Un pregón en boca de un pastor herido y sanante, Leonardo
Pasión y resurrección tras mi experiencia como enfermo de cáncer"
Desde la comunidad parroquial de los Santos de Maimona pidieron a su párroco Leonardo que pregonara este año la semana santa de la localidad. En años anteriores no lo habían hecho porque lo veían bastante débil con su enfermedad cancerígena bucal. Ahora que está en mejor situación se lo han pedido y él superando las dificultades ha esmerado en compartir con su pueblo una reflexión de vida y ministerio, traspasada ahora por el dolor y la esperanza. Leonardo está siendo para nosotros un testimonio de la vivencia ministerial en ámbito de la enfermedad, ha hecho de su dolor un instrumento para servir a la comunidad en la debilidad y en la vulnerabilidad. Por eso me parece importante traer aquí esta confesión de fe y animación a vivir el misterio de la pasión, muerte y resurrección desde un sacerdote de a pie, de comunidad, sinodal, sencillo, profundo... y deseoso de servir, sabiéndose débil y limitado, y no sólo por la enfermedad. Una verdadera confesión de pastor tan herido como sanador. Nosotros somos testigos de ese proceso como compañeros y nos estamos enriqueciendo grandemente. Anoche fue para él un verdadero gozo de ministerio y de entrega en su pueblo de los Santos de Maimona. Inolvidable para él y para todos los que lo acompañaron y podrán seguirlo de muchos modos.
Introducción:
Unos de los pregones de Semana Santa que escuché en Zafra, siendo Vicario parroquial de la Candelaria, empezó por la resurrección. Esta idea me pareció sugerente para hacer mi pregón.
Quería también compartir mi vivencia de la enfermedad de cáncer de boca durante todos estos últimos años, después de la pandemia y, por supuesto poner en el centro los misterios centrales de nuestra fe que nos disponemos a celebrar en Semana Santa: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Y desde la resurrección de Jesús iluminar mi enfermedad y vuestras vidas como lo hicieron los evangelistas con la vida de Jesús a la luz de su resurrección. Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe nos dice San Pablo.
Gracias a las sugerencias y aportaciones de personas a las que le he pedido me echaran una mano.
Luz de Cristo Deo Gracias
Jesús ha resucitado
luz de Pascua aleluya
El Domingo nos libera,
de todas las ataduras.
Y todavía en la noche,
una imagen que es reflejo
de la vida.
Jesús el Resucitado,
luz de Pascua, la Alegría.
Un niño de ojos muy grandes
ha madrugado este día,
y se mira sorprendido
en ese Dios que sostiene
la bandera de la Vida
el triunfo sobre la muerte
Luz de Pascua
la alegría.
( De un pregón de Lucio Poves)
2.- El contexto social
Vivimos un tiempo nuevo y diferente de los que nos han precedido. Experimentamos hoy, que el contexto social en el que estamos inmersos es el de la guerra, por los conflictos crueles que se desarrollan en tantos lugares de la tierra, a causa de la energía, de los minerales raros, los intentos de imposición del poder del más poderoso. Me impresionó escuchar del papa Francisco hace ya muchos años que estabamos en la tercera guerra mundial.
No es con la fuerza ni la violencia como el mundo cambiará, solo el amor lo cambiará. Para nosotros, los cristianos, se trata de seguir los pasos de Jesús como manifestación del Amor de Dios por toda la humanidad, poner amor donde haya odio, como lo hizo San Francisco de Asís.
Abramos el corazón a la palabra de Dios que nos da la clave de todo el misterio que celebramos:
Jesús después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto,volvió a sentarse a la mesa y dijo a sus discípulos:
¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los
pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. (Juan. 13.3-5.12-15).
Santa Teresa de Calcuta nos dice
Jesucristo nos amó a todos. Y se hizo pan de vida para poder amar y saciar el hambre de Dios que embarga nuestros corazones.
Se hizo hambriento, desnudo, enfermo, desahuciado, necesitado de ayuda ( preciosa ayuda la recibida en su pasión por la Verónica y el Cireneo añado yo). Se hizo indeseado, no amado, insocorrido a fin de que vosotros y yo pudiéramos tener la alegría de darle de comer, de vestirle, de ofrecerle alojamiento, depositando en él nuestro amor, haciéndole sentirse curado, haciéndole sentir que éles alguien muy especial para vosotros y para mí.
