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Cuatro Mujeres que hacen Historia

Cambios silenciosos en el Vaticano

Emilce Cuda, Ana María Berdagain, Sofía Nicolasa Chipana y Mónica Santamarina revelan que el cambio en el Vaticano no pasa solo por gestos simbólicos, sino por quiénes están ayudando a interpretar la realidad y a orientar decisiones.

Desde América Latina y el laicado organizado, son cuatro mujeres que están influyendo en cómo Roma mira el mundo. No hacen ruido, pero están moviendo el eje del poder en la Iglesia.

Cuatro Mujeres

La presencia de mujeres en el Vaticano suele contarse como un avance simbólico o como un gesto de apertura. Sin embargo, en los últimos años está ocurriendo algo más profundo y menos visible: algunas mujeres no solo están “presentes”, sino que están influyendo en cómo Roma piensa la Iglesia y su relación con el mundo.

En el ciclo iniciado por el papa Francisco y continuado por León XIV, cuatro mujeres permiten observar con claridad este desplazamiento silencioso del poder. Las latinoamericanas Emilce Cuda, Ana María Berdagain, Sofía Nicolasa Chipana Quispe y Mónica Santamarina fueron nombradas por el Papa como consejeras del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. Ellas, no hacen lo mismo ni vienen del mismo lugar, pero coinciden en algo clave: obligan a la Iglesia a mirar la realidad con otros lentes.

Emilce Cuda

Desde su cargo como secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, Emilce Cuda ocupa un espacio estratégico. No administra sacramentos ni dirige oficinas burocráticas: ayuda a interpretar lo que ocurre en el continente donde vive casi la mitad de los católicos del mundo.

Cuda, doctora en Teología, ha insistido en algo simple pero incómodo: América Latina no puede leerse solo desde la caridad o la emergencia social. Hay desigualdad estructural, crisis políticas, democracias frágiles y conflictos que no se resuelven con buenas intenciones. Su aporte ha sido volver a poner la cuestión social y política en el centro, sin discursos ideológicos ni frases hechas.

Con ella, Roma deja de hablar sobre América Latina y comienza, lentamente, a pensar desde América Latina.

Ana María Berdagain

Muy distinto es el lugar desde el que actúa Ana María Berdagain. Uruguaya, doctora en Sociología e historiadora de la Iglesia, su trayectoria está marcada por el Movimiento Internacional de Intelectuales Católicos (MIIC–Pax Romana) del que hasta hace poco fue su presidenta y ha estado desde joven vinculada también a sus expresiones estudiantiles, como el MIEC y la JECI.

Berdagain pone el dedo en una herida conocida, pero pocas veces asumida: la Iglesia puede hablar de sinodalidad, participación y escucha, pero si el poder sigue concentrado, nada cambia de verdad. Su mirada ayuda a desmontar discursos atractivos que no se traducen en decisiones concretas.

Siente, habla y piensa como laica. No cuestiona la fe ni la misión de la Iglesia; cuestiona algo más básico: quién decide, cómo se decide y quién queda fuera. Y esa pregunta, en Roma, pesa.

Sofía Chipana

La presencia de Sofía Nicolasa Chipana Quispe introduce otro tipo de novedad. Teóloga aymara, integrante de la Comunidad de Sabias y Teólogas de Abya Yala, no llega desde la universidad europea ni desde los pasillos vaticanos, sino desde la experiencia de los pueblos originarios. Vive y trabaja en Bolivia.

Su aporte se centra en algo muy elemental: recordar que la fe no se vive ni se expresa igual en todas las culturas. Chipana cuestiona, con serenidad y firmeza, una Iglesia que durante siglos pensó el mundo desde categorías europeas, incluso cuando hablaba de diálogo o de respeto cultural.

Que una voz indígena sea escuchada en espacios vaticanos no cambia todo, pero rompe una inercia histórica: la de hablar de los pueblos sin dejar que hablen por sí mismos.

Mónica Santamarina

La cuarta latinoamericana nombrada por León XIV es Mónica Santamarina, mexicana y presidenta general de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC). A diferencia de las anteriores, su fuerza está en el laicado organizado a escala global.

Santamarina encarna una pregunta incómoda para la estructura eclesial: ¿qué lugar real tienen hoy las mujeres laicas en las decisiones de la Iglesia? Desde una red presente en decenas de países, su interlocución con Roma pone sobre la mesa temas como liderazgo femenino, corresponsabilidad y coherencia social, no como teoría, sino como experiencia concreta de miles de mujeres en comunidades y organizaciones.

Cuatro mujeres, un mismo efecto

Cuda, Berdagain, Chipana y Santamarina no forman un equipo ni responden a una estrategia única. Pero juntas muestran un cambio relevante: el Vaticano empieza a escuchar a mujeres que no repiten consignas ni ocupan cargos decorativos, sino que ayudan a definir los problemas antes de buscar soluciones. La ganancia es evidente: más contacto con la realidad.

Un contexto que no es casual

Este desplazamiento no ocurre en el vacío. Se inscribe en una serie de nombramientos formales de mujeres en cargos de alto nivel, impulsados primero por el papa Francisco y sostenidos por León XIV. El más significativo ha sido el de Simona Brambilla como prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada, un cargo que hasta hace poco parecía reservado exclusivamente a cardenales.

A ello se suman otros nombramientos femeninos en áreas clave de gestión y discernimiento, que muestran que la presencia de mujeres ya no se limita al asesoramiento informal, sino que empieza a formar parte de la estructura de gobierno. No todas influyen del mismo modo ni en los mismos planos, pero el mensaje es claro: el Vaticano está probando nuevas formas de ejercer autoridad.

En tiempos de polarización política, crisis social y pérdida de credibilidad institucional, escuchar estas voces no es una concesión ideológica. Es una señal de realismo.

Tal vez por eso mismo, este cambio avanza despacio, sin grandes anuncios. Pero cuando ocurre, se nota.

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