Pentecostés: "Cuidar la paz es cuidar la vida". Semana Laudato Si
Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
Les enseñó las manos: De la esperanza a la acción
Dichosos los que trabajan por la paz y los que tienen hambre y sed de justicia. Las manos de los que se comprometen en ese trabajo acaban traspasadas por el dolor de los hermanos y heridas por el compromiso, ir a contracorriente a favor de la justicia y lo digno en el mundo, sea donde sea. Donde un hombre sufre violencia, allí está el Señor, están sus manos traspasadas y su costado herido.
En el marco del año jubilar de San Francisco de Asís —figura que inspiró la célebre encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común—, el Papa León XIV nos recuerda “su mensaje de paz con Dios, con los hermanos y con todas las criaturas”, al tiempo que proclama con firmeza: “¡Cuidar la paz es cuidar la vida!”.
El Sumo Pontífice lamenta el impacto negativo de los conflictos bélicos en la agenda ambiental del planeta. “A causa de las guerras, en estos últimos años se han retrasado mucho los progresos en este ámbito”, observó la máxima autoridad de la Iglesia católica.
El Espíritu Santo viene para inspirarnos la acción ante el conflicto y la violencia que en nuestro mundo lleva muerte y dolor a los pueblos y a los más pobres y sencillos. No es el Espíritu de la comodidad y la indiferencia, tampoco del miedo, lo es del amor comprometido y esperanzado que sabe fortaleza y de caminos de justicia y de paz.
PENTECOSTÉS
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.(Juan 20,19-23)
Paz a vosotros. Aquí y ahora
Estamos en un momento de dolor y de incertidumbre, de conflictos y violencia, no podemos permanecer callados. Es el Espíritu de Dios quien nos empuja para trabajar por la justicia y por la paz, para eso hemos sido enviados. Desde las diócesis extremeñas sentimos la necesidad de alzar nuestra voz ante el genocidio de Gaza y todas las situaciones de violencia y guerra en el mundo actual. El Espíritu nos mueve.
Las Delegaciones Diocesanas para la Migración de las tres diócesis extremeñas, Mérida- Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia, han manifestado su «dolor e indignación ante el sufrimiento de la población en Palestina en el conflicto de Gaza». Lo han hecho a través de un comunicado en el que llaman «la atención sobre este problema que preocupa a la Iglesia entera y a la humanidad». En ese comunicado afirman que «no podemos ser indiferentes ni cómplices con nuestro silencio ante las guerras activas actuales».
Las tres delegaciones señalan que «no podemos consentir que la destrucción siga recorriendo la franja de Gaza, necesitamos justicia y paz para quienes viven en esos países, Israel y Palestina, con el respeto total a los derechos en esa tierra sagrada».Lo han dicho con palabras de compromiso y denuncia.
Quieren estar en comunión con la Iglesia universal junto al Papa León que no está invitando en este momento a mirar con oración y compromiso ciudadano a esta situación de guerra fratricida en la que se está utilizando hasta el hambre para matar y acabar con los débiles de la tierra. Unos y otros juegan con la violencia que sufren los más pobres y débiles de los pueblos.
Por eso, y por ser un imperativo para la dignidad humana, las iglesias diocesanas extremeñas reclaman, juntos a los que harán peregrinación desde El Cairo de un modo simbólico:
Que se respete el derecho internacional humanitario.
Que se permita la entrada de ayuda humanitaria sin restricciones.
Que se respete la defensa de la vida, especialmente de las personas más vulnerables, infancia, enfermos, mujeres, y se libere a todas las personas secuestradas.
Que se abran corredores humanitarios para asistir a la población civil.
Que dirigentes de los Estados sigan imponiendo sanciones a los acuerdos con quienes no respetan el derecho internacional humanitario y cese el rearme, con un embargo militar integral, en búsqueda de una paz «desarmada y desarmante».
Que se dé fin a la guerra en Gaza y se inicie la reconstrucción de las infraestructuras para una vida digna del propio pueblo palestino en su territorio, hasta consolidar una paz con justicia y reparación. Nos unimos a la petición del Papa:
“Pido que se detenga inmediatamente la barbarie de la guerra y que se llegue a una resolución pacífica del conflicto”
La Iglesia del Espíritu de la paz
Somos la Iglesia del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo resucitado. Ahora es el momento de acabar con todos los miedos y los temores para vivir eternamente desde la confianza. La violencia y la destrucción fratricida no tienen cabida frente al Espíritu del Crucificado que ha resucitado para derribar todo muro de separación y de odio.
En medio de este mundo, siempre tentado por un poder y una riqueza miedosos y encerrados en su deseo de seguridad, la Iglesia está llamada a abrir todas sus puertas y ventanas para que el Espíritu que ha recibido se haga extensivo para todo el mundo y toda la creación. Ella no puede ser frontera cerrada para la libertad.
Hoy ha de abrirse al impulso del Espíritu, que le dice que ha de ser «Iglesia en misión, en salida, compasiva, generosa, de perdón y sanación, de fuerza para los débiles y denuncia para los injustos y los inmisericordes», para llamarlos a la conversión del corazón.
Acordes encarnados:
42. CALLEN LAS ARMAS | A. Calvo & P. Monty
Callen las armas
Callen las armas, hable la paz,
no más cenizas sobre el hogar.
No más infancias rotas por fuego,
ni más fronteras al corazón ciego.
La tierra santa llora de espanto,
bajo el estruendo cruel del quebranto.
Israel, Palestina... hermanos heridos,
piden justicia, no más alaridos.