Todos los santos, los bienaventurados
¡Cuánta pobreza encierran sus cuerpos y cuánta riqueza su corazón!
En nuestra archidiócesis de Mérida-Badajoz ha comenzado una Delegación Diocesana de Atención a las Personas con Capacidades Diversas; ellas están llamadas a ser protagonistas en medio de la comunidad cristiana y mostrarnos su bienaventuranza. Por esa razón le pido a Inés, que ha asumido la coordinación de este equipo y esa pastoral, que nos haga semblanza de las bienaventuranzas a la luz de su misión y experiencia. Comparto su reflexión:
TODOS LOS SANTOS (DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO)
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
–Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Mateo 5,1-12a
La lógica de Dios
En más de un comentario hemos aludido a la lógica de Dios que rompe los esquemas y nuestras lógicas cuantificadoras y eficaces. No podemos olvidar cuando, en el Éxodo, Yahvé da razón de por qué eligió a su pueblo: eras el más pequeño y débil de todos los pueblos. La mirada de Dios y el camino de la bienaventuranza tienen una racionalidad pasada por el corazón y la misericordia, como nos muestra Jesús. Hoy la Iglesia, como siempre, ha de convertirse a esa lógica.
Bienaventurados en esperanza (Inés, del instituto Hogar de Nazaret)
«Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario» (Laudato si’ 65).
En el Centro Nuestra Señora de la Luz, al igual que en otros centros, asociaciones y familias donde viven, conviven y sueñan chicos y chicas con diferentes capacidades, nos sentimos acompañados y compartimos en un clima sencillo, ayudándonos unos a otros con cariño, delicadeza y respeto hacia las diversas capacidades personales, a veces con muchas dificultades, pero con la seguridad de que Jesús nos dice: «¡No temas, porque eres precioso ante mí y yo te amo!».
Me imagino a Jesús «sentado» dirigiéndonos sus bienaventuranzas en este ambiente familiar, diciéndonos:
«Bienaventurados vosotros, los pobres de espíritu, personas con capacidades distintas, sencillas, confiadas, alegres, los que vivís las limitaciones, soledades, exclusiones…, y “confiados” os dejáis acompañar por quienes os ofrecen una sonrisa, un apoyo humano, un acompañamiento, “esperanzados” expresáis el abandono más radical en quienes os acompañan, y viceversa. Quienes los acompañamos vemos en ellos el rostro de Jesús, necesitados de nuestras manos, de nuestro cariño, de todo nuestro apoyo para vivir y sentir la dignidad de ser persona…
¡cuánta pobreza encierran sus cuerpos y cuánta riqueza su corazón!».
¡Gracias, Señor, por esta complementariedad que favorece desde la pobreza el tesoro más grande!… Dejarse hacer y ser; sus necesidades complementan con creces nuestras pobrezas, llegando a ser muy felices a su lado, ¡cuántos testimonios de familias, profesionales y voluntariado ante esta “verdad” de vivir con y junto a ellos el gozo, la paz y la alegría en el día a día!, ofreciendo la posibilidad de, junto a ellos, ¡vivir en la tierra el reino de los cielos!
En sus personas, día a día, constatamos cómo los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia «son bienaventurados»; la persona con una discapacidad goza de sus pequeños logros, ofrece un abrazo sincero, sus miradas profundas te envuelven en esa paz ceñida en ternura como fruto de la aceptación de una vida en las manos de Dios Padre-Madre, que nos ama con un amor infinito; aunque muchos no lo entiendan en esta sociedad que busca lo perfecto y evita el sufrimiento y el dolor… Quienes compartimos con personas de distintas capacidades somos conscientes de que el estar, el vivir junto a ellos, es un camino de encuentro con la verdadera felicidad reflejado en el gozo real de quienes los acompañan y comparten con ellos ¡vida!, siendo ámbitos para encontrar y escudriñar la santidad de vida en hechos concretos.
Trabajar y compartir vida en este mundo de la discapacidad te ensancha la mirada con esperanza por sus limitaciones, por sus necesidades, por su limpieza de corazón, por la necesidad de justicia en el reconocimiento de sus dones. ¿Qué falta hace, a nivel social, familiar, eclesial, político, cambiar la mirada hacia personas con distintas capacidades, ver lo que se esconde en cada criatura de Dios, amada y necesaria, ¡mirar como Jesús miraba!, oír lo que él nos dice en las bienaventuranzas y servir, ¡cuánto nos enseñan!
Muchas personas con discapacidad «sienten que existen sin pertenecer y sin participar». Hay todavía mucho «que les impide tener una ciudadanía plena». El objetivo no es solo cuidarlos, sino que «participen activamente en la comunidad civil y eclesial desde una inclusión activa y participativa. Es un camino exigente y también fatigoso que contribuirá cada vez más a la formación de conciencias capaces de reconocer a cada individuo como una persona única e irrepetible» (Fratelli tutti 98).
Lecciones de vida
En este contexto de la discapacidad, Jesús nos dice: «Bienaventurados los que trabajan y viven por y desde la paz, una paz interior adquirida con la aceptación de nuestros limitaciones y capacidades y limpieza de corazón reconociendo que la verdadera bendición reside en la capacidad de amar, respetar y acompañar a aquellos que viven con limitaciones físicas, mentales o sensoriales».
Sin ser maestros, todos los días nos dan una lección de vida: «Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».
- Bienaventurados los que ven el potencial de la persona con discapacidad, reconociendo sus habilidades y capacidades, alentando a desarrollarlas sin recordar continuamente sus límites
- Bienaventurados los que escuchan con atención y ofrecen su apoyo desde una escucha activa y disposición a ayudar para la inclusión y el bienestar emocional.
- Bienaventurados los que aceptan a la persona tal y como es, con sus fortalezas y sus desafíos para construir relaciones saludables y fomentar un sentido de pertenencia.
- Bienaventurados los que luchan por sus derechos y por una sociedad más justa e inclusiva, defendiendo sus derechos garantizando su plena participación en la sociedad.
- Bienaventurados los que les acompañan en su camino y les ofrecen su amistad, ejes y apoyos fundamentales para el bienestar emocional y la calidad de vida.
- Bienaventurados quienes los ven como personas, más allá de su discapacidad, reconociendo la individualidad y la dignidad de cada uno.
En sus rostros inquietos, escrutadores de cada situación, expectantes ante el día a día, minuto a minuto corroboramos cómo las bienaventuranzas que Jesús nos entrega como camino hacia la felicidad, cargaditos de gérmenes de esperanza, es una llamada a la acción para construir una sociedad más justa, equitativa, inclusiva para todos, y nos invita a «cambiar la mirada y transformar la visión de la discapacidad promoviendo un mundo donde todas las personas, todos, todos, todos, podamos vivir con dignidad y plenitud».
Acordes encarnados:
71. BIENAVENTURADOS EN ESPERANZA | A. Calvo & P. Monty
Bienaventurados en la Esperanza
Los que tienen discapacidad,
con su vida son lección,
con sus logros y sus luchas
nos regalan el corazón.
En sus manos caben milagros,
en su ternura, la verdad,
y en el silencio de su vida
descubrimos la eternidad.