22 oct 2022
Cantar el “santo” desde el dolor más rotundo
Incluso en los momentos más desesperados, aceptando que no hay salida, se puede reconocer a Dios su bondad y aclamarle por la vida que nos ha dado con toda su belleza, aunque sepamos que está acabándose. Para ello hay que tener mucho temple, gran serenidad… pero ante todo una fe robusta y arraigada en la ternura.
En ese “santo” escuchamos el trasunto sonoro de la fe de Neoyorkina, la melodía del amor que se encarna en el sufrimiento y en las caricias. La vida, como el río, no se detiene. Pero si estamos atentos nos muestra cómo navegar en la olada y cómo sentir la felicidad con el rostro vuelto hacia la lluvia.