Ese Jesús se encuentra hoy en todo el mundo. Cáritas lo encuentra en María y su familia; en los pequeños José y María y sus padres; en Fernando, Enrique y sus madres y tía, en Manuela, en Jéssica, (y muchas otras personas que están presentes en mi corazón) y tiende su mirada hacia nosotros para preguntarnos.
– ¿Me amas tú?
– ¿Estás dispuesto a aliviar este sufrimiento de estas y tantas personas que no sólo carecen de pan sino de amor, que sean comprendidos y reconocidos como hermanos y hermanas nuestros, creados por la misma mano amorosa de Dios.?
La palabra de Dios insiste como en un Jueves Santo continuo:
Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros. Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos. ( Jn 13. 34-35)
Sigue dicendo Santa Teresa de Calcuta:
Nuestras vidas tienen que alimentarse de continuo con la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la Eucaristía, ya que si no fuéramos capaces de ver a Cristo bajo las apariencias de pan,
tampoco nos sería posible descubrirlo bajo las apariencias de los pobres. Pero la Eucaristía, la oración ante el Santísimo queda incompleta si no nos lleva al servicio y al amor de los pobres.
Siento que he recibido mucho más de lo que he dado a los pobres. He tenido sobre todo su amistad y cariño.
Me llama en especial el grito de Jesús en la cruz, mostrando su sed en la angustia:
Después; Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que también se cumpliera la Escritura, exclamó:Tengo sed. ( Jn 19. 28)
Tengo sed, dijo Jesús en la Cruz. Su sed no era de agua, sino de amor. Voy aprendiendo en el acercamiento, acompañamiento y el trato con nuestros hermanos más pobres, el aspecto educativo de la acción socio-caritativa de la Iglesia. A que ellos mismos sean protagonistas de sus vidas. A ayudarnos mutuamente y a seguir creciendo en santidad.
Aludo a dos sacerdotes como referentes para nuestra misión educativa-pastoral.
San Juan Bosco fundador de los Salesianos
Él decía: ¡cuántas veces hijos míos, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo.
Añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez. Pero también hemos de tener conciencia del daño que puede hacer a los niños un amor demasiado indulgente.
Y desde hace algunos años la figura del sacerdote Don Ezequiel , el cura de los Santos. Me ha impresionado por su intuición, después de fracasar en Fregenal, de apostar primero por una buena educación y En su vida sacerdotal, en el pueblo de los Santos, hubo mucho de dolor y de vida resucitada. Murió de pena por la guerra entre sus propios alumnos después de tanta pasión que había puesto en su educación cristiana hasta dar su vida por ellos.
3.- Contexto eclesial.
En la Iglesia hemos vivido los últimos años siendo papa Francisco y lo seguimos viviendo como don en nuestro papa actual León XIV el Sínodo sobre la Sinodalidad , como intento de respuesta de la Iglesia al nuevo tiempo que nos vemos obligados a vivir.Nos decía el papa Francisco:
La sinodalidad es un proceso renovador y revitalizador de la Iglesia, que transforma y que ilumina; que hace referencia a lo que la Iglesia es y que debe orientarse a la misión, a salir de si
misma para llevar la Buena Noticia de Jesucristo al mundo.
Dando la palabra a todos, caminando juntos para vivir la comunión, realizar la participación y abrirse a la misión.
El estilo sinodal de la Iglesia ofrece muchas sugerencias importantes para la humanidad. En una época caracterizada por desigualdades cada vez mayores, por la creciente desilusión con los modelos de gobierno, por el desencuentro con respecto al funcionamiento de la democracia y el predominio del modelo de mercado en las relaciones interhumanas y por la tentación de resolver los conflictos recurriendo a la fuerza en lugar de al diálogo, la sinodalidad puede ser de inspiración para el futuro de nuestras sociedades.
Es un reto para el creciente aislamiento de las personas y el individualismo cultural, que inlcuso la Iglesia ha absorvido a menudo, y nos llama al cuidado mutuo, a la interdependencia y a la corrresponsabilidad en favor del bien común. Pero también plantea un reto a un comunitarismo social exagerado que asfixia a las personas y no los permite ser sujetos libres de su propio desarrollo.
Nosotros, en la Parroquia, estamos practicando tímidamente esta puesta al día de este trabajo en común. Necesitamos sacerdotes y laicos formados en ser una Iglesia sinodal.
