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"El encuentro con Jesús siempre nos impulsa a ser misioneros"

Jesús y la samaritana

Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía. Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. 

En este diálogo entre Jesús y la samaritana descubrimos muchos aspectos que pueden enriquecer nuestra manera de seguir a Jesús, de creer en Él y de estar siempre también anunciando a otros lo que hemos vivido, como lo hizo esta samaritana. 

Ella anunció a sus paisanos lo que había experimentado, y muchos se convirtieron. Todo comenzó al compartir sus necesidades. Cuando compartimos lo que nos está oprimiendo o aquello que necesitamos resolver, es una oportunidad para encontramos con Dios. Y al encontrarlo surge en nosotros una inmensa alegría que transmitimos a todos nuestros conocidos, como le sucedió a la samaritana.  

Cristo y la samaritana. Alfonso Cano.

Ella no lo pensó ni un momento: lo que había vivido en ese diálogo con Jesús lo transmitió inmediatamente a su pueblo. Incluso se olvidó de la adversidad que existía entre judíos y samaritanos. 

Dice el texto que Jesús llegó a un pueblo de Samaria. Venía cansado del camino y se sentó sin más en el brocal del pozo. Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. La mujer respondió: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. 

Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a Él y Él te daría agua viva”. La mujer respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua”. Jesús le contestó: “El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”. 

Entonces la mujer dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Jesús le dijo: Créeme, mujer, que se acerca la hora en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad”. La mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Mesías?”.  

El encuentro con Jesús siempre nos impulsa a ser misioneros, como lo hemos escuchado en el Evangelio con la mujer samaritana. Ella se convirtió prácticamente en unos cuantos momentos en misionera, al transmitir su experiencia con Jesús. 

De la misma manera, en otro contexto, la primera lectura del libro del Éxodo nos presenta a Moisés. A él le ocurre algo parecido ante las lamentaciones del pueblo que se dirige a Dios por medio de Moisés. Entonces Dios manifiesta su poder y confirma a Moisés como su líder y pastor.

Moisés dijo a Dios: “¿Qué puedo hacer con este pueblo?” Y Dios le respondió: “Preséntate y golpea la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”

Así ayuda Dios al que le sirve, en este caso a Moisés. Por eso nosotros respondíamos cantando en el salmo: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”. Que siempre tengamos abiertos nuestros oídos para saber más de ti. Por eso venimos a misa, al menos los domingos, para escuchar tu palabra. 

Finalmente, en la lectura de san Pablo se expresa que es Jesucristo el camino para encontrarnos con Dios Padre y recibir la fe, la paz, y la gracia. Afirma san Pablo: “Mantengámonos en paz con Dios por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por Él hemos obtenido, mediante la fe, la entrada al mundo de la gracia”

¿Quién fue también la que escuchó en nombre de Dios al ángel? ¿Quién es María? Ella escuchó lo que Dios le pedía, obedeció y se convirtió en la Madre del Salvador. 

Por eso, los invito a abrir nuestro corazón y nuestros oídos para decirle:

Gracias porque viniste con nosotros y nosotros ahora estamos contigo. Enséñanos a conocer mejor a tu Hijo Jesús, y a ser no solo discípulos, sino también misioneros de su palabra y de su obra. 

Bendita seas, Madre nuestra, María de Guadalupe; con enorme alegría hemos venido a saludarte y agradecerte por todos los beneficios, que a través de ti, hemos recibido, durante estos ya casi 500 años de tu presencia entre nosotros. 

Hoy, a la luz de la Palabra de Dios, hemos escuchado, que realizando nuestras tares y abriéndonos al diálogo como Jesús y la Samaritana para compartir nuestras situaciones y necesidades, nuestras angustias y preocupaciones, encontraremos a tu Hijo Jesús, y con sus enseñanzas, descubriremos el camino a seguir para superar nuestros problemas. 

En este mes dedicado a la Familia, te pedimos que al interior de ellas, haya siempre el diálogo y la confianza para plantear a la luz de la Fe, tanto las adversidades como las satisfacciones. 

Por eso, Madre nuestra, necesitamos aprender tu ejemplo de visitar a tu prima Isabel, a quien le compartiste la experiencia de ser llamada para encarnar al Hijo de Dios. Movidos por tu testimonio maternal, crecerá nuestra confianza en Dios Padre, quien siempre nos orienta, sembrando en nuestro corazón las cosas buenas, para superar cualquier adversidad. 

Todos los fieles aquí presentes este Domingo nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.  

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

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