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Cardenal Aguiar, en el Corpus: "Las enseñanzas de Jesús son una manera de alimentar el espíritu"

"La comunión que hacemos en la Eucaristía es para alimentarnos de la misma manera, que Jesús se alimentó para la Encarnación en la vida nuestra", señala el cardenal arzobispo primado de México

El cardenal Aguiar | AdM

(Arquidiócesis de México).- “Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”.

Hemos escuchado en el Evangelio según San Juan este inicio de la promesa de ser pan para que, a través del pan, Él esté presente y venga a nosotros. Es lo que Jesús ofrece a través de la Eucaristía.

No es un alimento para vivir corporalmente, o terrenalmente; es un alimento para garantizarnos, que esta vida continúe en la vida eterna. Pero quizás nos preguntamos, como preguntaron los judíos: “¿Cómo puede darnos a comer su carne?”. Una cosa es el pan y otra cosa es la carne humana, ¿verdad? Por eso no entendían los judíos.

El Hijo de Dios, al encarnarse en el seno de María, asumió nuestra condición humana para mostrarnos cómo debemos vivi; por eso Él es Camino, Verdad y Vida. O sea, el pan es una manera de alimentar el cuerpo. Las enseñanzas de Jesús son una manera de alimentar el espíritu, porque ningún cuerpo puede vivir sin espíritu, porque entonces se muere el cuerpo. Y Jesús utiliza los dos elementos: como alimento el pan, pero eso no es lo importante; sino que en ese pan nos alimente el espíritu, para que lleguemos a la Casa del Padre.

Cardenal Aguiar

Por eso afirma el mismo Jesús al final del Evangelio de hoy: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él;... así también, el que me come vivirá por mí”. Es decir, la comunión que hacemos en la Eucaristía es para alimentarnos de la misma manera, que Jesús se alimentó para la Encarnación en la vida nuestra.

Y por eso, en la segunda lectura, San Pablo lo reitera escribiendo su carta a los Corintios: “El pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo. Así afirma: “Porque todos comemos del mismo pan”. Esa es la razón de la Eucaristía: venir a alimentar el cuerpo con sus enseñanzas, en las lecturas de la primera parte de la Eucaristía, y con su presencia a través del sacramento eucarístico para alimentarnos y estar en comunión con Cristo.

En la primera lectura del libro del Deuteronomio, del Antiguo Testamento, escuchamos de boca de Moisés: “Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos 40 años por el desierto para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no los ibas a guardar”.

El pueblo de Israel fue un pueblo que entendió muy poco a poco, y por eso el Señor,le explica a Moisés,que lo llevó durante 40 años en el desierto. Yo creo que todos, ya a estas alturas de la vida, por las caras que veo, ya hemos pasado por algún desierto, es decir, alguna dificultad, alguna adversidad, algún problema que resolver. ¿Verdad que sí? Levante la mano quienes ya han vivido un poquito de desierto o mucho desierto. Todas las manos están levantadas, yo también.

Así podemos entender la larga travesía por el desierto: “Esto es para que te des cuenta que estoy contigo, que a pesar de que te sentías sin salida, yo estoy contigo”.

Cardenal Aguiar

En esta vida terrena, las adversidades, las dificultades, los problemas, los debemos afrontar guiados por las enseñanzas de Jesús y fortalecernos en la Eucaristía para salir adelante, gracias a la constante unión con Jesucristo, que siempre nos acompañará en todas las circunstancias, tanto en las favorables, como en las que nos sentimos alegres o contentos de que se lograron las cosas que yo quería que sucedieran. Pero también yo creo que todos lo hemos sentido, como ya lo dijimos, en las dificultades, en los desiertos.

Sin embargo la constante unión con Cristo, recuerden siempre, tanto en tiempos favorables como adversos, Jesús camina con nosotros. Agradezcámosle de corazón a Jesús, que haya querido acompañarnos y fortalecernos a través de la Eucaristía.

Ahora entenderán muy bien por qué la Iglesia para bien nuestro, obliga al menos los domingos y días de fiesta, como hoy, que vengamos a la Eucaristía.

En un breve momento de silencio, agradezcamos al Señor Jesús su permanente compañía. Amén.

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