Nuestro Obispo, Don José, subrayó, en el encuentro diocesano de cofradías de este año, las tres dimensiones esenciales para la identidad cofrade: la fidelidad a la identidad cristiana, la vivencia del
compromiso socio-caritativo y la formación permanente para fortalecer y defender la fe. Eso vale para todos. Pero es una exigencia que deben cumplir: por lo menos el hermano mayor y los miembros de la Junta de Gobierno de cada Cofradía.
4.- Pasión y resurrección tras mi experiencia como enfermo de cáncer
Hoy entro en la pasión con el dolor del mundo y con el mío propio, en esta escuela de la enfermedad:
Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: Mira este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedará al descubierto las intenciones de todos. ( Lc2, 33-35)
-¿Por qué tanto dolor en el mundo?
-¿Por qué tanto sufrimiento en las vidas de tantas personas cercanas a nosotros?
-¿Cómo vivir con paz y serenidad el sufrimiento y experimentar que todo nos sirve para bien?
No hermanos, no siempre llevamos bien nuestro dolor, nuestras enfermedades, las consecuencias y las causas de las mismas.
- ¡Qué bien hacemos nuestro el sufrimiento de los otros, cuando lo comparten, sobre todo en sus lágrimas, como expresión sincera de lo
que les hace sufrir en la vida!
Llevo cinco operaciones en la boca y un raspón en la lengua. Todo empezó después de la pandemia, tras volver a la consulta del cirujano dental de Zafra. Desde entonces, hasta ahora, siempre me han atendido muy bien en el hospital y con mucha familiaridad. También mi familia que me acompaña en mi camino de configuración con Cristo en su pasión y resurrección.
Llevo bien las comidas líquidas en vasos complementados con batidos energéticos. Mas problemas, y me afectan a veces al ánimo, el sentir la boca muy tirante, seca y con pequeñas llagas que no cicatrizan del todo. Doy gracias a Dios cada noche al acostarme por el descanso reparador. Con el despertar, aflora de nuevo la realidad de la boca ya cosida muchas veces y con las molestias propias de tantas operaciones a lo que se añade, en alguna ocasión, la inseguridad.
Pienso que ya no habrá calma absoluta en esta zona del cuerpo, como tampoco podré comer como lo hacía antes de la aparición del cáncer. Ahora me está tocando vivir este momento y recuerdo el texto bíblico de alusión a la pasión:
Jesús regresó del Jordán lleno del Espíritu Santo. El Espíritu lo condujo al desierto, donde el diablo lo puso a prueba durante cuarenta días...Cuando terminó de poner a prueba a Jesús, el diablo se alejó de élhasta el momento oportuno ( ¿No está aludiendo aquí el evangelista al momento de su pasión?) ( Lc 4 1-2.13)
Mi enfermedad está siendo una prueba y un desierto. El cuidado y cariño de mi familia y la compañía de José por las noches, tras cada operación, han sido ángeles que me han confortado, como los ángeles de Dios lo hiceron con Jesús en sus cuarenta días en el desierto.
Tras la muerte de mi padre y mi enfermedad, he encontrado una familia, Siso y Hermi, que son para mí como lo fueron Marta, María y Lázaro para Jesús. También el apoyo y cariño de los compañeros sacerdotes, de amigos y amigas y de vosotros con quien comparto la vida humana y la fe. Dios me ha dado el don de sobrellevar con serenidad las consecuencias de esta enfermedad.
Pero si la enfermedad física me hace sentir muy limitado, hay momentos de soledad que a veces he pasado en mi vida por mi caracter, por mi timidez y desánimos que hacen que los pensamientos te taladren y te resten energías para ilusionarte y vivir con pasión; en mi caso, mi sacerdocio.
Desde la enfernedad los obispos han visto la necesidad de poner otros sacerotes en los Santos de Maimona para no dejaros a vosotros y a mí solos compartiedo la misión pastoral. Me he manifestado siempre disponible a acoger a los compañeros que ellos han enviado.
La enfermedad me ha restado mucho, pero no ha mermado mi pasión pastoral; a veces con sus altibajos, con sus sufrimientos y, por su puesto, con mucho gozo. Mi corona y mi gozo sois vosotros en palabras de San Pablo. Confieso que en esta etapa me estoy identificando de un modo especial con este aserto paulino, y lo revivo cada vez que me encuentro con vosotros, con todos.
