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Millei, el CEU la medalla de honor y el capitalismo judeocristiano

En el caminar pastoral me voy encontrando con sacerdotes y religiosos, amén del laicado, que me aportan y me ayudan a pensar y a interrogarme. En el mundo de la migración he coincidido con un salesiano que aporta un montón tanto de su formación como de su compromiso. Tras décadas en tierras africanas, por Mali, ahora deambula por la península dedicado a la educación y la pastoral, pero con una inquietud por lo que está pasando en el mundo y una visión global que admiro. En estos días anda dolido, como muchos, por cuestiones políticas a las que es difícil poner nombre y ante las que la Iglesia permanece callada e indiferente. Ante este detalle del CEU y la medalla de honor a Milei, siente la necesidad de reflexionar y expresarse. Yo recibo su escrito y lo leo con atención y quiero compartirlo con vosotros.

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MALAS COMPAÑÍAS

Me costó entender lo que leía, y tuve que leer de nuevo para comprender la noticia: hace unos días Vida Nueva publicaba el siguiente titular: “Milei recibe la Medalla de Honor del CEU y defiende el “capitalismo judeocristiano”. Al principio creí que se trataba de una noticia de Argentina, pero no, hablaba del CEU. Luego me di cuenta de que sí: El CEU había invitado a ese ilustre personaje por: “Innegable proyección pública y su capacidad de interpelar a nuestro conocimiento”. 

Pues sí. Era el CEU de toda la vida. De la “innegable proyección pública” no vamos a hablar. El mundo ya está familiarizado con las astracanadas de ese personaje que se hizo famoso por sus diálogos espiritistas con su perro Conan. No voy a meterme a describir el desastre que vive Argentina, con la pobreza alcanzando valores históricos, y el país sometido a la tiranía de las transnacionales. Sería demasiado largo.

Voy a analizar los motivos por los que esa institución universitaria llamó a Milei: Por su “Capacidad de interpelar nuestro conocimiento”. Pues sí que lo interpela, porque nos da razones para preguntarnos qué hace ese personaje en una institución respetable como el CEU. Aunque os confieso que, después de esto, ha bajado muchos puntos en mi valoración personal.

Una de las perlas que ha pronunciado este insigne representante de lo que llama “Anarco capitalismo” - que simplemente es el capitalismo salvaje de toda la vida, con acento porteño - es “La justicia social es aberrante” . No es la primera vez que suelta esa flatulencia verbal, por cierto, proclamada también por otra ilustre prócer celtíbera, la Sra. Ayuso, pero que lo diga en el lugar donde lo dice tiene bemoles y sostenidos. Así que la Justicia Social es aberrante. Y esto lo afirma sin despeinar su alborotada melena. En el colmo de la incoherencia habla a renglón seguidodel “Capitalismo judeo-cristiano”. No sé a qué alude, pero el capitalismo desbocado va en contra de la tradición bíblica que hace una apuesta innegable y contundente en favor de la redistribución de bienes. No parece haber leído nada del nuevo testamento, donde se invita a compartir y donde Jesús habla del peligro de las riquezas. Parece ignorar toda la tradición patrística, en la que se insiste de forma reiterativa en la justicia social. Hace caso omiso a Santo Tomás, y el principio del Destino Común de los bienes, y, por supuesto, no tiene ni idea de ninguna de las encíclicas sociales escritas por los papas desde León XIII hasta el Papa actual, en las que de forma reiterativa e inequívoca, se apuesta por la intervención del Estado, precisamente para salvaguardar los derechos de los más débiles. Milei sólo reconoce la caridad espontánea, no la que se hace “a punta de pistola”, es decir, la que el Estado impone a través de las políticas distributivas. La que funciona realmente.

También hace alusión al “relativismo moral”. Y añade que “Hay un conjunto de valores que no son negociables. “La vida, la libertad, y la propiedad privada”. Le recordamos, por si no se había tomado el tiempo de leerlo, que en la tradición cristiana la propiedad no es un valor absoluto, y está supeditada a la necesidad del prójimo. Que el valor supremo es la vida, y la dignidad, y que, cuando no se arbitran los medios necesarios para garantizar estos valores a través de la política, la vida social se convierte en una lucha desigual, en la que ya están decididos de antemano los perdedores.

Sería largo glosar la antología de disparates proferida por esta eminencia, pero me voy a referir a otra de sus deyecciones ideológicas: “Israel es el bastión de Occidente”. Para Milei no hay genocidio, no hay Nakba; no hay apartheid ni terrorismo de estado. Se siente a gusto ahí. Sigue la tradición racista y supremacista que creó el Sionismo.

Ya sabíamos de la vinculación del presidente argentino con el sionismo, y también la vinculación de la extrema derecha ibérica con este movimiento. Esto no es nuevo. Ya estamos acostumbrados a sus vomiteras verbales.

Lo preocupante es que el CEU se preste a este juego. ¿Me quieren decir que están de acuerdo con este personaje? ¿Van adecir que no sabían lo que previsiblemente iba a decir?

Peor aún: Quiere esto decir que el CEU se adhiere a los escupitajos dialécticos y a la basura intelectual de este “anarco capitalista”?

Les plantearía la pregunta de otra forma: ¿El CEU está de acuerdo con los planteamientos de este lunático? ¿En su respetable organización piensan igual que él? Su institución hace caso omiso de toda la tradición ética de la Iglesia Católica y se rinde a las sutilezas oratorias del encantador de perros? 

¿En el CEU no han leído ninguna encíclica social? ¿Saben lo que pensaban los últimos papas del neoliberalismo? ¿No han escuchado los discursos del Papa León en España? Realmente están de acuerdo con este histriónico personaje. ¿Están ustedes ciegos?

Todas estas preguntas parecen que ya han sido respondidas por quienes llamaron a inaugurar un curso de verano.

Desde este rincón de Extremadura, no puedo sino mostrar mi más profunda decepción ante el coqueteo de instituciones vinculadas a la Iglesia con personajes tan inequívocamente incompatibles con la tradición católica. 

 Y sí. Manifiesto un rechazo sin paliativos. No creo que sea ésa la Iglesia que hubiera deseado el Papa Francisco, ni el Papa León. No es ésa la Iglesia que se deja entrever en las páginas del Evangelio.

Los cristianos hemos de estar al lado de los que sufren, de los pisoteados por la historia; al lado de las víctimas de este sistema que mata, como dijo el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium. Al lado de los inmigrantes demonizados por los vendehumos de la extrema derecha que los han elegido como chivo expiatorio.

Si no estamos ahí, nos hemos equivocado de bando.

Y, tristemente, me parece adivinar de quéparte se coloca el CEU.

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