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Paca humilde y mansa de corazón (XIV Domingo)

"Venga a vivir con nosotros"

La revolución de los mansos y los humildes

Una exclamación de Jesús realmente revolucionaria y transformadora, una clave para discernir lo verdadero y fundamental de lo pasajero y accesorio. Un modo de vivir y serenar se que convierte en la fuente que da descanso y satisface la sed de lo interior y lo profundo. Ponerse junto a Jesús y dejar que su yugo nos apareje con él no tiene precio, es sentir la mansedumbre y la humildad de un corazón que te llena de vida y la comparte contigo. En ese yugo nunca vas a estar solo, tu Dios será tu compañero de camino y tu apoyo en la luz y en la oscuridad. Los que encuentran este tesoro no lo cambian por nada del mundo, dichosos los que ven y oyen lo que ellos sienten y reciben de ese pastor entregado, de esa pareja tan fiel.

Paca con su nieta anabel

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

En aquel tiempo exclamó Jesús:

–Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mí yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga, ligera. (Mateo 11,25-30)

Llevadero y ligero

La verdadera relación con Dios se verifica cuando encontramos en él alivio y descanso para nuestros cansancios y agobios. Su cercanía y presencia nos muestra un corazón manso y humilde. Lo que angustia y presiona no viene del Padre ni de su Hijo. Los que se unen a él reciben su paz y su serenidad.

Paca, mansa y humilde de corazón

Paca y su nieta Anabel

Recuerdo una de las primeras veces que estuve en la parroquia de Guadajira. El alcalde me comentó que se iba a inaugurar un punto de agua potable para el pueblo. Llevaban más de un año sin agua potable y se había buscado esta pequeña solución de una depuradora para poder abastecer desde un punto de agua potable. A los mayores se les podría acercar a sus casas; los demás habrían de ir allí a recogerla, un grifo externo en la calle del «Agua». Acudí a aquel acto como uno más, pero, claro está, en una población de quinientos habitantes y entre unos veinte o treinta que asistían al evento, yo llamaba la atención, y enseguida comentaron quién era ese señor al que nunca habían visto. Al enterarse de que era el sacerdote nuevo, una señora mayor, Paca, delgada y curtida en su piel, con vestimenta muy sencilla, se acercó a saludarme y me dijo: «Venga a vivir con nosotros». Me quedó grabada su imagen y su petición.

Meses después, un domingo antes de la eucaristía, la vi caminando con su bastón por la calle de la Iglesia; se acercó al templo y echó su limosna en el lampadario, y haría sus oraciones a la Virgen y al Cristo. Al salir me estuvo comentando que ella no acudía a la celebración dominical porque tiene un hermano, Isidoro, que no se mueve de casa y está pendiente de él, tiene que cuidarlo bien. Al poco me presentó a su nieta Anabel, una joven con autismo con la que convive y que se ha hecho amiga mía, enviándome muchos whatsapps cariñosos. Pensaba en su oración sencilla y confiada ante Dios, en su forma de vivir la fe, de dar su limosna y de mostrarse cercana a mí. Sigo intentando hacerme con una casa alquilada para poder vivir con ellos. Su deseo manifestado de que fuera a vivir con ellos lo entiendo como una petición para compartir la vida, para acompañarlos en su caminar y en su vivir de familia, de pueblo, en sus dificultades y alegrías, para ser más de ellos.

Al leer este evangelio de la sencillez de las personas que en su cansancio y agobio encuentran la paz y la serenidad de una fe que les da fuerza y les ilumina en el sentido de la vida, la recuerdo y la contemplo ante Dios. Cada vez que la veo por el pueblo siento el fragor del Evangelio y de lo más humano, en la ternura y en lo sencillo de su vivir y de su ser. Ahora que puede, es fiel asidua a nuestras celebraciones, en ella veo la sencillez del evangelio, en su cuerpo cansado y envejecido, pero lleno de fuerza y de voluntad para seguir viviendo y dando vida. Yo encuentro en ella alivio y descanso, su propia figura me pacifica y serena.

Ante el corazón traspasado

Danos tu mirada y tu palabra oportuna para mostrar tu ternura a los que la necesitan. En la cruz te preocupas por el dolor de quien te acompaña en un amor traspasado, con un dolor anunciado y aceptado, como voluntad del Padre a favor de los hermanos. Quiero, como tú, tener entrañas de consuelo y cuidado, de ternura y entrega para que nadie esté solo ni descuidado. Quiero que, en este mundo nuestro, a la madre nunca le falte el amor del hijo, y que al hijo nunca le falte la ternura amorosa de la madre. Que todos lleguemos a tener corazón de hijo como tú y entrañas de madre como ella. Y me sobrecoge tu último suspiro, tu expiración humilde y mi última mirada al aliento postrero de mi madre en su agonía. Y escucho tu sentencia: «Todo se ha cumplido».

Pero todo eso solo es posible si dejamos que el Jardinero resucitado siembre en nosotros semillas de justicia y de paz. Dejarnos cuidar en nuestro interior por Dios es condición fundamental para vivir en el verdadero Espíritu. Por eso hoy, Jesús, en medio de este mundo ajetreado, rico, cansado y descuidado, sigue haciendo una invitación expresa y directa a la humanidad: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar…». Allí él nos enseñará a confiar en su corazón, a descansar en él, con todos nuestros cansancios, agobios, que él nos aliviará… le duele que andemos como ovejas sin pastor.

La Iglesia, desde el papa hasta el fiel más pequeño, estamos llamados a cuidar el descanso, la interioridad, el encuentro gratuito con Cristo y los hermanos, y todo ello para poder ser corazón en este mundo. Para que otros puedan venir y descansar en nosotros y sientan que el Señor es su pastor y que nada les falta.

Acordes encarnados:

50. PACA: MANSA Y HUMILDE DE CORAZÓN | A. Calvo & P. Monty

Paca, mansa y humilde de corazón

Aprended de mí en calma,

soy humilde, manso en alma,

y en mi pecho hallaréis paz,

como brisa entre las palmas.

No temáis si el día abruma,

ni si el mundo os desarma:

en mi amor tendréis abrigo,

en mi cruz, la dulce palma.

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