Últimamente dedico más tiempo al acompañamiento de algunas personas pobres. Es un don de Dios y de un equipo de hermanos voluntarios de Cáritas, reinventándonos, tras no dar la bolsa de
alimentos a muchas familias que antes acudían y ya no vienen. En mi vida y tiempo ocupan un lugar preferido nuestros mayores en la residencia; solo y acompañados por el equipo de pastoral de la
salud y cuando los dos sacerdotes vamos a celebrar la Eucaristía; mis visitas a mujeres y hombres en el Hogar de mayores son también casi diarias.
El lenguaje de la cruz sigue siendo un escándalo. Pero es el único lenguaje que transforma la humanidad: el lenguaje del amor, del servicio, de una vida entregada a los demás ( lavarnos los pies unos a otros). Esto lo vivimos todos los días y no es noticia. Hay muchas personas que hacen de su dolor, de su cruz, de su enfermedad, un motivo de esperanza, de crecimiento en santidad.
Que importante ser conscientes del dolor y dejarnos afectar por él, hasta la emoción y el llanto, así la vemos en nuestro maestro de Nazaret:
Jesús de nuevo profundamente emocionado, se acercó más al sepulcro. Era una cueva, cuya entrada estaba tapada con una gran piedra. Jesús le ordenó: Rodad la piedra hacia un lado... Lázaro, sal fuera. El muerto salió del sepulcro. ( Jn 11 38 ss)
La muerte de cualquier ciudadano de los Santos de Maimona es un momento importante para nosotros, los sacerdotes, compartiendo el dolor de sus familias en el Tanatorio. También confortando el dolor de los enfermos en sus casas, junto a los voluntarios de la pastoral de la salud. Abrirse a la muerte, es tarea de vida, forma parte de nuestro ser humano, somos mortales, pero toca vivenciarla e integrarla, tarea costosa, como lo fué para Jesús:
Me encuentro profundamente abatido, pero, ¿qué es lo que puedo decir? ¿Padre, sálvame de lo que se me viene encima en esta hora? De ningún modo; porque he venido precisamenete para aceptar esta hora. Padre, glorifica tu nombre ( Jn 27, 27-28)
He pensado últimamente mucho en mi muerte con las sucesivas intervenciones de cáncer en la boca. Soy consciente de que tengo menos oportunidades si se vuelve a reproducir. Puede llegar en cualquier momento, la mía y la tuya. Bendita hora de la muerte, al menos permitidme deciros, para los que están cansados, han vivido muchos años, han pasado por enfermedades muy dolorosas. Descanso para ellos y para sus familiares.
Jesús experimentó el sufrimiento, la tristeza, la angustia, la soledad... Todos tenemos que afrontar la muerte cuando nos llegue, si nos avisa, porque a veces llega tan repentina que a los familiares le cuesta más tiempo asimilarla. Como cristianos tenemos que vivir la vida diaria con el gozo de que cuando muramos nos encontraremos cara a cara con el Dios de Jesucristo, el Dios de vivos en quien creemos.
Creo en la resurreccion de los muertos y en la vida eterna. Nacidos para una esperanza sin límites, más allá de la muerte y el dolor, cómo no abrir el corazón a esta buena noticia de salvación:
Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis: sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea, allí lo veréis. Eso es todo.
Ellas salieron a toda prisa del sepulcro y, con temor pero con mucha alegría, corrieron a llevar la noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, se echaron a sus pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis, id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán. ( Mt 28. 1-10)
¡Qué difícil hablar y entender el misterio de la resurrección de Jesús y la nuestra! ¡Mostremos que vivimos como resucitados con la alegría y sirviendo y amando a los demás.! Siempre que me enfrento a la lectura de la Resurrección de Jesús y a sus apariciones me asalta la dificultad y las preguntas que seguro también vosotros os hacéis.
-¿Pero cómo estuvo Jesús después de su Resurrección? - ¿Qué es eso de que atraviesa las puertas, come con los discípulos, lo tocan como Tomás....?
Es verdad que los Apóstoles vieron a Jesús haciendo milagros, dándole de nuevo la vida a personas que habían muerto, andar por las aguas sin hundirse. Pero, ¡comer después de resucitar!; ¡hablar con los discípulos de Emaús!.
– ¿Qué sintieron aquellos primeros cristianos?
-¿ Se inventaron la resurrección?
– ¿Cómo se fueron transformando sus vidas con su presencia
resucitada?
– Sabemos que son catequesis, que son elaboraciones de los evangelistas. Pero todos queremos entender: tocar para creer.
La verdadera paz que libera y alimenta la esperanza aún el mayor dolor:
La paz esté con vosotros. Después dijo a Tomás: Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métala en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.
