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Venid y seguidme...al que llaman Pedro

Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC

Venid y seguidme…

La llamada a la conversión y al seguimiento es la fuerza movilizadora de la realidad eclesial en lo que tiene de apostólica y de misionera. Esa fuerza transformadora del Espíritu es la que continúa actuando en el corazón de la humanidad, personas de corazón abierto que se saben llamadas por su propio nombre, en su propia historia personal y muestran cómo Dios las va haciendo propiedad suya para que se puedan dar sin medida a los otros.

Papa-Leon-XIV | Roma

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO

7)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en las tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte una luz les brilló».

Entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo:

–Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Pasando Jesús junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

–Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca, a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Mateo 4,12-23 (o 4,12-1

Hace pocos días que León XIV asumió la cruz de la tarea de pastorear, desde el episcopado de Roma, la Iglesia universal. Nada mejor como hecho de vida iluminador de nuestro texto evangélico que escuchar sus primeras palabras en el ministerio petrino… sigue ocurriendo: «Al que llaman Pedro […] os haré pescadores de hombres».

¡La paz esté con ustedes! Una paz desarmada y desarmante

Queridos hermanos y hermanas:

¡La paz esté con ustedes! Este es el primer saludo del Cristo resucitado, el Buen Pastor que dio su vida por el rebaño de Dios. Yo también quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, alcanzara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que se encuentren, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes!

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente. Todavía conservamos en nuestros oídos esa voz débil pero siempre valiente del papa Francisco, que bendecía a Roma.

El papa que bendecía a Roma daba su bendición al mundo, al mundo entero, aquella mañana de Pascua. Permítanme continuar con esa misma bendición: Dios los quiere, Dios los ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá! Todos estamos en manos de Dios. Por tanto, sin miedo, unidos de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Ayúdennos también ustedes, y ayúdense unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz. ¡Gracias al papa Francisco!

Quiero dar las gracias también a todos los hermanos cardenales que me han elegido para ser sucesor de Pedro y caminar junto a ustedes, como Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, tratando siempre de trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros.

Soy hijo de san Agustín, agustiniano, que dijo: «Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo». En este sentido, todos podemos caminar juntos hacia la patria que Dios nos ha preparado…

«Pastorear y apacentar la Iglesia contigo, Buen Pastor»

Al pie del buen pastor | José Moreno

Comparto con vosotros como reflexión esta oración personal en mi ejercicio ministerial ya maduro al terminar un tiempo de silencio y contemplación del Buen Pastor:

Tu Espíritu me capacita para seguirte, Jesús, y me muestra que he de amarte como tú has amado al Padre, en la disponibilidad de la propia vida para pastorear la grey, tu pueblo. Como Pedro, en el diálogo de amor apostólico, me invitas a apacentar y pastorear tus ovejas sin condiciones personales previas, dejándome hacer a favor del rebaño y dando la vida. Y me invitas tú, que eres el verdadero y único Pastor.

Hoy de nuevo me propones tu ministerio de entrega por la comunidad para conducir al pueblo hacia la vida sin ocaso, haciendo de él en el camino sacramento de salvación para el mundo. Quieres que tu Reino sea de todos y para todos y quieres contar conmigo.

Yo sé que tú, Cristo resucitado, eres el único Pastor bueno de la humanidad, mi único referente de vida en el ministerio, y me invitas a colaborar contigo, quieres que haga el camino de los siervos de Dios, de los que son capaces de sufrir para amar, para hacer el bien a los otros, sin olvidar nunca que tú eres el Cordero degollado que has adquirido un reino de sacerdotes, de siervos de Dios, entre los que quieres contarme.

Deseo permanecer en tu seguimiento, renovarme en mi camino tras ti como discípulo querido, elegido y enviado. Quiero andar por las sendas por las que tú das pastores a la Iglesia según tu corazón. Quiero ser como ese perrillo fiel y fino que conoce la mirada del pastor, su lenguaje, sus pisadas y que se acomoda a sus deseos de cuidado sobre las ovejas.

En mi oración sueño con ser siervo de Dios como tú y no arrogarme nunca la autoridad que te concede a ti haber dado tu vida en radicalidad por toda la humanidad, para salvarnos de nuestros pecados. Que siempre confíe en ti y nunca me canse de pedirte el verdadero Espíritu, el que tú das a los tuyos para que amen siempre y permanezcan en ti.

Ojalá mi discipulado pase por el tinte fiel del «hágase» de tu Palabra en mí y ahí fundamente todo mi ser y hacer, que con tu palabra construyamos y conformemos la comunidad y mi propia vida personal dentro de ella. Hazme hombre de tu Palabra, que ella me posea y me configure en tu llamada y tu gracia como buen pan para tu pueblo. Que el trabajo con tu Evangelio me descubra tu paternidad y maternidad en la gestación de Cristo en la comunidad por la acción del Espíritu.

Aléjame de la tentación de llevar mi propia palabra, de imponer o dominar; que yo sea verdaderamente siervo tuyo, Verbo encarnado, que sirva a la liberación y tu Palabra llegue a ser auxilio universal de toda la humanidad.

Necesito, así te lo pido, que llegue a apasionarme hasta el sufrimiento y el llanto en el amor y la gestación de la comunidad, en el deseo profundo de que tú vivas en el interior de cada hermano y puedan sentir la fuerza vivificadora de tu sangre y de tu pan partido que nos reúne en el verdadero altar de lo más humano y lo diario, donde tú te haces presente resucitado. Necesito seguir escuchando y sintiendo tu llamada amorosa: «Sígueme». La necesito y la quiero.

Acordes encarnados:

13. UNA PAZ DESARMADA | A. Calvo & P. Monty

Una paz desarmada

¡Oh paz del Resucitado, tan humilde y tan fiel!

Que no entra en batalla, pero rompe el laurel.

Que vence en la entrega, que gana en perder,

que vive en los otros, que elige creer.

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