Cristo, todos volverán a la vida”

Lo que bendijimos al inicio de la Eucaristía, a Cristo del Veneno, yo comprendo que esta invocación es para librarnos del veneno del mal, y que Él nos va a conducir si somos fieles discípulos suyos. 

Y el Evangelio confirma lo mismo, recordándonos ya a María, que cumple esa mujer del Apocalipsis: apareció dando claridad del camino del bien

Efectivamente, san Lucas expresa: “María se encaminó presurosa a un pueblo… y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto esta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno”

¿Qué quiere decir esto? ¿Solamente la alegría del encuentro entre María e Isabel? No. También quien vive allí, en el seno de María, salta de gozo. ¿Por qué salta de gozo? Porque es lo que espera, que sea nuestro encuentro entre nosotros: que sea para darnos la mano y caminar en el bien. Y reconocer con alegría, como lo hizo Isabel, que los acontecimientos gozosos provienen de Dios, y hay que compartirlos. 

Y así lo confirma la misma María en el texto. Dice María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava”

Nadie está diciendo que ella es una esclava. Ella quiere obedecer absolutamente en todo, lo que Dios le pide hacer. Por eso, ella misma afirma: “en la humildad de su esclava”

Por eso nosotros nos alegramos hoy y damos gracias a Dios al celebrar la Asunción de María a los cielos, porque de esta manera garantiza para todos nosotros, que si seguimos a su Hijo Jesús, llegaremos con ella a la casa de Dios Padre. 

Que así sea para todos y cada uno de nosotros aquí reunidos y para todos los que, con nosotros, hacemos el bien a los demás. ¡Que así sea!

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