Tomás contestó: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús les dijo. ¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto ( Jn 20.27-29)
No busquéis entre los muertos al que vive, ha resucitado, no está. Está Vivo.
Los once discípulos fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había citado. Al verlo, lo adoraron, ellos que habían dudado. Jesús se acercó y se dirigió a ellos con estas palabras:
Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Poneos, pues, en camino, haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
enseñándoles a poner por obra todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de este mundo. ( Mt 28. 16-20)
Galilea es nuestra vida diaria, la vida de las faenas de casa, de los encuentros diarios en las tiendas, en los bares, en los trabajos, en el centro de salud, en el campo de fútbol, en la casa de la cultura, en la calle, en el centro parroquial, en las sedes de las cofradías y en los ensayos de la banda de música, en el paseo y encuentro con la Virgen de la Estrella en su ermita, en la celebración de la eucaristía cada domingo..
Me siento, tras la última operación, más limitado en el hablar y con más molestias que antes. Charlar en espacios ruidosos se me hace difícil para mí y para los que conversan conmigo.
Me dicen que tengo mejor cara. La cara es el espejo del ama. Se te entiende mejor al hablar.
El libro del Éxodo dice: Cuando Moisés bajó de la montaña del Sinaí con las dos tablas del Testimonio en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, por haber hablado con el Señor ( Ex 34, 29)
Nos dice Lucas en el misterio de la Transfiguración: Mientras Jesús oraba, cambiaba su aspecto. El cambio de cara, el cambio interior nuestro que se muestra en nuestro cuerpo, en todo nuestro ser, se produce por nuestro encuentro con Dios.
También los compañeros del estudio del evangelio hablan de vida resucitada que ven en mí. Así lo expresan, con estas palabras:
Los que compartimos con él el estudio del evangelio nos estamos sintiendo interpelados por su fe y vivencia. Me recuerda a los que son Dichosos porque trabajan por la paz, buena forma de vivir y
enfrentarse a las contradicciones y dolores de su enfermedad. Me admira este corazón que no se acobarda ante la enfermedad y no tiembla ante la comunidad y sus problemas humanos y
pastorales. No lo hace desde su fuerza, sino desde la fe y el don de la gracia del Dios que le acompaña y siempre está con él.
Pero la resurrección la veo también en logros concretos que va habiendo en la comunidad, en la vida participativa de nuevas madres y algunos padres en catequesis, la alegría de los niños más pequeños, los adolescentes que llenan las eucaristías de los domingos, los jóvenes con el compromiso e ilusión con que transmiten y son testigos de Cristo Resucitado, en personas que no venían antes a la eucaristía dominical y ahora sí vienen, en pobres que se están haciendo cargo de sus vidas aún con grandes dificultades, en los grupos parroquiales, en el consejo pastoral, en la pasión y juventud de Don José María....
Cada uno es testigo de la resurrección en los demás y en sus propias vidas.
Permitidme recoger otras experiencias del Resucitado expresadas con la poesía de nuestro sacerdote diocesano Jubilado Don Antonio Bellido Almeida.
¿Dónde estás, Resucitado?
En la lluvia y en la flor,
en el gozo y en la pena
y en el beso del amor.
En la noche de la espera,
en el alba de la vida,
en la tarde despoblada,
en el niño enamorado,
en el hambre desgarrada
y en el pan para la mesa,
en el hombre que me busca
y en aquel que se me aleja,
en el canto y el hogar
y en el llanto de la guerra,
en el gozo compartido
y en la aislada amarga pena.
En el gozo de protesta,
en la cruz de cada día
y en la muerte que se acerca,
en la luz de la otra Orilla
y en mi Amor como respuesta
Que ¿dónde estoy me preguntas?
Estoy aquí con vosotros,
Desnúdate a la sorpresa,
abre los ojos y manos
hacia dentro y hacia fuera.
Yo, tu Dios, llamo a la puerta
Que ¿dónde estoy me preguntas?
Resucitado a tu vera.
Gritad conmigo: ¡Aleluya!
Ha merecido la pena
Jesús testigos, amigos,
de esta verdad verdadera
Resucitó del sepulcro
y el cielo se hizo tierra.
Qué ¿donde estoy me preguntas?
En tu vida es la respuesta
5.- Mi vivencia de la Semana Santa en los Santos de Maimona
Mi primer año me tocó vivir la Semana Santa de Los Santos de Maimona siendo Don Pedro Párroco y emérito Don Víctor....
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